El proceso de la elección interna de los próximos candidatos a gobernadores de la República Mexicana por Morena, está llegando a su fin.
En la Baja California, por lo menos, Julieta Ramírez ya es la Coordinadora Estatal de la Defensa de la Cuarta Transformación y la Soberanía Nacional en nuestro estado.
Va en una coalición de dos partidos, Morena y el Verde Ecologista, que unieron sus fuerzas para impulsarla. Según lo que se conoce por los medios, fue el resultado de una encuesta telefónica, misma que no se ha hecho pública, lo que definió su próxima candidatura.
Sin embargo, la percepción de la gente es que comienza violentando la legalidad, pues estuvo desde meses atrás, entregando folletos y otros artículos propagandísticos en tiempos que no estaban permitidos hacerlo.
Por lo que, si somos justos, ella no debería estar siendo electa para dicha posición, si comienza siendo irrespetuosa de la legalidad. Poco se puede esperar de alguien que comienza un proyecto gubernamental de alta envergadura, violentando las leyes que le dan orden y control al proceso electoral.La percepción de los ciudadanos es la de que esta definición no se dio de manera democrática, sino que fue una imposición desde los más altos niveles del país.
Se dice de ella que fue militante y funcionaria panista, que después renuncia y se integra a Morena, por lo que su candidatura tiene el tufo de los acuerdos de alto nivel, que determinan la existencia de pactos en lo oscurito. También merodea en la atmósfera bajacaliforniana, la idea de que pudieran existir vínculos con el crimen organizado, pues fue secretaria de Marina del Pilar Ávila Olmeda, quien no ha logrado aclarar la serie de cuestionamientos sobre ella.
Si durante el proceso de selección interna se dieron una serie de cuestionamientos inquietantes sobre la honestidad de Julieta Ramírez, éstos no lograron ser eliminados y las dudas persisten entre los bajacalifornianos. La versión de que está en tratos con autoridades judiciales de los Estados Unidos, como testigo colaborador proporcionando información, lo que no ha podido eliminar, la persigue implacablemente y la está definiendo negativamente.
Lo que si es real, es que la definición que da Morena sobre Julieta Ramírez no es una decisión de unidad. Los precandidatos perdedores están levantando polvaredas que pueden llegar a ensombrecer la atmósfera interna de este partido, y provocar escisiones que, aunque leves, lo hagan trastabillar. Ya se han visto actitudes negativas entre quienes perdieron, que indican que no hay un borrón y cuenta nueva, sino el inicio de acciones de enfrentamiento.
Por ejemplo, al momento de que Julieta inicia el agradecimiento por su elección, ni ella ni Evangelina Moreno se dan la mano. Esa es una señal vigorosa que muestra la inconformidad de una y el menosprecio de la otra.No obstante, Morena no tiene nada por que preocuparse. Es el partido que tiene todas las posibilidades de ganar y lo hará por carro completo.
El PAN y el PRI no deberían ni siquiera participar en la contienda, si lo hacen solos. En coalición podrían obtener algunos votos que les permitan conservar el registro. Sin embargo, ambos tienen el camino hecho para que en el mediano plazo lo pierdan. Para sus malas fortunas, desde el ramalazo que les propinó López Obrador, no han podido levantarse y menos con la actitud oportunista de sus exmiembros, que en franca desbandada prefirieron afiliarse con sus antes odiados enemigos de la izquierda.
Mientras tanto, Julieta llega no al cien por ciento como candidata, pero con el respaldo del partido ganador, de la dirigencia de este y con el total apoyo de la Presidenta de la República. De esta manera, puede con tranquilidad tropezarse y tener la seguridad de que alguien la levantará de su infortunio. Vale.
*- El autor es licenciado en Economía con Maestría en Asuntos Internacionales por la UABC.
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