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La pobre oferta electoral en BC

Terminaron las precampañas y dejaron como saldo una pobre, pobrísima, oferta electoral en Baja California y en casi todo el país.

Terminaron las precampañas y dejaron como saldo una pobre, pobrísima, oferta electoral en Baja California y en casi todo el país. Pocas veces se había visto un panorama tan lamentable como ahora.

Ningún partido se salva, ninguna alianza. Tan malo el pinto como el colorado. Es muy posible que vayan a votar sólo los adherentes fieles de un partido o de los candidatos y candidatas, los seguidores que esperan algo. Pero, salvo por la elección presidencial, las urnas podrían quedar desiertas a nivel local.

Con algunas pequeñas modificaciones, la oferta del partido en el gobierno y sus aliados es la misma que antes, principalmente en las alcaldías. En algunos casos, incluso, puede empeorar si es que algunas presidentas municipales deciden reelegirse, como es el caso de Tijuana y Playas de Rosarito, pero también se puede incluir a Tecate y Ensenada.

Por el lado de los partidos de oposición que van en alianza como el PAN y el PRI, la oferta también es de muy baja calidad para casi todos los puestos en juego. Es muy lamentable. Los partidos de la alianza no pudieron entender el momento político actual y le dio entrada a muchos políticos reciclados y poco atractivos electoralmente, pero además les cerraron la puerta a los ciudadanos auténticos.

Las otras opciones más pequeñas como MC, el PES, incluso el PT de Bonilla, están en la penuria, igual el PRD que se separó de la alianza a nivel local. Es la pedacería de los partidos que están buscando su sobrevivencia.

Todo esto a nadie debería sorprender. Es la situación política del estado desde que llegó Morena al gobierno en 2019. Hay una clase política en crisis, un sistema de partidos fragmentado y colapsado, malos gobiernos municipales y estatales y, como corolario, una ciudadanía ausente de la esfera política.

Pero la clase política local y varios grupos políticos no lo entienden. Siguen en su vieja mentalidad, sus códigos políticos son los mismos de siempre, tanto en el priismo que no se fue a Morena como en el panismo viejo y nuevo de ahora, no se diga en los otros que son como pequeños dinosaurios.

La profundidad de la crisis tiene que ver con que no hay un relevo de la vieja clase política. La clase política que hay en BC viene de los años 70 y 80, una generación que cifra alrededor de los 70 años de edad, y no ha variado en su mentalidad. Se ve en los intercambios que establece en los grupos privados y en las redes sociales, en lo que publican y dicen.

Los más jóvenes están, como se dice, muy verdes. Les tocó un momento donde las aguas están muy revueltas y turbias. Algunos se limitan a cumplir las instrucciones que llegan desde el centro del país.

Entre esta vieja clase política hay una tendencia muy marcada a culpar a los ciudadanos de la situación actual, o de si no salen a votar el próximo 2 de junio. Si la situación no cambia va a ser culpa de los ciudadanos apáticos o de aquellos que votar sólo por una despensa. Es una visión muy prominente en estas filas.

La situación es tan confusa que, además, se agregan las pugnas y contradicciones de las corrientes de Morena a nivel local y nacional, que siguen vivas no obstante haber pasado a otra etapa. Marcelo Ebrard sigue actuando por debajo del agua y buscando afianzar posiciones en donde se pueda.

Esta confusión aumenta cuando políticos panistas o ex panistas se cambian a Morena, como es el caso de Jorge Ramos; o también cuando Jorge Hank, dueño del PES estatal, busca una alianza electoral con Morena pero comete el error de criticar a López Obrador.

Las imágenes patéticas de candidatos o candidatas priistas que se registran en las oficinas del PAN, y al revés, candidatos o candidatas panistas hacen su solicitud en el edificio del PRI, forman parte de todo el enredo, como para remachar el “amasiato” de los partidos y su confusión política.

El momento se puede caracterizar como parte de una decadencia política, con una oposición desdibujada y agonizante, con una ciudadanía ausente y con un partido en el gobierno sin conciencia de su mediocridad y sus pocos resultados.

El resultado es casi predecible. La elección presidencial es quizás lo único que va a movilizar a los electores en los próximos comicios. Se impondrá la inercia y la fuerza del voto clientelar del obradorismo. Y la oposición quedará de nuevo derrotada, por lo menos a nivel local. El panorama es bastante deprimente.

*El autor es analista político

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