Diálogo Empresarial
Durante décadas, la mística del liderazgo empresarial se cimentó en la “intuición del capitán”.

Entre la precisión de dato y la intuición. El reto del CEO ante la IA
“El verdadero peligro no es que las máquinas piensen como los hombres, sino que los hombres piensen como las máquinas.” Sydney J. Harris, periodista.
Durante décadas, la mística del liderazgo empresarial se cimentó en la “intuición del capitán”. Ese instinto visceral, forjado en años de experiencia, que permitía a los directivos tomar decisiones en la penumbra de la incertidumbre. Sin embargo, en el umbral de 2026, esa penumbra se ha disipado bajo el foco de la Inteligencia Artificial.
No es que el instinto haya muerto, es que ha evolucionado. Estamos presenciando la transición del CEO tradicional al CEO centrado en datos, el arquitecto de la nueva gobernanza industrial.
La IA ha dejado de ser una herramienta de eficiencia en el sótano de IT para convertirse en el sistema nervioso de la industria. En este escenario, la gobernanza no se limita a cumplir normativas éticas o evitar sesgos algorítmicos; se trata de una redefinición del poder. El líder actual ya no puede permitirse el lujo de ver a la IA como una “caja negra” que arroja resultados.
Su rol ahora es el de un traductor estratégico capaz de navegar entre la frialdad de la evidencia algorítmica y la calidez del juicio humano.
El desafío es mayúsculo. La abundancia de datos ha creado una paradoja: tenemos más respuestas que nunca, pero menos claridad sobre qué preguntas hacer. El CEO centrado en datos entiende que la IA es extraordinaria para identificar patrones en el pasado y predecir probabilidades en el futuro, pero es incapaz de comprender el contexto cultural o el sentido del propósito.
Aquí es donde el equilibrio se vuelve un arte. Mientras el algoritmo sugiere optimizar la cadena de suministro sacrificando un proveedor histórico, el líder debe intervenir para evaluar el daño reputacional o la pérdida de lealtad, factores que las máquinas aún no saben ponderar en su justa medida.
Esta nueva gobernanza exige una transformación cultural profunda. El CEO ya no es el que tiene todas las respuestas, sino el que garantiza que el sistema que genera esas respuestas sea ético, transparente y auditable. La pregunta en las juntas directivas ya no es “¿Qué dice el modelo?”, sino “¿Por qué el modelo dice lo que dice y bajo qué supuestos?”.
Esta curiosidad crítica es lo que separa a un directivo que es rehén de la tecnología de uno que la lidera. Además, el liderazgo centrado en datos requiere una humildad inédita.
Aceptar que un algoritmo puede detectar una ineficiencia que el ojo humano ignoró por sesgo de confirmación requiere un ego bajo control. El directivo del 2026 debe ser un híbrido: un analista con visión humana que utiliza la IA para amplificar su capacidad de decisión, no para delegarla.
La era de la gobernanza de IA en la industria no es una carrera tecnológica, sino una evolución del carácter. Las empresas que dominarán el mercado no serán aquellas con los algoritmos más potentes, sino aquellas cuyos líderes sepan cuándo confiar en la precisión del dato y cuándo apostar por la audacia de la intuición. En este equilibrio reside la verdadera ventaja competitiva de nuestra era.
*- El autor es Presidente de Index Mexicali.
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