La soberanía que perdemos…
Durante las últimas semanas hemos escuchado reiteradamente desde el gobierno: Soberanía.

Durante las últimas semanas hemos escuchado reiteradamente desde el gobierno: Soberanía. Se invoca para rechazar críticas externas, para denunciar supuestas injerencias de otros países y para apelar al “Orgullo Nacional” Pero, vale la pena preguntarnos: ¿Qué significa realmente ser una Nación Soberana? La presidente Sheinbaum ha insistido en que defender la soberanía implica evitar cualquier intervención extranjera en los asuntos internos de México; sin embargo la soberanía es mucho más que eso. No se limita a las fronteras, a una bandera o a un discurso patriótico. La verdadera soberanía comienza cuando los ciudadanos pueden vivir libres, seguros y protegidos por la ley dentro de su propio país.
Escuchando recientemente una intervención de la diputada española Cayetana Álvarez sobre este tema, encontré una reflexión interesante: Las naciones no solo pierden soberanía por amenazas externas, sino también por amenazas internas. Y es ahí donde surgen algunas preguntas: ¿Qué queremos para México? Seguridad, Justicia, Libertad, oportunidades, Democracia y un auténtico Estado de Derecho. ¿Los tenemos? ¡No! Entonces, ¿Qué queda realmente de nuestra soberanía cuando millones de mexicanos la hemos perdido en nuestras propias vidas? ¿Somos soberanos frente al narcotráfico, el poder político o la dependencia económica?
Porque la soberanía también significa poder salir a la calle sin temor, abrir un negocio sin pagar extorsión, expresar una opinión sin sufrir represalias y participar en procesos electorales libres de violencia o intimidación. En las pasadas elecciones fueron asesinados 37 candidatos de oposición. ¿Dónde está aquí la tan cacareada soberanía?
El primer gran enemigo de la soberanía es el crimen organizado. ¿Qué soberanía tiene una familia que vive bajo el control de grupos criminales? ¿Qué soberanía tiene un comerciante obligado a pagar derecho de piso? ¿Qué soberanía tiene una madre buscadora que debe hacer el trabajo que las autoridades abandonaron? Cada vez que el Estado pierde territorio, capacidad de control o autoridad frente al crimen, la soberanía nacional retrocede.
El segundo enemigo es el autoritarismo. La soberanía de una nación depende también de instituciones fuertes, de la división de poderes y la existencia de contrapesos capaces de limitar los abusos del poder. Cuando se debilitan los organismos autónomos se concentra el poder en pocas manos, y cuando se reduce el espacio para la crítica y la oposición, la libertad de los ciudadanos comienza a deteriorarse. Y sin libertad tampoco puede existir una soberanía auténtica.
El tercer enemigo es la dependencia. No me refiero a la ayuda legítima que debe recibir quien enfrenta una situación vulnerable. Una sociedad solidaria tiene el deber de apoyar a quienes más lo necesitan. Me refiero a cuando la política social deja de ser un instrumento de desarrollo y se convierte en un mecanismo de control político. Cuando el ciudadano siente que su voluntad depende de la voluntad del gobernante y no de sus derechos, su libertad disminuye y con ella una parte de su soberanía personal.
En resumen: La verdadera soberanía no se proclama desde una tribuna, se construye todos los días garantizando seguridad, justicia, libertad y oportunidades para todos. Una nación es verdaderamente soberana cuando su gente puede vivir sin miedo, y decidir con libertad su propio destino. Tristemente, esta es la soberanía que los mexicanos hoy perdemos poco a poco….
¡Mujer mexicana forja tu Patria!
*- La autora es Consejera Familiar.
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