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Nomenclatura

En la mayoría de las ciudades del mundo a las calles y avenidas se les asigna el nombre de algún héroe local, nacional o mundial, pero que es en realidad un héroe.

En la mayoría de las ciudades del mundo a las calles y avenidas se les asigna el nombre de algún héroe local, nacional o mundial, pero que es en realidad un héroe.

La definición de héroe de acuerdo al Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española es una persona que hace un esfuerzo eminente de la voluntad hecho con abnegación, que lo lleva a realizar actos extraordinarios en servicio de Dios, del prójimo o de la patria, aun poniendo en riesgo su humanidad.

Sí la definición anterior es correcta entonces habría que revisar muy bien nuestra historia universal y sobre todo la nacional, se dice muy comúnmente que la verdadera historia rara vez es contada o documentada como realmente sucedió, siempre tendrá un sesgo diferente dependiendo del punto de vista del perdedor o del vencedor.

No hay duda que el padre de la historia fue Heródoto de Halicarnaso, en su estancia en la Atenas de Pericles le permitió contemplar el gran momento político y cultural que vivía la ciudad, sus viajes lo llevaron a lugares como Egipto, Fenicia y Mesopotamia e inspirados por el deseo de aumentar sus conocimientos y de saciar sus ansias de saber, acicates constantes del pensamiento de Heródoto. Éste aparece a través de su obra como un hombre curioso, observador y siempre dispuesto a escuchar, cualidades que combinaba con una gran formación enciclopédica y erudita. En sus múltiples viajes nunca pudo encontrar si realmente Hércules, el héroe mitológico, existió o no.

Nuestro país estuvo prácticamente cuatrocientos años en guerra desde la guerra de la conquista, pasando por la guerra de la independencia, después la guerra de reforma y finalmente la guerra de la revolución que terminó en 1921.

Han sido las guerras las que nos han dado el mayor número de héroes en la historia de la humanidad, nos faltan calles, avenidas, poblados, ciudades y estados para ponerle el nombre de alguno de ellos. En nuestro país la fábrica de héroes nacionales empieza con la guerra de independencia surgen

personajes como Miguel Hidalgo, José María Morelos y Pavón, Juan Ignacio Aldama, Ignacio Allende, Vicente Guerrero, Nicolás Bravo y Agustín de Iturbide por mencionar a algunos, los que se podrían definir como personas que perseguían un fin ideológico, y que fueron traicionados y fusilados.

La guerra de la revolución generó héroes al por mayor, Francisco Villa, Emiliano Zapata, Francisco I. Madero, José María Pino Suarez, Álvaro Obregón, Venustiano Carranza, Los Hermanos Serdán, Gustavo Madero, Belisario Domínguez, etc., Todos ellos fueron traicionados, asesinados o fusilados, algunos de ellos eran bandoleros o guerrilleros. Sin embargo, ninguno de ellos encuadra en la definición de héroe, como para ponerle su nombre o apellido a un estado, municipio, bulevar, avenida, calle, colonia, escuela o parque, quienes toman la decisión de bautizarlos (por decirlo de alguna manera) con el nombre de alguno de los héroes mencionados ¿Realmente saben quiénes fueron?, ¿Qué merecimientos tienen para que su nombre verdaderamente sea tomado en cuenta? Afortunadamente tenemos muchos años en paz, es decir no estamos en guerra, aunque haya mucha violencia en algunas regiones del país, ya no generamos héroes guerreros, lo malo es que generamos héroes políticos, ¿Se ha fijado cuantas vialidades, periféricos o escuelas tienen el nombre de políticos que no han aportado nada y algunos de ellos fueron malos gobernantes, malos líderes sindicales, malos alcaldes, diputados o senadores? ¿No habrá en nuestro país, en nuestro estado o en nuestra ciudad personas que realmente tengan el honor que les reconozca su heroísmo, es decir personas comunes y corrientes (simples mortales) y que algunas de las colonias o vialidades de nuestras ciudades lleven su nombre? Se debe prohibir que los nombres de calles, avenidas, bulevares, escuelas, colonias o parques, lleven nombres de presidentes, gobernadores, alcaldes o de sus familiares, padres, hijos o nietos, funcionarios públicos y en general cualquier persona que haya ocupado algún puesto de elección popular.

*- El autor es ex presidente de la Federación de Colegios de Ingenieros Civiles de la República Mexicana.

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