El arte no tiene por qué ser hermoso
El artista mexicano y amigo mío Esteban Barrón nos recuerda que no tiene porqué ser así.

Nos enseñaron que el arte debe ser bonito. Que debe decorar, combinar con el estilo, darnos paz. Que si no es hermoso y estético, no es arte.
El artista mexicano y amigo mío Esteban Barrón nos recuerda que no tiene porqué ser así.
Vi su obra y entendí por qué incomoda. No hay paisajes amables, no hay cuerpos perfectos. Hay carne rota, rostros que se derriten, manchas que parecen sangre seca. Calaveras, muchas osamentas. Es la pintura que queda después de que la violencia pasa y se va. Lo que queda en la memoria, en el cuerpo que sobrevive.
Barrón pinta desde la herida. Desde el sur de México, desde el norte de Estados Unidos, desde esos espacios donde aprendimos a contar balaceras como se cuentan las horas. Donde las redadas desconsuelan. Y su propuesta es brutalmente honesta: el arte no tiene por qué ser hermoso. Tiene que ser verdadero. También, se vuelve un grito de justicia.
Por años nos quisieron vender la idea de un México colorido, folclórico, mágico . Mientras tanto, en nuestras colonias desaparecen los jóvenes, nos cercenaban la conciencia, nos pedían que no miráramos. Barrón hace lo contrario: nos obliga a mirar. Su tenebrismo no es el de Caravaggio con velas y santos. Es el tenebrismo del foco del crimen organizado que busca reclutar a nuestros hijos, hermanos, sobrinos, contra su voluntad.
Y ahí radica su belleza, aunque suene contradictorio. No es una belleza que decora, es una belleza que duele. Como la de una madre que busca a su hijo con una pala en el desierto. No es linda. Es necesaria.
Cuando estás lejos, extrañas el olor a tierra mojada, la tortilla recién hecha, sí. Pero también cargas con las imágenes que te hicieron irte. La violencia no se queda allá, te la traes en la maleta. Y verla pintada, te obliga a sentirte menos solo.
Barrón pinta justo eso que no quieren que veamos. Y al hacerlo, nos devuelve la dignidad. Porque si alguien se tomó el tiempo de pintar el dolor, entonces el dolor sí importó. Alguien lo vio.
Él encontró en la pintura una formade nombrar lo que no podía decir de otramanera. En febrero del año pasado perdió a un familiar al que consideraba como un hermano menor. Integrantes delcrimen organizado intentaron reclutarlo a la fuerza.
Él contó que, cuando se negó, lo mataron delante de sus amigos en una calle de Colonia Nueva de Guantes, unacomunidad en Valle de Santiago, Guanajuato. Esa herida aún me duele, le duelebastante, por eso pinta, para clamar justicia.
El arte no tiene por qué ser hermoso,me dice con esos ojos grandes y melancólicos. A veces tiene que ser un grito.
*- La autora es periodista inmigrante.
Sigue nuestro canal de WhatsApp
Recibe las noticias más importantes del día. Da click aquí
Grupo Healy © Copyright Impresora y Editorial S.A. de C.V. Todos los derechos reservados