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Mexicali en la prensa del otro lado

En la historiografía bajacaliforniana y especialmente mexicalense, pocas investigaciones hay que puedan ayudar a contar la historia del periodismo regional.

Gabriel  Trujillo

En la historiografía bajacaliforniana y especialmente mexicalense, pocas investigaciones hay que puedan ayudar a contar la historia del periodismo regional. Las fuentes bibliográficas no pasan de unas cuantas. Las más conocidas son el folleto del periodista Armando Ives Lelevier, Historia del periodismo y la imprenta en el Territorio Norte de la Baja California, publicado en 1943 y que, con sus escasas treinta páginas, es un listado de periódicos y sus respectivos directores, abarcando de mediados del siglo XIX a la fecha de su publicación. En 1979, José Jesús Cueva Pelayo publicó Periodistas y periódicos en Baja California, un recuento de periodistas veteranos, especialmente de Tijuana. En 1990 coordiné el libro Tiempo de cambios (La prensa en Baja California), que reunía una serie de ensayos y entrevistas a los más connotados periodistas de aquella época, como Francisco Lizárraga, Jesús Blancornelas y Arturo Casillas. En 1991 se publicó póstumamente Hombres, hechos y cosas de Pedro F. Pérez y Ramírez, periodista de Mexicali que en esa obra reunió artículos sobre sus colegas periodistas. En el año 2000 saqué a la luz La canción del progreso. Vida y milagros del periodismo en Baja California, donde intenté hacer la crónica de los periódicos de nuestra entidad desde 1873 a las postrimerías del siglo XX. Desde entonces se han publicado libros académicos que indagan los procesos mediáticos en temas contemporáneos como la migración o el Covid-19, pero acercamientos a la historia de la prensa mexicalense apenas pueden mencionarse dos libros: Los medios de comunicación en Baja California (2006), coordinado por Manuel Ortiz Marín y La historia de los medios de comunicación. La evolución del periodismo y sus protagonistas (2017) de Miguel Ángel Torres. Ambas publicaciones van más allá de la prensa escrita (incluyen la radio, la televisión y el internet) y la mayoría toca, como antecedentes, el periodo que este libro engloba. A ellos se agregarían artículos dispersos del propio Ortiz Marín y del historiador Víctor Gruel.

Un punto a tomar en cuenta: debido a la falta de ejemplares de los periódicos mexicalenses publicados en la primera mitad del siglo XX, de los que han sobrevivido algunos en el Instituto de Investigaciones Históricas de la UABC en Tijuana, en el Instituto de Estudios Culturales-Museo UABC en Mexicali, en el Archivo histórico del Estado, en el Archivo Histórico del Municipio de Mexicali, entre otros, se puede afirmar que la historia del periodismo local tiene huecos enormes por solventar. Por eso mismo, las investigaciones sobre la prensa mexicalense son escasas.

De ahí que la aparición del proyecto de la Universidad de California en Riverside, donde se reúnen los acervos digitalizados de muchos de los periódicos que se publicaron en California, desde mediados del siglo XIX hasta nuestros días, me hayan servido para exponer un panorama inédito sobre la actuación de periódicos y periodistas en la franja fronteriza. Destaca aquí el Calexico Chronicle, fundado en 1904 en la población vecina a Mexicali, cuyos periodistas tuvieron el propósito, desde un principio, de atisbar lo que ocurría al otro lado de la línea internacional, en ese México que a la vez los atraía, sorprendía y horrorizaba. Junto con periódicos como el Imperial Valley Press y La Opinión, diario en español de Los Ángeles, el Calexico Chronicle supo aquilatar que una parte de sus lectores se localizaban al otro lado, al sur de la frontera, y por ello sacó, en forma intermitente, una sección en español para este público, alimentando así sus ansias informativas con el registro de sucesos que ocurrían en Mexicali.

La importancia de utilizar el Chronicle, sin olvidar las aportaciones de otros diarios californianos, es que nos proporciona una visión única del acontecer fronterizo, de la dinámica social entre ambas poblaciones (Mexicali y Calexico) y nos abre una ventana a los detalles cotidianos de la vida fronteriza. Hasta ahora, gran parte de los cronistas bajacalifornianos se han decantado en contar una visión glorificadora de los pioneros de las diferentes actividades fronterizas, entre ellas las del propio trabajo periodístico. Ahora podemos acercarnos al desarrollode nuestro periodismo centrándonos menos en los fastos del poder y más en los periodistas mismos, en sus batallas, negocios, luchas e infortunios. Y así podemos conocer mejor los entretelones de nuestra sociedad en sus luces y sombras, en sus portentos y cegueras. Si quieren saber más consulten el sitio inehrm.gob.mx y bajen mi libro Con muchos riesgos, que es gratuito. Lean la historia de la prensa mexicalense en su cotidiana labor. Sorpresas trae y muchas.

*- El autor es escritor, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

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