Las leyendas literarias de la Chinesca
La Chinesca, el barrio chino de Mexicali, debe ser ya considerado una presencia relevante en la literatura.

La Chinesca, el barrio chino de Mexicali, debe ser ya considerado una presencia relevante en la literatura, un escenario que ha atraído a narradores de diversas procedencias y estilos, desde José Revueltas hasta Paco Ignacio Taibo II: el primero ubica en la Chinesca su cuento “Resurrección sin vida” (1965) y el segundo con su novela policiaca Sueños de frontera (1990). Pero la Chinesca, como el centro de la vida nocturna y licenciosa del Mexicali de la época de la ley seca, también ha influido en la descripción de escenas y personajes de la novela Bordertown (1934) del escritor estadounidense Carroll Graham, que cuenta la vida azarosa de los dueños de casinos en el Mexicali de los años veinte del siglo XX, cuando “andar por sus calles a medianoche era como pasear a pleno mediodía” por lo repletas que estaban de visitantes locales y extranjeros. Pero son dos novelas publicadas con 62 años de distancia entre sí las que mejor se han acercado al espíritu chino mexicalense, a su filosofía de vivir la vida como negocio ilusorio, como contrabando de portentos y maravillas por descubrir: The Yogi of Cockroach Court (1947) del escritor estadounidense Frank Waters y Ojos de lagarto (2009) del escritor mexicano Bernardo Fernández. En la primera novela, definida por una trama romántica entre mexicanos, chinos y estadounidenses en la frontera, resulta que uno de los personajes principales es Tai Ling, un comerciante chino que se dedica a la meditación para escapar de las sórdidas realidades de ser uno de los jefes del contrabando de opio en Mexicali, un hombre que ha sido testigo de Cómo “las vastas extensiones del desierto han sido reclamadas por los nacientes campos de cultivo algodonero”, que ha visto a “los chinos ser la principal mano de obra que el gobierno mexicano ha aceptado en estas lejanías para que, con su inquebrantable laboriosidad, hayan limpiado de cactus y mezquites la nueva tierra y hayan fundado un barrio chino”, donde pueden mantener sus costumbres, hábitos y tradiciones milenarias. Tai Ling, ni con sus sueños de opio, logra evitar que la policía mexicana en su afán de capturarlo en su guarida de la Chinesca acabe incendiando todo el barrio chino de Mexicali.
Y algo parecido sucede con el protagonista de la novela Ojos de lagarto de Bernardo Fernández, Pi Ying, el jefe de la mafia china en Mexicali. Su autor sitúa la acción alrededor del incendio de la Chinesca de 1923. Sólo que en esta obra estamos ante una narrativa de aventuras fantásticas, de cazadores del dinosaurio perdido y con un dragón chino oculto en lo más profundo de los subterráneos de la Chinesca. Aquí Mexicali aparece como una ciudad de leyenda: “Nunca nadie supo bien por qué el primer poblador decidiera quedarse a vivir justamente ahí, en medio del calor infernal, entre los pastizales y prados de cachanilla. Un día apareció una casita. Luego otra. Antes de que nadie reparara en ello, había una ciudad. Para ese momento, sin que nadie supiera muy bien la razón, ese punto diminuto perdido en medio del desierto ya se llamaba Mexicali”
Y dentro de Mexicali surge otra ciudad, una urbe subterránea oriental cubierta de velos de misterio y humo espeso de pipas, como lo dice uno de sus habitantes: “Nos escondíamos en la Chinesca para eludir a las autoridades migratorias. Nos ocultábamos ahí del calor y de los maltratos de los rancheros algodoneros. Nos contábamos historias de la vieja China mientras bebíamos té y nos abanicábamos las moscas. Dormíamos en los galerones acurrucando nuestras penas unos junto a otros. La Chinesca era nuestra ciudad. Un pedacito de China lejos de China”. The Yogi of Cockroach Court y Ojos de lagarto son dos novelas que se ocupan de la Chinesca de los años del jazz y el foxtrot, y en ambas el espectacular incendio que consumió casi completamente este barrio chino en 1923, toma dimensiones legendarias.
Pero Frank Waters y Bernardo Fernández no son los únicos en levantar Leyendas literarias de nuestro barrio chino. Allí están los relatos y novelas de Édgar Gómez Castellanos y José Salvador Ruiz, ambos autores mexicalenses. En todo caso, la Chinesca da para eso y más, pues este lugar histórico es ya un tema literario de prestigio, un soplo de fuego prodigioso para la imaginación de sus asombrados lectores. Porque aquí hay más que negocios y esculturas monumentales, más que comida y cocineros chinos: hay magia. De la buena. De la inmortal.
*- El autor es escritor, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.
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