Fisonomista
Desde siempre he presumido de ser buen fisonomista y con más de 70 años a cuestas lo sigo siendo.

Desde siempre he presumido de ser buen fisonomista y con más de 70 años a cuestas lo sigo siendo. Lo malo es que ahora puedo reconocer a una persona por su rostro; pero en muchos casos no recuerdo su nombre; y peor aún, no sé de dónde y desde cuándo le conozco.
Aquí haré referencia al significado de la palabra conocido. En el diccionario de la RAE dice: “Persona con quien se tiene cierto trato; pero no amistad”. A lo largo de mi vida he conocido a cientos de personas; pero -es un hecho- tengo muy pocos amigos. La mayoría lo son desde mi infancia y adolescencia. Otros, pocos, se fueron volviendo “mis cuates” con el correr de los años.
Se cree que la amistad es un asunto netamente emocional; pero tiene mucho de racional. Porque es nuestro cerebro el que capta, asimila y conserva una auténtica amistad. Es definitivo, los primeros amigos que tenemos en nuestras vidas son fundamentales para nuestros cerebros y dichas amistades cobran gran importancia con la edad. Conforme nuestro cerebro madura se vuelve más exigente con el tema de hacer amigos, personas con quienes compartimos bienestar como malestar tanto físico como psicológico.
Importantes hallazgos en el campo de la neurociencia indican que el cerebro humano jerarquiza las amistades; por lo que, definitivamente, “no podemos llegar a tener más de 15 mejores amigos en toda nuestra vida”. Se autoengañan los que supones que por tener muchos seguidores en las redes sociales pueden llegar hacerse de muchos amigos. Esto es imposible y no es por simple voluntad; sino por la autonomía y neuroquímica de nuestro cerebro.
En el libro “El perfecto cerebro imperfecto”, del Dr. Eduardo Calixto, leí: La amistad tiene gran importancia en la plasticidad neuronal y en la salud de los seres humanos. Una verdadera amistad alcanza dimensión química en nuestro cerebro que conecta neuronas, desarrollar circuitos de memoria y aprendizaje que formulan recuerdos permanentes que influyen en la vida. En particular la amistad adolescente goza de mayor impacto en la construcción de la confianza y la personalidad, pues a través de esta amistad se aprende y desarrolla la lealtad, el establecimiento de exclusividad e intercambio de cordialidad…
Es la oxitocina la hormona que favorece la amistad, el apego, la unión y la que nos ayuda a decirnos la verdad… un amigo motiva y le permite al cerebro que libere betaendorfinas, adrenalina y serotonina. Un amigo se puede convertir en una persona adictiva, analgésica y -sobre todo- un confidente. De tal manera que los lazos que se inician con las primeras amistades, cuando se rompen, suelen provocar en el cerebro un gran sentimiento de amargura y tristeza”.
LA PALABRA DE HOY: FISONOMISTA.
Proviene del griego “physiognomón” que es quien reconoce fácilmente a una persona por su rostro. Se integra con “physis” que significa naturaleza, “gnomón” el que conoce y sabe discernir y el sufijo _ista que indica ocupación, oficio… pero, “caras vemos, pocos amigos tenemos” aunque seamos un muy buen fisonomista.
*- El autor es profesor de Redacción Creativa en Cetys Universidad.
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