La defensa silenciosa que sostiene las fábricas de México
“La libertad de comercio no es un don, sino una conquista que debe defenderse cada día.” Frédéric Bastiat
La pregunta que debe hacerse cualquier organización empresarial seria no es si habrá fricciones, sino si existe una arquitectura de defensa capaz de anticiparlas. Eso implica algo más que reaccionar cuando llega una controversia comercial: implica construir, con método, una representación técnica, política y binacional que sepa exactamente qué defender, ante quién, y con qué herramientas.
El “qué” es claro: las ventajas competitivas que el modelo IMMEX ha construido durante décadas —diferimiento arancelario, integración de cadenas de suministro trilaterales, certidumbre operativa para el capital extranjero— no son privilegios regalados, son resultado de negociación y deben defenderse con el mismo rigor con que se obtuvieron.
El “ante quién” exige pensar en al menos tres frentes simultáneos. En Washington, donde las decisiones sobre Sección 232 y la revisión del tratado se cocinan entre el Departamento de Comercio, el USTR y un Congreso cada vez más proteccionista. En Ottawa, socio frecuentemente olvidado en el debate bilateral México-Estados Unidos, pero con intereses propios en reglas de origen automotrices y disciplinas laborales que pueden alinearse o chocar con los de México. Y en México, donde el cabildeo interno debe garantizar que la posición negociadora del gobierno federal incorpore, con datos y no solo con buena voluntad, la realidad operativa de la industria exportadora.
El “cómo” es donde se juega la efectividad real: posicionamientos técnicos que resistan escrutinio en inglés y en español; cabildeo profesional y sostenido, ; capacidad de intervenir en mecanismos laborales de solución de controversias antes de que se conviertan en sanciones; y cumplimiento aduanero robusto que quite argumentos a quienes buscan pretextos para restringir el comercio.
Ninguno de estos frentes funciona de manera aislada. Una reforma laboral mal defendida en el frente sindical puede detonar un panel bajo el mecanismo de respuesta rápida; una regla de origen mal negociada en el frente técnico puede volver no competitivo a un sector entero.
La defensa del interés IMMEX solo funciona como sistema integrado.
Index tiene ante sí una tarea que trasciende el cabildeo tradicional: construirla infraestructura institucional que permita a la industria de exportación hablar con una sola voz, técnicamente sólida, entres capitales a la vez.
En un entorno donde el proteccionismo ya no es excepción si no tendencia, esa capacidad de defensa organizada dejará de ser una opción estratégica para convertirse en condición de supervivencia industrial.
*- El autor es Presidente de Index Mexicali.
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