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Guadalupanos…

La historia comienza con una virgen morena a quien Hernán Cortés le tenia especial devoción, la Virgen de Extremadura, región de la cual era originario y que se ha documentado fue patrona de sus expediciones en la Nueva España.

Somos lo que hacemos

La historia comienza con una virgen morena a quien Hernán Cortés le tenia especial devoción, la Virgen de Extremadura, región de la cual era originario y que se ha documentado fue patrona de sus expediciones en la Nueva España. La historia de ambas es prácticamente la misma, importante tener en cuenta que la española es anterior, 1322, y que ambas comparten los hechos más significativos: se le aparecen a 1) un hombre humilde, 2) ocurre en un monte, 3) en ambas la Virgen pide que se le edifique una iglesia, 4) las autoridades eclesiásticas no le creen al protagonista, 5) un pariente, allá el hijo, acá el tío sana milagrosamente, 7) en ambas el obispo pide una prueba, en España una escultura de una virgen morena a quien se le llama de Guadalupe por ser la sierra en la que se aparece y acá una Virgen morena a quien se la da el nombre de Guadalupe pero hace su aparición en el cerro del Tepeyac. Fray Bernardino de Sahagún, en su Historia General de las Cosas de la Nueva España da testimonio de que en el cerro del Tepeyac los naturales festejaban el 12 de diciembre a la diosa Tonantzin, que quiere decir nuestra madre.

Tema toral, apenas 16 años después, en 1547, Juan de Zumárraga, publicó su catecismo llamado Regla Cristiana en el que afirma al lector que “Ya no quiere el Redentor del Mundo que se hagan milagros, porque, no son menester, pues está nuestra Santa Fe tan fundada por millares de milagros como tenemos en el Testamento Viejo y Nuevo…”, de ésta manera Zumárraga deja constancia de no haber atestiguado milagro alguno, de igual forma no hay testimonio en los archivos de la Mitra, los cuales se conservan hasta la fecha, ni tampoco en su correspondencia, toda ella tambien conocida y estudiada de sobra.

Hay indicios de que el sucesor de Zumárraga, el arzobispo Montúfar, contribuyó enormemente a acrecentar el mito aparicionista para a través de la misma zanjar sus grandes diferencias con los Franciscanos, quienes se oponían fervientemente al culto de imágenes paganas, por lo que recurrió a crear condiciones para que algunos de sus allegados se convirtieran en fervientes defensores de la causa, misma que no fue sino hasta 117 años después a través del predicador Miguel Sánchez a través de su libro “Imagen de la Virgen María Madre de Dios de Guadalupe, milagrosamente aparecida en México…”que su culto fue dado a conocer.

En otro Camelot hablaremos del Indio Marcos, responsable de su pintura, así como de las nulas pruebas que den sustento a la figura de Juan Diego, de la inexistencia de las rosas de Castilla en Nueva España o del tamaño del ayate que no da lugar a que alguien menor a una estatura superior pudiera manejarlo.

Crecí en el seno de un hogar católico, de hecho, soy el único de los hermanos que cuestiona sus creencias y no me pesa admitir públicamente mis argumentos para ello; reconozco en el aparicionismo guadalupano un sincretismo de culturas al haber mezclado las visiones española e indígena con la fe, finalmente un enorme bálsamo para millones en nuestro país.

Afirmar que el culto guadalupano nos ha definido como nación obedece a una visión centralista de nuestro país, sin embargo, el milagro guadalupano vive diariamente en los mexicanos que se acogen a él a través de su fe.

*El autor es empresario, ex dirigente de la Coparmex Mexicali.

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