Diálogo Empresarial
Este primer mes del 2026, el calendario no solo marcó el inicio de un ciclo, sino el despertar de un gigante que cumple 32 años de existencia.

El ajedrez 2026: ¿Integración o Capitulación?
“La negociación es el arte de dejar que el otro se salga con la tuya”. Daniele Vare (Diplomático italiano)
Este primer mes del 2026, el calendario no solo marcó el inicio de un ciclo, sino el despertar de un gigante que cumple 32 años de existencia: el marco comercial de América del Norte. Lo que nació como TLCAN y hoy sobrevive como T-MEC se enfrenta a su momento más crítico, en donde la región decidirá si se encamina hacia una prosperidad compartida por otros 16 años o si se desmorona bajo el peso de intereses electorales y proteccionistas.
La mesa de negoció no es un espacio de camaradería, sino un tablero de ajedrez donde las tres potencias llegan con mapas distintos. Washington ha dejado de simular cortesía. Bajo el impulso de una visión agresiva, la administración estadounidense no busca una revisión técnica, sino un “golpe de impacto”.
Para la Casa Blanca, el comercio ya no es solo intercambio de bienes; es un arma de control fronterizo, una barrera contra el fentanilo y, sobre todo, un muro de contención frente al avance de China. Por otro lado, Ottawa y la Ciudad de México se encuentran en una posición reactiva, casi defensiva.
Canadá, fiel a su estilo diplomático, intenta salvaguardar el status quo mientras vigila sus sectores estratégicos: lácteos, energía y la incipiente regulación de la Inteligencia Artificial. Aunque ha habido susurros de un “frente unido” con México, la realidad geopolítica dicta que, bajo presión, cada capital suele salvar sus propios muebles antes de mirar al vecino. México, por su parte, apuesta por una narrativa de indispensabilidad.
La Secretaría de Economía hace mención del avance y claridad de sus temas, pero la verdadera prueba de fuego no estará en los expedientes técnicos, sino en su capacidad para convencer a un Washington escéptico de que la industria mexicana no es una amenaza laboral, sino el escudo necesario para competir contra Asia.
Lo que está en juego no es un simple documento aduanero. Si los liderazgos logran trascender la retórica de beneficios unilaterales, la región podría asegurar una estabilidad sin precedentes hasta la década de 2040, permitiendo que las revoluciones tecnológicas encuentren un suelo fértil en Norteamérica. De lo contrario, nos arriesgamos a una involución donde el comercio se convierta en rehén de la seguridad interna.
En última instancia, el éxito de 2026no se medirá por los aranceles reducido so las cuotas impuestas, sino por la capacidad de los tres gobiernos de comprender que Norteamérica es un destino común y no un campo de batalla de suma cero. Sila mezquindad política de corto plazo prevalece sobre la visión de Estado, el T-MEC podría pasar a la historia no como el motor que modernizó la región, sino como la gran oportunidad perdida del siglo XXI.
La decisión de extender el acuerdo por otros 16 años es, en el fondo, la elección entre construir una fortaleza económica resiliente frente al mundo o quedar fracturados y vulnerables en un mapa global que no perdona la indecisión. La moneda está en el aire. *- El autor es Presidente de Index Mexicali.
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