Nylsa Martínez, cuentista nuestra
Hace poco que leí los cuentos que integran Por si un día todo falla (BUAP, 2022) de Nylsa Martínez (Mexicali, 1979).

Hace poco que leí los cuentos que integran Por si un día todo falla (BUAP, 2022) de Nylsa Martínez (Mexicali, 1979), su más reciente incursión en el género literario en que más ha destacado esta autora fronteriza. Y al hacerlo me fui percatando que, más allá de que estamos frente a una recopilación de relatos criminales con el más esperpéntico humor negro del mundo, también podía leerse este libro como una selección de cuentos que describen la experiencia mexicalense en su vivir cotidiano de la frontera, especialmente de los usos, costumbres y mentalidad de la clase media y media alta que vive en Mexicali y que cruza, por mil motivos y excusas, al otro lado. Lo que este libro revela es una panorámica sicológica de lo que mueve y conmueve a una narradora tan perspicaz, tan cruelmente deliciosa en su prosa breve, como lo es Nylsa Martínez. Quien la conozca sabe que detrás de esa fachada de Alicia en busca del país de las maravillas se esconde una observadora sagaz del mundo de la frontera a la que pertenece por derecho de nacimiento como por derecho de elección.
Aquí hay que reconocer que desde que publicar Roads, su primer libro de cuentos, en 2007, la evolución de Martínez ha sido la de tratar de exponer la expresión fronteriza de alguien para quien la frontera es un intenso ir y venir, un dilema existencial que mucho tiene de obsesión consumista, de estatus mediático, de linaje familiar. Lo podemos advertir en los propios títulos de sus obras: Tu casa es mi casa (2008), Un patio más amplio (2014) y Afecciones desordenadas (2016), sólo para nombrar algunos. Tal es la suma de sus intereses creativos que hasta hoy nos ha ofrecido con narraciones que son una observación puntillosa del mundo fronterizo, de la sique de su generación muy siglo XXI y de la sociedad en la que nació, creció y se educó.
En Por si un día todo falla, es posible descubrir una serie de cuentos que retratan, sin intentar ocultar sus pifias, sus ridiculeces y escándalos, la vida de una mujer que se multiplica en muchos personajes, que nos habla desde el recuerdo y la premonición, que nos encara desde los valores de su clase y de su clan. En buena medida, todas estas historias son road movies donde, como asegura Liliana Pedroza en la contraportada, estamos ante “un viaje físico y emocional donde lo que ocurre afuera y adentro sucede en movimiento. A veces para hacer frente a los enigmas del mundo y también a los miedos anhelos y frustraciones sólo se necesita echar a andar un motor, tener una playlist preparada y recorrer el desierto con todas sus consecuencias”. Lo importante en este libro es que el peso de lo criminal es absoluto por más que estemos ante un misterio del pasado o ante un suceso actual.
Una de las fortalezas narrativas de Martínez es su visión a ras de tierra, hecha de rutinas conocidas por todos los residentes fronterizos, creada a partir de vivencias comunes a muchos de los que deambulan por Mexicali. Las dotes de sus investigaciones no son las del detective privado de la novela negra sino que provienen de la astucia de ser mujer y saber entender la red de relaciones que constituyen nuestra sociedad, sus puntos de interés, sus encrucijadas a la vista de todos. Un ejemplo: la forma de investigar un caso yendo a un fraccionamiento, preguntando en un Oxxo, confiando en la dependiente para acceder a una testigo.
Qué clase de mexicalenses son los protagonistas de los cuentos de Nylsa? Yo diría que la mayoría son hijas pródigas. En un cuento se da una conversación y la narradora dice que: “Regresé porque tuve algunos problemas en la universidad donde trabajaba, así que me vine a Mexicali a tomarme un tiempo. Igual y me sale alguna oportunidad aquí”. Como se ve, los mexicalenses que aparecen en las páginas de este libro suelen saliral mundo pero siempre cuentan con Mexicali como un refugio si las cosas salen mal; un santuario al que pueden volver en cualquier momento para lamerse las heridas, para cargar pilas, para rehacer sus prioridades existenciales.
Al final de cuentas, Nylsa Martínez escribe cuentos porque necesita compartir las experiencias que la sacuden, los pensamientos que la asedian. Y sobre todo porque sin la creación de estas historias no podría estar contenta, celebrando la pasión por la escritura, el gozo por las letras.
*- El autor es escritor, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.
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