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Call Me Border: un libro sobre frontera e identidad

¿Cuál es el hechizo de las fronteras? Que ellas no son un país de fábula ni un mundo resplandeciente al final del arco iris.

Gabriel  Trujillo

¿Cuál es el hechizo de las fronteras? Que ellas no son un país de fábula ni un mundo resplandeciente al final del arco iris. A lo más, la frontera es una comarca donde la gente va de prisa, buscando dejarla atrás lo más pronto posible. Un obstáculo para llegar a la meta deseada. Por eso muchos de los que la atraviesan parecen haber sido descritos por el poeta italiano Césare Pavese: son “grandes sombras a tientas. Tienen rostros surcados/y dolientes ojeras,/mas nadie se queja”, pues son gente convencida de que algo bueno los espera allá a lo lejos, que una nueva vida los aguarda si olvidan quiénes han sido, si saltan con la vista al frente: fija en el porvenir y sus riquezas. Sólo son un trampolín al paraíso. Un escalón –quizá el último- antes de abrir la gran puerta del mundo y entrar a un horizonte más ancho que el suyo, a una existencia próspera y sonriente. Pocos saben que la frontera es algo más que un obstáculo: es una prueba de fuego, un laberinto con muchas entradas y pocas salidas. Su hechizo no tiene que ver con la magia sino con la desesperación, con el anhelo de ser libres. Con esas dolientes ojeras que mencionaba Pavese y con esos rostros de piedra frente a la tolvanera de un tiempo aciago, de una tormenta que nunca acaba. El símbolo de la frontera, por más que así aparezca en las noticias, no es una alambrada o un muro infranqueable. La frontera es una escalera, un puente levadizo, una apuesta por el futuro.

Call Me Border es mi libro más reciente. Lo publica la editorial de la Universidad Estatal de San Diego con el apoyo editorial de Harry Polkinhorn y Guillermo Nericcio. Es un compendio en inglés de muchos textos que le he dedicado a la frontera: ensayos, semblanzas, memorias, poemas, aforismos y crónicas, pero todos revueltos, platicando a la vez, haciendo barullo. Según la contraportada, es un libro mal portado: “No pide permiso para sentarse en la ficción ni se acomoda en la memoria. Y ni de chiste viene a explicarte la frontera. Lo que sí hace—con descaro y sin filtro—es reventar la división México/EE.UU. como una fruta dejada demasiado tiempo al sol: madura, chorreando, viva entre lo dulce y lo podrido. Estos fragmentos, despachos y cuentos-fantasma disfrazados de prosa brotan de la mente de Gabriel Trujillo Muñoz —novelista, ensayista y susurrador de fronteras. Escribe como sueña la línea: inquieta, bilingüe, sensual, agrietada por la violencia, y atravesada por la gracia. El libro salta de época y tono sin pedir permiso. En una página estás en una cantina de Mexicali, en la siguiente en el asiento trasero de una patrulla fronteriza, o flotando dentro de un recuerdo que parece robado. Olvida lo que creías saber sobre las fronteras. Olvida las “narrativas migratorias”. Call Me Border es un enigma, un collage…El pulso de la frontera misma”.

En la misma contraportada, el crítico cultural mexicano Naief Yehya asegura que su autor es “es cartógrafo literario de los bordes norteños—poeta, novelista, ensayista y excavador cultural que desarma los mitos sobre la periferia mexicana para reescribirlos con fiebre, fineza y fuego filosófico” Y William Memo Nericcio, el crítico cultural chicano-estadounidense, afirma que “Trujillo ha escrito con una mirada que corta en dos direcciones: hacia afuera, al horizonte ardiente de las ciudades fronterizas; y hacia adentro, al caos donde memoria y mito se entrelazan. Su verso no es para los débiles—late con urgencia, intimidad, y ese zumbido quedo bajo la mortandad humana.”

Call Me Border es un tratado sobre la frontera, una autobiografía en proceso de cruzar hacia otras realidades, una celebración comunitaria desde los ojos de un niño que todo lo quiere saber, un diccionario de sucesos, personajes y lugares que hacen de lafrontera un mito por gozar, una leyenda por reciclar. Puntos nodales de mi vida, de mi paso por el mundo. Y además, cuenta con un dossier de imágenes donde aparecen fantasmas de antaño y figuras actuales: el revoltijo de la memoria que conjura tiempos y espacios en el límite entre dos países, entre dos culturas.

Cualquiera que lea este libro lo sabrá: frontera somos todos. Tal es el nombre que denominamos a la cultura en común, tal es la experiencia que llamamos destino. Si alguien quiere comprobarlo basta comunicarse a la SDSU Press o verlo en Amazon. Porque frontera no es un lugar geográfico: es una identidad.

*- El autor es escritor, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

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