¡No son las formas!
El gobierno debe cambiar la manera en que interpreta, reacciona y responde a las protestas genuinas.

¡Claro que NO son las formas
El gobierno debe cambiar la manera en que interpreta, reacciona y responde a las protestas genuinas, esas manifestaciones ciudadanas que no tienen un sentido electorero, esas que buscan sacudir el sistema, romper paradigmas y encontrar respuestas a los problemas que fracturan el tejido social cuando las instituciones fallando y el modelo de justicia fracasa.
Cada año en Baja California, se registran en espacios públicos varias manifestaciones de víctimas de diferentes problemáticas sociales: agricultores, docentes, familias de bajos recursos que demandan vivienda, madres de desaparecidxs, familiares de víctimas de Feminicidio y colectivas feministas muestran su inconformidad con el gobierno.
La protesta, independientemente quien la haga, debe incomodar, pues es intrínsecamente disruptiva, irrita al gobierno cuando señala que algo anda mal y urge atención. Por eso, las protestas no requieren de permisos ni liderazgos, únicamente es necesaria la organización y la causa. Hay manifestaciones que se radicalizan como las del 8 de marzo por el Día Internacional de la Mujer, y en esas tampoco el gobierno sabe cómo responder.
Según las últimas encuestas de INEGI en materia de seguridad y administración pública, casi el 70% de lxs ciudadanxs manifestaron desconfianza en la capacidad que tienen los gobiernos estatales y municipales del país para resolver problemas comunes y estructurales. En promedio, el mexicano tiene evaluaciones muy bajas sobre la eficiencia gubernamental en las políticas públicas que ejecutan. Es decir, preferimos mostrar nuestra inconformidad en redes sociales, en encuestas y en mesas de café que salir a la calle a protestar.
Lo curioso es que cuando madres buscadoras hacen vigilias o protestan pacíficamente en la oficina de la Gobernadora o en Fiscalía no tienen eco en la sociedad y solamente acuden las mismas 30 personas. Sin embargo, cuando se hace presenta la iconoclasia feminista (intervención de monumentos, instalaciones de gobierno o símbolos que representan estructuras de poder) un sector de la población, cada vez mas reducido, se pone fúrico y critica a las víctimas que rompen todo, y se olvida del gobierno omiso e indolente.
Por eso, la exigencia de “¡No son las formas!”, debe ser para el Gobierno que no avanza en responder las demandas que se exponen en pancartas, testimonios, pintas en intervenciones.
Las marchas son más que una herramienta de participación ciudadana. Así como pasa con otros grupos de protesta, las colectivas ya cumplieron al hacer ver las necesidades y problemáticas que existen en BC; acá el problema es que el Gobierno no sabe procesarlas en sus planes o programas, ya ni hablemos de políticas públicas.
En Baja California y el resto del país, las protestas del 8M no son un elemento de construcción para la agenda del Estado, todo queda al aire, a pesar de que en el gabinete de Marina del Pilar hay una Secretaría de la Mujer con especialistas pagadas con recurso público.
Al final, cada año el Día Internacional de la Mujer termina siendo una válvula de escape para mujeres víctimas de violencia, eso sí, cada vez se organizan mejor y con mayores demandas, quizá en un futuro lleguen a convertirse en un frente amplio.
A la población, lo único que nos queda son las pintas y la reflexión de lo que las mujeres exigen a gritos.
REFLEXIÓN: En la Secretaría de la Mujer de Baja California hay simulación en varios programas, uno de ellos lo expondré en la próxima column
*- El autor es periodista de Baja California.
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