El pasado siempre alcanza
Conocí a Dolores Huerta en 2022, afuera de Santa Rita, un galerón olvidado donde inició la lucha campesina en Arizona.

Conocí a Dolores Huerta en 2022, afuera de Santa Rita, un galerón olvidado donde inició la lucha campesina en Arizona. A primera vista, observé a una mujer delicada; sus ojos parecían dos gotas de agua deslizándose por los surcos de un rostro marcado por los años. Me pregunté cómo, a sus más de noventa, podía seguir tan activa. Hoy entiendo que siempre tuvo un corazón de león.
Son décadas de lucha que la marcaron como una verdadera activista, pero esta vez, me refiero a ella como la mujer que llevó consigo la carga de relaciones forzadas que dieron vida a dos hijos y la decisión de callar, para no poner en riesgo a todo un movimiento.
No fue que Dolores eligiera hablar en el ocaso de su vida sobre el abuso que sufrió, simplemente habló cuando el momento lo exigía. Cuando finalmente salió a la luz un secreto que había lacerado a ella y a otras mujeres, víctimas de un hombre poderoso, carismático y celebrado durante años como líder.
No es una historia ajena. Es, en muchos sentidos, una historia conocida para muchas de nosotras, el abuso envuelto en autoridad, normalizado en distintos espacios. Esta vez, sin embargo, el señalamiento alcanzó a una figura casi intocable: César Chávez, ícono del movimiento agrario en Estados Unidos.
El impacto es inevitable y profundamente político. Llega en un momento delicado, en medio de elecciones donde el voto latino parece inclinar la balanza. En ese contexto, la revelación es un golpe al Sistema que nos involucra como hispanos e inmigrantes. Y a la vez, es detenernos y priorizar lo más importante, evitar el juicio y solidarizarnos con el dolor de las víctimas que decidieron contar su historia. Entender la pena y la decepción de miles de campesinos que confiaron en su líder.
En estos momentos, conviene recordar que ningún movimiento pertenece a un solo hombre. Los hombres fallan, no es el primero ni será el último líder envuelto en un escándalo, pero las causas, cuando son justas, trascienden a quienes las encarnan.
Tal vez este sea el momento de desplazar la mirada, de dejar de sostener mitos individuales y reconocer a quienes, en silencio y con persistencia, sostuvieron la lucha. Porque esta historia no se escribió con un solo nombre, sino con la fuerza colectiva de millones y, quizá, con el liderazgo que durante demasiado tiempo no quisimos poner por delante: Dolores Huerta.
Al final, el pasado siempre alcanza. Y hoy, en medio del impulso por borrar nombres de escuelas, instituciones y días festivos ligados a César Chávez, conviene no perder de vista lo esencial: la causa es de todos. Fue, y sigue siendo, conjunta. Y quizá lo más significativo es que Dolores aún está aquí para completar una historia que durante demasiado tiempo quedó incompleta. Porque si algo permanece, más allá de los nombres, es la verdad. ¡Sí se puede!
*- La autora es periodista inmigrante.
Sigue nuestro canal de WhatsApp
Recibe las noticias más importantes del día. Da click aquí
Grupo Healy © Copyright Impresora y Editorial S.A. de C.V. Todos los derechos reservados