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¿Un INE ciego, sordo y mudo?

Durante muchos años los mexicanos luchamos para tener elecciones libres, transparentes, organizadas por una institución independiente del gobierno.

Anita B.  de Ochoa

Durante muchos años los mexicanos luchamos para tener elecciones libres, transparentes, organizadas por una institución independiente del gobierno. Nos costó mucho esfuerzo, movilizaciones y e infinidad de luchas ciudadanas, construir lo que hoy conocemos como el INE. Por eso resulta tan preocupante lo que estamos viviendo: La sorpresiva renuncia de Guadalupe Taddei a la presidencia del INE, después de revelaciones sobre presuntas irregularidades en contratos, corrupción, enriquecimiento ilícito y posibles conflictos de interés, ponen en entredicho la confianza en una Institución fundamental para nuestra Democracia. ¿Cómo llegamos hasta aquí?

Taddei asumió la presidencia del INE en 2023, en medio de cuestionamientos sobre su cercanía política con Morena. Posteriormente se le dio todo el poder para realizar nombramientos dentro del instituto y cualquier decisión, al margen de los desacuerdos entre los propios consejeros. Hoy, ante las investigaciones anunciadas por la Auditoría Superior de la Federación, resulta necesario conocer qué ocurrió con los recursos públicos, quién autorizó los contratos y si existen responsabilidades. Porque renunciar no significa que las preguntas desaparezcan, mucho menos las consecuencias.

Tampoco podemos olvidar otras controversias que han rodeado al INE durante los últimos años: Las ilegales precampañas anticipadas, las denuncias de intervención del crimen organizado en procesos electorales, la sobrerrepresentación legislativa y las irregularidades señaladas durante la elección judicial, incluyendo los famosos acordeones. Son asuntos diferentes con resoluciones distintas, pero que merecen una explicación clara ante los mexicanos.

¿Estamos seguros de que las autoridades electorales cuentan con la independencia y la fortaleza necesarias para enfrentar las presiones del poder? Porque un árbitro electoral no puede darse el lujo de parecer cercano a un partido y distante de los demás. Tiene que ser imparcial y también parecerlo.

Ahora que Taddei ha dejado el cargo, tenemos una oportunidad que no debemos desperdiciar. Primero, necesitamos una presidencia verdaderamente independiente, con experiencia, capacidad y compromiso democrático, sin importar quien gobierne. Segundo, una revisión transparente de los contratos, nombramientos y recursos del Instituto; si hubo irregularidades deberán investigarse y sancionarse conforme a la ley. Y tercero, recuperar la fortaleza de un Consejo General donde todos los consejeros puedan ejercer sus responsabilidades sin subordinación ni presiones políticas.

Porque el INE no pertenece a Morena, al PAN o al PRI ni a ningún partido. Pertenece a los mexicanos. Y recordemos algo que no debemos olvidar: La Democracia NO consiste solo en depositar una boleta en una urna, sino en tener la certeza que cada voto sea respetado, que las reglas sean iguales para todos y que ninguna autoridad utilizará su poder para favorecer a los suyos.

Taddei renuncio. Pero su renuncia no resuelve por sí sola una crisis de confianza, sobre todo por la corrupción interna descubierta. Se requieren explicaciones, transparencia y decisiones que demuestren que el INE no está ciego, sordo, mudo, ni aliado a los intereses políticos. Si no hay confianza en el árbitro, tampoco lo habrá en los resultados. Y una Democracia sin confianza, comienza a perder aquello que le da sentido: La voluntad libre de sus ciudadanos.

¡Mujer mexicana forja tu Patria!

*- La autora es consejera familiar.

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