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Carlo de Fornaro: el México del porfiriato

En la historia oficial de la Revolución Mexicana, se asegura que el libro Barbarous Mexico.

Gabriel  Trujillo

En la historia oficial de la Revolución Mexicana, se asegura que el libro Barbarous Mexico (Charles H. Kerr and Company, 1910, en español conocido como México bárbaro), del periodista estadounidense John Kenneth Turner, fue el detonador que cambió la percepción mundial sobre el régimen del general Porfirio Díaz al mostrar el sistema de esclavitud imperante en aquellos tiempos. Y esto es cierto, pero sólo a medias. Hoy sabemos que hubo un libro anterior que abrió camino en destapar la situación real que se vivía en México, el que deshizo la propaganda de la dictadura porfirista a ojos de propios y extraños. Ese libro denunciatorio de las prácticas criminales y abusivas de tamaña tiranía south of the border no fue otro que uno autopublicado por su propio autor, el periodista Carlo de Fornaro, en inglés tanto como en español. En inglés se denominó Diaz Czar of México: an arraignment; withan open letter to Theodore Roosevelt y en español fue conocido como México tal cual es. Ambos se publicaron en 1909 y tuvieron tanta repercusión como el libro de Francisco I. Madero, La sucesión presidencial de 1910, publicado en diciembre de 1908.

Carlo de Fornaro provenía de una familia suiza-italiana. Pero no había nacido en Italia sino en Calcuta, India, en 1871, falleciendo en 1949. Hizo estudios de artes y arquitectura en Europa y luego se trasladó a los Estados Unidos como periodista y caricaturista, entrando con el pie derecho al gremio periodístico de Chicago primero y después al de la ciudad de Nueva York, donde fue miembro del Club Nacional de Artes de esa metrópoli y fue asiduo colaborador de periódicos, como el Herald y el New York World, con sus artículos y dibujos satíricos. Tanto en sus textos como en sus caricaturas se mostraba inquisitivo, punzante y crítico.

En 1906 se trasladó a México como agente publicitario de diversas compañías y en la capital del país fundó, junto con Juan Sánchez Ascona, el periódico El Diario, del que fue editor y director artístico.

Su trabajo en El Diario le permitió conocer a fondo las aguas profundas de la dictadura porfirista, de tal forma que muchos escándalos por asesinatos, abusos de poder, masacres e impunidades que le tocó cubrir y reportar terminaron siendo la columna vertebral de su libro de 1909, donde se presumía que se presentaba a nuestro país tal como era en realidad y no como los corifeos de la tiranía acostumbraban difundir tanto al interior de México como en el extranjero: un régimen progresista conducido por un benévolo líder que sólo buscaba modernizar a los mexicanos, situarlos en el siglo XX que apenas comenzaba. De Fornaro no creyó esos embustes favorables a la dictadura y consignó los principales desgarriates autoritarios que le tocó informar a sus lectores desde la perspectiva de un diario independiente, desde la labor de un periodismo que no se callaba la boca. En los años (1906-1908) en que residió en México, don Carlo cubrió los principales acontecimientos de las postrimerías del gobierno perpetuo del general Díaz, incluyendo casos de espionaje a disidentes políticos, ley fuga, secuestro de personas por caprichos de funcionarios públicos, asesinatos políticos, escándalos financieros, masacres contra el pueblo llano, ajustes de cuentas desde el podery montajes delictivos para desinformar a la opinión pública provenientes del círculo más cercano al general Porfirio Díaz.

Entre los asuntos más candentes que nuestro periodista reveló estaba la malograda confabulación para matar al propio dictador, llevada a cabo por los propios allegados al tirano, y la masacre perpetrada contra los huelguistas de la fábrica de Río Blanco, en Orizaba, Veracruz, donde sentenció que, aunque no estaba a favor de actos violentos, entendía los asaltos a las tiendas de comestibles por parte de los obreros por la desesperada situación en que estos y sus familias se encontraban, a la vez que admitía, a la luz de la masacre perpetrada por los soldados del régimen contra la población civil, que dejó cerca de 700 muertos: “La noche de ese día horripilante, fueron recogidos los cadáveres de los asesinados, hacinándolos en furgones de ferrocarril, y llevados a Veracruz…En Veracruz fueron lanzadosal mar los cadáveres, para que sirviesen de pasto a los tiburones, que tanto abundan en la bahía”. Al final, sólo le quedaba hacer ver lo evidente: que aquella orgía de sangre proveníade “la libidinosa rabia de un déspota impotente, cobarde, viejo y sádico”. Tal fue la valentía periodística de Carlos de Fornaro, periodista.

*- El autor es escritor, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

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