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Carta al Niño Dios

De la Carta al Niño Dios que se conserva en países menos influenciados por el advenimiento de las celebraciones anglosajonas, no se tiene fecha ni dato concreto de su inicio.

De la Carta al Niño Dios que se conserva en países menos influenciados por el advenimiento de las celebraciones anglosajonas, no se tiene fecha ni dato concreto de su inicio. Bien dicen que la Navidad es cosa de niños. Que son ellos quienes más intensamente viven esta época del año, y que no hay momento de la infancia que con más nostalgia se recuerde que la elaboración de la carta al Niño Dios.

De esa infantil tradición, que se conserva en países menos influenciados por el advenimiento de las celebraciones anglosajona, no se tiene fecha ni dato concreto de su inicio. Algunos dicen que fue producto de la impaciencia de los niños ante la llegada de los Reyes Magos, quienes tardaban hasta el 6 de enero en traer los regalos. Así que se optó por adelantar la fecha al nacimiento de Jesús, pero antes había que escribirle una carta en el que se le contara cómo se había comportado en el año y qué regalos querían recibir.

Es así como en algunas partes de México, España, Latinoamérica y Europa Central en el día de Navidad, los regalos no los trae Santa Claus, ni los Reyes Magos, sino el Niño Dios, como cariñosamente se le llama al Niño Jesús. La tradición en México es que los niños dejen la carta, que hacen incluso sin haber aprendido a leer ni escribir gracias al acompañamiento de los padres, junto al pesebre o el árbol de Navidad, generalmente pidiendo cosas como juguetes o ropa.

Las cartas para el niño Dios encierran un significado que va más allá de lo religioso, pues, la idea de creer en una figura que trae regalos, brinda seguridad a los infantes y genera lazos de confianza. La carta es un rito, que debe preservarse, porque los niños saben que Dios es incondicional y que nunca los va a defraudar. El pequeño siente que sus peticiones fueron valiosas para Dios y eso hace que él se sienta seguro emocionalmente.

La carta también está vinculada con los valores de la obediencia, la responsabilidad, el buen desempeño en el año, el amor a los padres y el ser personas buenas. Detrás de los mensajes al niño Dios existe la intención de vivir una experiencia feliz a través de los regalos. La carta es la posibilidad real de tener el trencito, el avión, la muñeca, el carro, la bicicleta, etc. El mundo de juguetes representa para el pequeño una expresión, es más que un instrumento. Lo usa como medio para expresarse, casi encargándole que represente sus dramas. El juguete es el mundo que él quiere conquistar y con el cual se mide; pero también es la proyección, una prolongación de su misma persona.

La carta es la oportunidad para generar otros valores. En estos tiempos de crisis, la carta se puede aprovechar para fomentar valores como la solidaridad, la consideración, el compartir y el romper un poco con el materialismo y con la idea de que se tiene que tener todo. En nuestro país, estas cartas también incluyen peticiones como que termine la violencia tan común en México. Hay peticiones como "yo quiero que ya podamos salir a jugar a la calle sin temor; yo que no haya más cholos malos que matan gente; que terminen las matanzas”, que mi papá tenga trabajo, que ya podamos ir a la escuela, etc.

Un niño escribió: “El niño Dios tiene poderes para que haya paz y hacer a los niños felices. Él manda a Santa Claus para que recoja todas las cartas del mundo y las lleve para el cielo. Dios lee todas las cartas y con sus poderes hace como un rayo y aparecen todos los juguetes; y Santa Claus coge el calcetín, mete los regalos y se los lleva a los niños”.

Los adultos también deberíamos escribir cartas al niño dios, pidiendo que termine la violencia, que haya funcionarios honestos, que la economía mejore, que baje la inflación, que los diputados y regidores no cuenten con gasto social, que todo el mundo pague su predial, etc. No es mucho pedir o sí. Feliz Navidad.

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