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Zona Sísmica

En Tijuana los problemas de tránsito son cotidianos y los padecen, en mayor o menor medida.

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Visión ciudadana de tránsito

En Tijuana los problemas de tránsito son cotidianos y los padecen, en mayor o menor medida, prácticamente todos quienes circulan por sus calles, por ello es correcto que sean todos o al menos una buena parte de los afectados se vean representados a la hora de proponer soluciones al problema.

Pues bueno, actualmente en Tijuana ya se prepara una reforma integral al Reglamento de Tránsito municipal a partir de una consulta ciudadana con organismos empresariales, instituciones educativas y agrupaciones de movilidad.

En el proceso han participado cámaras de comercio, colegios de abogados, organizaciones de ciclistas, motociclistas y peatones, con el objetivo de actualizar la normativa y atender las necesidades actuales de seguridad vial en la ciudad.

La propuesta contempla revisar todos los artículos del reglamento vigente e incorporar planteamientos surgidos durante las mesas de trabajo realizadas con distintos sectores de la población.

Entre las propuestas analizadas se encuentra una planteada por un colegio de abogadas para incrementar las sanciones a los conductores que sean detenidos por una falta administrativa bajo los efectos del alcohol y que transporten menores de edad.

También se revisa el uso del teléfono celular mientras se conduce, al considerar que continúa siendo un factor relacionado con accidentes viales.

VIOLENCIA EN MÉXICO Y EE.UU

Durante años, desde distintos espacios en Estados Unidos, se ha construido un discurso que coloca a México como el principal foco de inseguridad en la región. Las alertas de viaje, las constantes críticas al combate al crimen organizado y las presiones para endurecer la estrategia de seguridad han sido parte de esa narrativa.

Sin embargo, episodios como el ocurrido este fin de semana en Tucson, Arizona, recuerdan una realidad que con frecuencia se omite: La violencia también es un grave problema del lado estadounidense.

La propia alcaldesa de Tucson, Regina Romero, hija de padres sonorenses, reconoció que el ataque armado, en el que nueve personas resultaron heridas, fue consecuencia de un “acto grave y sin sentido de violencia con armas de fuego” y señaló como una de las causas el fácil acceso a las armas y las débiles leyes de control en Arizona.

Es una admisión que proviene de una autoridad local y que pone el dedo en una herida que Estados Unidos no ha logrado cerrar.

Mientras desde Washington se exige a México frenar el tráfico de drogas y combatir a los grupos criminales, el Gobierno estadounidense sigue sin resolver uno de los factores que más alimenta la violencia dentro y fuera de su territorio: La circulación prácticamente irrestricta de armas. Muchas de esas armas, además, terminan cruzando ilegalmente la frontera y fortaleciendo el poder de fuego de los grupos delictivos en México.

No se trata de minimizar la crisis de violencia que enfrenta México, sino de reconocer que el problema es compartido y que las responsabilidades también lo son. Resulta contradictorio que desde Estados Unidos se señale permanentemente a México por sus niveles de inseguridad cuando ciudades estadounidenses viven, con preocupante frecuencia, tiroteos masivos en escuelas, centros comerciales, iglesias, conciertos o espacios públicos.

El mensaje de Regina Romero también evidencia que la discusión en Estados Unidos sigue estancada entre quienes impulsan mayores controles y quienes defienden, casi sin límites, el acceso a las armas.

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