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El Imparcial / Mexicali / Sismo 4 de abril

Busca volver a la vida Ejido Zakamoto

El poblado fue obligado a abandonar sus tierras tras el sismo de 7.2 grados registrado en 2010, dejando historias que solo viven en la memoria de sus habitantes.

Busca volver a la vida Ejido Zakamoto

Mexicali,B.C.- A 16 años del terremoto del 4 de abril de 2010, que sacudió a Mexicali con una magnitud de 7.2 y dejó dos personas fallecidas y más de 300 lesionados, el ejido Zakamoto permanece como una herida abierta, pero también como un lugar donde comienza a renacer la esperanza.

El desastre no solo fracturó calles y viviendas, también desdibujó por completo a una comunidad entera que tenía décadas habitando a las afueras de la capital del estado.

Autoridades reportaron pérdida total en el poblado, obligando a evacuar a sus habitantes, quienes pasaron días e incluso meses sobreviviendo en condiciones improvisadas, algunos de ellos refugiados en el cerro cercano.

En un recorrido realizado por LA CRÓNICA, se observó que actualmente, entre terrenos hundidos, lotes vacíos y recuerdos que aún pesan, antiguos pobladores regresan poco a poco, no para habitar plenamente, sino para comenzar a reconstruir.

Said Morones/Javier Gallegos

EL DÍA QUE EL SUELO SE ROMPIÓ BAJO SUS PIES

“Todos los lotes tenían casas, hasta dos o tres por terreno. Era un pueblo lleno de familias”, recordó Francisco Sandoval, ejidatario de 73 años, quien ha pasado prácticamente toda su vida en la zona.

El día del sismo, él no estaba ahí. Se encontraba en Mexicali, acompañando a su madre en el hospital. La noticia le pareció irreal cuando miró la destrucción en su hogar.

“Pensé que eran mentiras, pero cuando regresamos estaban quebrados los canales, casas destruidas, las carreteras… todo”, relató.

Quienes sí vivieron el momento describen escenas que parecen sacadas de otra realidad: el suelo abriéndose, el agua brotando como géiseres y el poblado completamente inundado.

“Se llenó todo de agua, la gente salía asustada. Parecía que la tierra se estaba levantando”, contó Sandoval.

Said Morones/Javier Gallegos

UN INSTANTE QUE LO CAMBIÓ TODO

Jesús Valadez Quezada, otro de los afectados, recuerda con crudeza aquel instante, donde se encontraba trabajando cuando comenzó el movimiento.

“Me bajé del carro y me tiré al piso… dije ‘de aquí no salgo’. Cuando llegué a mi hogar, todo estaba lleno de agua, los campos, el campo de fútbol, era irreal”, explicó.

Valadez Quesada, originario del ejido Cucapah Mestizo, contó que era imposible entrar a su casa, ya que la inundación de su casa alcanzaba el agua arriba de sus rodillas donde solo pudieron rescatar ropa y documentos personales.

Tiempo después, al regresar a su hogar, la escena fue devastadora: no encontraron absolutamente nada que pudiera rescatarse, pues todo había sido robado.

Durante semanas, su familia, como muchas otras, sobrevivió en condiciones precarias.

“Duramos dos meses viviendo en el cerro, en una carpa ahí, al aire libre”, recordó el señor Valadez.

Said Morones/Javier Gallegos

UN NUEVO COMIENZO

Con el paso de los meses, las autoridades reubicaron a cientos de familias en el fraccionamiento Renacimiento del Valle, donde hoy aún conservan la memoria del desastre, incluso en nombres como la avenida De los Sismos.

Sin embargo, el arraigo por su tierra nunca desapareció, y en los últimos tres años, antiguos habitantes han comenzado a regresar, limpiando terrenos, plantando árboles y rehabilitando poco a poco lo que quedó.

“Antes estaba todo enmontado, abandonado. Ahora ya la gente está limpiando sus lotes, sembrando otra vez”, explicó Francisco Sandoval.

Aunque el sismo dejó marcas visibles, como hundimientos de tierra y deformaciones, las parcelas no perdieron su fertilidad, lo que ha permitido retomar la actividad agrícola.

Aun así, el regreso no es sencillo, muchos de los antiguos pobladores hicieron su vida en otros lugares, incluso fuera del país, otros vendieron sus terrenos o simplemente no quisieron volver.

Pero hay quienes se resisten a dejar morir el lugar que los vio crecer y cada octubre, familias se reúnen en lo que queda del poblado para recordar lo que fue Zakamoto y lo que podría volver a ser.

“Yo vengo cada semana a regar los arbolitos, a pasar el rato. Aquí seguimos”, contó Sandoval con cierta melancolía.

Said Morones/Javier Gallegos

SEMBRANDO VIDA SOBRE LA MEMORIA

En la actualidad el ejido ya cuenta nuevamente con canales de riego y algunos terrenos han sido recuperados e incluso nuevas personas han comenzado a adquirir predios, levantando poco a poco nuevas construcciones.

El futuro del poblado aún es incierto, pero entre el silencio de sus calles vacías y la memoria de quienes no se han ido del todo, Zakamoto comienza, lentamente, a reconstruirse.

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