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Agradecer, vivir, amar

¿Tiene uno que llegar a la edad de medio siglo para empezar a descifrar los misterios de la vida?

Beatriz  Limón

¿Tiene uno que llegar a la edad de medio siglo para empezar a descifrar los misterios de la vida? Me hago esa pregunta porque fue precisamente a esa edad cuando el velo cayó de mi rostro y pude ver con claridad lo que realmente vale la pena.

No ocurrió de un día para otro. No fue una epifanía, ni un relámpago de sabiduría. Fue más bien un proceso silencioso, tejido minuciosamente con mis experiencias, pérdidas, aprendizajes, caídas y también pequeños triunfos. Pero un día, sin aviso, entendí. Y cuando entendí, ya no vi igual.Entre todas las cosas que empecé a enumerar, las verdaderamente importantes y no las urgentes, hubo una sobre todas ellas: el amor a Dios. Pero esa historia es solo mía, y elijo guardarla en un cofre seguro, donde su valor permanezca intacto.

Volvamos a las cosas que hoy son verdaderamente valiosas para mí, esas que antes clasificaba dentro de una aburrida cotidianidad. Comencemos con el agradecimiento. Desde el momento en que abro los ojos, doy gracias por mi vida y por un nuevo día. Agradezco por lo que tengo y también por lo que no tengo. Todo posee un valor, incluso aquello que parece viejo, sencillo o destartalado.

El tiempo, ese tesoro invisible, lo divido entre las personas que amo y las tareas que me edifican. Puedo pasar toda una tarde charlando con quienes me regalan cosas bellas con su sola presencia y, de la misma forma, permitirme compartir con ellos mi amor, sin prisas, sin reservas.

El trabajo lo valoro y lo disfruto, sin duda; ha sido una parte importante de mi vida y seguirá siéndolo de alguna manera. Pero ya no ocupa el centro de mi existencia, y sé con claridad que nunca más lo hará. Mis prioridades han cambiado, y ahora apuntan en otra dirección, hacia un camino más espiritual, hacia aquello que nutre el alma, que da sentido profundo a los días y que me conecta con algo más grande que yo misma.

Volver al útero, regresar a la raíz que es la familia, construir nuevas historias con ellos, y preguntar sobre los que me precedieron, valorando el esfuerzo de ellos, para que hoy sea la que soy, con más oportunidades, con más voz y un camino más allanado. De nuevo el agradecimiento.

Cuánta belleza hay en lo simple, el sol de la mañana, el fresco sereno de noviembre, las vísperas de la Navidad, la sonrisa franca de mis amigos, los logros de mis sobrinos, la salud del día a día, los pasos lentos de mi padre, el recuerdo eterno de mi madre. Estoy agradecida por todo lo que rodea mi vida. Y en este tiempo de gratitud, solo me queda inclinar la cabeza y decir, con amor y humildad: gracias, Dios mío, por tanto.

*- La autora es periodista inmigrante.

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