Raúl Antonio Cota: sudcaliforniano ilustre
Cuando se creó la Asociación de escritores de Baja California, a mediados de los años sesenta del siglo XX.

Cuando se creó la Asociación de escritores de Baja California, a mediados de los años sesenta del siglo XX, presidida por Rubén Vizcaíno Valencia, una de las iniciativas más fecundas que llevó a cabo esta agrupación de periodistas y literatos fue proponer el acercamiento entre los escritores de ambas Baja Californias. Su propósito era crear una especie de unión entre dos entidades que constituían una sola península, pero que por efectos de la geografía parecían vivir lejos una de otra, sobre todo porque las poblaciones del norte (Tijuana, Mexicali, Tecate y Ensenada) eran eminentemente fronterizas y las principales ciudades de Sudcalifornia (La Paz, Loreto, Los Cabos) se ubicaban en el extremo sur. Vizcaíno fue tenaz en ese sentido y logró que las distancias entre ambas regiones culturales se estrecharan y que se conformara la Asociación de escritores de la Península de Baja California hacia 1967, donde convivieron por igual autores norteños como el propio don Rubén, Valdemar Jiménez Solís, Miguel gel Millán Peraza, Julio Armando Ramírez Estrada, Miguel de Anda Jacobsen y Aída Castro con autores sudcalifornianos como Dominga G. de Amao, Néstor Agúndez Martínez, Armando Trasviña Taylor, Jesús López Gastelum y Arsenio León Cota, entre muchos otros.
Estos vínculos pueden ser rastreados a través de la revista Letras de Baja California (1967-1981), que dirigiera el poeta y narrador Miguel Ángel Millán Peraza. Pero durante los años setenta y principios de los ochenta, las nuevas generaciones de escritores bajacalifornianos de ambas entidades no mantuvieron la misma cercanía. Cuando yo empecé mis pininos literarios hacia 1981, no se volteaba hacia el sur sino hacia el norte para enlazarse con la cultura fronteriza de los Estados Unidos, ya fuera anglosajona (Robert L. Jones, Harry Polkinhorn) o chicana (Alurista, Sergio D. Elizondo). Mi descubrimiento del sur peninsular ocurrió muy lejos de nuestra península: en el puerto de Veracruz, donde se levó a cabo un encuentro de escritores auspiciado por la UNAM y coordinado por Marco Antonio Campos, Vicente Quirarte y Héctor Carreto en octubre de 1983.
Allí, en esa reunión de jóvenes literatos, ninguno de los cuales pasaba de los treinta y cinco, cuarenta años, conocí a Raúl Antonio Cota (La Paz, Baja California Sur, 1949). Cota me llevaba casi diez años de edad. A primera vista parecía un hombre adusto, serio, concentrado en sí mismo. Pero en cuanto supimos que ambos éramos de Baja California se mostró afable y generoso. Recuerdo que nos pasamos buena parte del encuentro tomando café y platicando sobre la literatura contemporánea. Raúl me reveló que había estudiado contaduría y yo le confesé que era médico cirujano. Los dos queríamos saber qué sucedía en el otro extremo peninsular. Raúl era ya entonces un poeta, cuentista y ensayista galardonado. Ese mismo año de 1983 la Universidad Autónoma Metropolitana le publicó su poemario Tiempo de ballenas. Quedamos, al despedirnos, de mantener contacto y yo me comprometí a que él me enviara su revista La Cachora para difundirla en Mexicali. Así, ya de regreso a la frontera, me empezó a llegar esta publicación. Hacia el verano de 1984 en ella me publicó Poemas del asilo, que todavía mi padre alcanzó a leer antes de morir.
Los temas predominantes de la poesía de Raúl Antonio eran la mujer, la historia peninsular y el ámbito geográfico que lo rodeaba en su existencia cotidiana. Esto se puede comprobar leyendo sus libros más conocidos,todos publicados en la década de los años ochenta: los poemarios Del fuego y del cuerpo (1985) y La Antigua California (1986), así como su ensayo La estética del mar y del desierto en Baja California Sur (1987), que él mismo denominara una historia de la imaginación literaria. Sin embargo, su poemario mayor sería Temer al mar (y otros poemas) (1992), donde el paisaje marino y la experiencia costeña adquieren dimensiones mitológicas.
Raúl Antonio Cota murió en marzo de 2023. Contaba con 73 años de edad. En toda su trayectoria literaria, Raúl fue un espíritu unificador, un creador que hizo del verso un refugio para todos, una verbena donde no había exclusiones ni favoritismos. Poeta que nunca negó la cruz de su parroquia. Explorador de esa Antigua California donde la literatura es cantar de gesta, aventura caballeresca, viaje insólito. Como Rubén Vizcaíno, Cota no concebía fronteras entre el norte y el sur de la península que habitamos. Para él, esta región árida que el océano Pacífico asedia, era una tierra prometida, una quimera mayúscula, un paraíso por escribir.
*- El autor es escritor, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.
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