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Pleitos literarios entre autores y lectores

De vez en cuando busco en Google noticias sobre George R. R. Martin y su novela The Winds of Winter.

Gabriel  Trujillo

De vez en cuando busco en Google noticias sobre George R. R. Martin y su novela The Winds of Winter (Los vientos de invierno, la sexta novela de la saga de hielo y fuego) y en los últimos años sólo escucho de parte de su autor la misma respuesta: “Sigo trabajando en ella. Entre más la trabajo, más grande se hace. No tengo idea de cuándo la tendré lista”. De las siete novelas que constituyen su saga, cinco fueron publicadas entre 1996 y 2011, el promedio fue de una novela cada tres o cuatro años. Pero la sexta novela ha sido un asunto de paciencia: ya van 14 años de espera y no se ve cercana la fecha de su publicación mientras su autor va ocupando su tiempo en múltiples proyectos.

Muchos lectores han perdido la esperanza y algunos ya han decidido que, a la muerte de Martin, otro autor tendrá que ser contratado para finalizar la saga. Todo es posible. Pero ahora mismo la gente sigue esperando el milagro de su publicación. Si hay creyentes en este mundo, seguramente son sus lectores. Y tal fidelidad habla muy bien de la obra de Martin, de su capacidad de mantener interesados a quienes siguen su trabajo de ficción fantástica. Hace poco, George escribió las frases y comentarios que más le han echado en cara sobre el lentísimo avance de su obra, pero los lectores actuales no captaron que estaba repitiendo lo que ellos mismos han dicho y dicen de que ha abandonado su labor de escritor. No se percatan de que sus palabras son una puntualización: le importa y mucho su saga, por eso la sigue trabajando. Por eso aún no puede entregarla a sus editores.

De lo que, sin duda, está harto es de que le pregunten es de cómo va su novela, la sexta de su saga. Ahora mismo, él piensa que eso es sólo asunto suyo, problema suyo. Lamentablemente, no lo es. Vivimos en el mundo donde todos fisgoneamos a todos. Y Martin no es la excepción. Pensemos que ha fracasado o no, su obra a futuro está siendo desmenuzada, por sus frustrados lectores, sin clemencia. Incluso con saña. Porque escriba lo que escriba, la guillotina de la crítica lo espera. En esto de los pleitos literarios entre autores y lectores, hay muchos ejemplos a presentar. Uno de los más conocidos se dio en el Reino Unido con uno de los escritores más famoso de su tiempo y con el personaje literario que había creado y por el cual los lectores siempre estaban esperando nuevas aventuras para leer y disfrutar. Lo hacían porque Arthur Conan Doyle había creado al primer detective privado que era, ante todo, perspicaz y analítico, que no perdía detalles en una escena del crimen o que contaba con el don de resolver casos sentado desde su estudio. Sí, ese detective: Sherlock Holmes. Un hombre que podía deducir un episodio criminal con su sola mente, que creía que no había caso policíaco que no pudiera ser resuelto y que tuvo como su némesis, como su adversario, como el villano de sus aventuras, al profesor Moriarty.

La popularidad de Sherlock Holmes fue tanta que la presión social sobre su autor, Conan Doyle, llegó a exigirle que escribiera más cuentos y novelas con este personaje. Hubo un momento en que nuestro escritor se hartó y decidió cortar por lo sano con Holmes. Así, en el cuento The Reichenbach Fall (1893) -que en español le pusieron el anodino título de El problema final- hizo que cuando estaban peleando Holmes y Moriarty en la cima de las cataratas de Reichenbach en Suiza, ambos cayeran al abismo y murieran. El ingenuo de Arthur pensó que de esa forma se deshacía de su personaje para siempre. Pero lo únicoque ocasionó fue una respuesta airada del público que no aceptaba semejante muerte.

El resultado fue el triunfo de los lectores sobre el autor y pronto Holmes volvió a la vida, asegurándose que había fingido su propia muerte. Muchos escritores aprendieron la lección: no mates a tu personaje principal o causarás un grave enojo entre tus lectores. Agatha Christie, otra autora de narrativa de misterio, escribió su novela final, Curtain (1975), donde Hércules Poirot, su detective, moría, pero la publicó estando ella a las puertas de la muerte. Así, los lectores podían enfurecerse con ella, pero Agatha ya no le importaban sus críticas.

Como sea, ¿por quién apuestan? ¿Por los autores o por los lectores?

*- El autor es escritor, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

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