Ricardo Covarrubias y el periodismo de escándalo
Ricardo Covarrubias, escritor nacido en Jalisco, pero criado en Nuevo León, anduvo por Baja California.

Ricardo Covarrubias, escritor nacido en Jalisco, pero criado en Nuevo León, anduvo por Baja California como político y periodista entre 1917 y 1925. Durante esos años fue la comidilla del día, el político local que más ocasionó conflictos entre la clase política de la entidad. En todo caso, Covarrubias dejó su huella en varias ocasiones en la historia del entonces Distrito Norte de la Baja California. Lamentablemente, muchos de los acontecimientos en que intervino fueron actos de violencia, tragedias comunitarias. Sin embargo, como era parte del conglomerado que el coronel Esteban Cantú trajo de su estado natal, don Ricardo participó, junto con Ignacio Roel y Héctor González, en la fundación de uno de los primeros periódicos de Mexicali, La Vanguardia (1917-1920), semanario financiado por el propio Cantú y donde sus contribuciones fueron más líricas que políticas.
Covarrubias empezó a destacar hacia 1920, cuando percibiendo que los vientos del cambio estaban por llegar a Baja California, viendo que el nuevo régimen revolucionario, el de los sonorenses de la Huerta, Elías Calles y Obregón, no estaba para permitir más caciques porfiristas-huertistas enquistados en sus reinos autónomos, decidió que era el momento de dejar de apoyar al gobierno de Cantú y pasarse a las filas revolucionarias. En ese mismo año comenzó a editar su periódico El Monitor, que se imprimía en los Estados Unidos.
El Monitor fue periódico de combate desde sus inicios. Vocero sin comedimientos de los intereses de don Ricardo en la escena política de la entidad. Su propósito esencial era servir de apoyo mediático a Covarrubias en sus ambiciones para obtener cargos políticos, a la vez que era una plataforma para que en este periódico diera a conocer sus señalamientos, protestas y declaraciones para atraerse la opinión pública, para que los bajacalifornianos supieran lo que hacía o pretendía hacer.
En cierta medida, 1920 fue el año en que más obstáculos y triunfos tuvo nuestro poeta-periodista. Por un lado, al romper con Cantú se hizo de enemigos entre sus partidarios, que durante el primer lustro de la década de los años veinte todavía eran una fuerza poderosa, y también tuvo enemigos entre los revolucionarios, que no lo consideraban un compañero de lucha auténtico sino un advenedizo que buscaba sobrevivir a como diera lugar.
El gran problema de Ricardo Covarrubias era que su carácter rijoso pocas veces lo hizo encontrar puntos de común acuerdo entre sus adversarios en el campo de la política. Pero en cierta forma, nuestro periodista era un producto de su época. Aunque había habido elecciones en el Distrito Norte durante el gobierno del coronel Esteban Cantú (1915- 1920), todos los partidos que contendían eran, en realidad, uno mismo: adeptos al régimen del coronel, que sólo hacían un remedo de democracia para que fueran los elegidos del gobernante los que llegaban a los cargos públicos y bajo el pretexto de unas elecciones aparentemente limpias, pero siempre controladas por el coronel.
A la caída del gobierno cantuísta, esta fórmula de varios partidos con un solo titiritero moviendo los hilos cambió y la llegada de los revolucionarios trajo, a partir de 1920, una explosión de partidos políticos de toda clase.
En ese regreso a la democracia, Covarrubias hizo sus mayores ganancias. Moviéndose con extrema libertad constituyó un partido a su medida y a sus ansias de poder. Y lo llevó a cabo gracias a una plataforma fundamental para darse a conocer en todo el Distrito Norte de la Baja California: por medio de su periódico, El Monitor, que como su nombre lo decía funcionaba para monitorear a la vida política de la entidad y hacer no únicamente la crítica de los gobiernos en turno sino hacer escarnio de aquellos individuos que eran, según don Ricardo y sus afines, obstáculos a vencer, voces que discrepaban de sus actos y palabras en la arena pública.
En 1920, frente a los gobernantes que llegaban del centro del país y que eran vistos consuspicacia sino es que con rechazo, por los bajacalifornianos, Covarrubias se mostraba como un hijo del norte que defendía a los residentes de la entidad de la rapiña de los políticos sureños, esos que llegaban a estas tierras para imponer formas de vida ajenas a la existencia comunitaria fronteriza. En ese estado de cosas, en ese frenesí de múltiples partidos políticos con ganas de triunfo, Covarrubias se convirtió, con su partido Liberal Rojo, en una presencia necesaria, aunque incómoda, para el desarrollo de la política regional.
*- El autor es escritor, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua
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