Aquel anuncio decía Atracciones Tijuana
El primer juego mecánico que tuvo José Ortiz López fueron unos avioncitos viejos que le regalaron en Ensenada.

El primer juego mecánico que tuvo José Ortiz López fueron unos avioncitos viejos que le regalaron en Ensenada. Estaban abandonados. Él los reparó y con ellos empezó su propio negocio. Los niños se subían y los avioncitos daban vueltas, a “puro empujón”, como él lo recuerda entre risas.
Quizá el nombre de José Ortiz López no les diga mucho. Pero Atracciones Tijuana es otra historia. Ese nombre seguramente aparece, aunque sea de pasada, en la memoria colectiva de muchos cachanillas: en un lote convertido en parque de diversiones, en una celebración del barrio y, por supuesto, en las Fiestas del Sol.
No hacía falta saber quién estaba detrás de los juegos. Bastaba leer “Atracciones Tijuana” en un anuncio para saber que ahí habría rueda de la fortuna, carros chocones, Ratón Loco, Remolino Chino y un sinfín de atracciones que nos hacían soñar de niños. Para mí, la mejor era La Nave de Julio Verne. Entraba en aquel cono que se movía y, frente a una pantalla veía la luna y las estrellas. Dentro de mí, aquello resumía el universo entero.
Por eso, cuando escuché ese nombre durante un evento del Ayuntamiento que reconocía la trayectoria de comerciantes con décadas de participación en las Fiestas del Sol, los recuerdos de mi infancia regresaron de golpe.
Quise conocer al hombre detrás de aquellos días donde la adrenalina, el traqueteo de los juegos, mis pies colgando en el vacío, el tintin de las máquinas y ese run run de la feria poblaban mi niñez.
Y ahí estaba don José, con casi 93 años a cuestas, sonriente, impecable, con camisa azul cielo y sombrero beige. Me acerqué y comenzamos a platicar de sus recuerdos, los pocos que alcancé a capturar. Me dijo que Atracciones Tijuana empezó “en cero” y que ya suma más de 60 años de historia, desde aquellos primeros días en que el negocio echó raíces en los poblados del Valle.
Me contó que llegó a Mexicali desde Tamaulipas en 1954. Su relación con los juegos mecánicos comenzó a través de la familia de su esposa, Lucina Banda, quien en paz descanse. Sus tíos se dedicaban al negocio y él comenzó a trabajar con ellos, entre remolinos y caballitos. Ahí aprendió el oficio y, con el tiempo, decidió emprender por su cuenta.
Don José recuerda aquellos primeros años en los poblados del Valle de Mexicali y las antiguas despepitadoras de algodón, cuando el algodón quedaba tirado en las calles y había quienes se ganaban la vida recogiéndolo. Fue en ese paisaje donde participó en una de las primeras ferias de la zona.
Mexicali se convirtió en la base de Atracciones Tijuana. Después llegaron otras ciudades: Tijuana, Ensenada y San Luis Río Colorado. La familia vive en Tijuana, pero la historia del negocio comenzó aquí.
El nombre también guarda una historia personal. Fue en Tijuana donde conoció a Lucina, su gran amor. Su familia y aquellos juegos fueron la puerta de entrada a un oficio que terminó acompañándolo toda su vida.
“Nosotros iniciamos las Fiestas del Sol”, me dijo sonriente. Yo solo pude darle las gracias. Por las vueltas locas, las luces titilantes y tantos recuerdos. Quedamos en hablar otra vez, si el tiempo y Dios nos lo permite.
*- La autora es periodista inmigrante.
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