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El nuevo tratado

Como México no hay dos. Un nuevo tratado, el mejor tratado del mundo, un tratado con letras chiquitas. Son comentarios que se escuchan desde la semana pasada cuando se firmó en la ciudad de México, en Palacio Nacional, lo definido entre los tres países.

Como México no hay dos. Un nuevo tratado, el mejor tratado del mundo, un tratado con letras chiquitas. Son comentarios que se escuchan desde la semana pasada cuando se firmó en la ciudad de México, en Palacio Nacional, lo definido entre los tres países. Mejor dicho, no el tratado en sí, sino el adendum de un tratado que no había sido aprobado ni en Estados Unidos ni en Canadá, pero eso sí doblemente aceptado por el Senado Mexicano. Me atrevo a imaginar que fue avalado por el gobierno de nuestro país sin haber leído las letras chiquitas y haciendo, eso sí, reformas a las reformas sin saber con precisión cuándo entrará en vigor en los tres países.

El comentario general es que el acuerdo, con todo y adendum, es positivo para nuestro país porque reduce la incertidumbre que estaba latente desde hace más de dos años y, al mismo tiempo, genera certidumbre para los próximos años incluso si permanece como presidente de Estados Unidos Donald Trump. Es, en opinión de muchos que el nuevo tratado blinda a México de medidas proteccionistas estadounidenses, a partir de que se apruebe por las instancias legales de los tres países, Sin embargo, en lo particular pienso que ni el nuevo tratado nos garantiza tranquilidad ante una oleada de proteccionismo y nacionalismo pues he visto que al comercio ya se le están adicionando aspectos laborales, medioambientales y migratorios.

Permítanme volver al tema económico del naciente tratado. Ofrece, en principio, un marco de certidumbre para los inversionistas que decidan seguir permaneciendo en México o establecerse por primera vez. Inversiones que pueden ser de empresas globales como las IMMEX y de las cuales tuve oportunidad de liderar aquí en Mexicali o de empresas nacionales que definan aprovechar la plataforma que representa nuestra ciudad, nuestro estado o nuestro país; empresas, por ejemplo, proveedoras de productos y servicios para las firmas exportadoras. Además, supuestamente el tratado haría que proyectos que estaban a la espera de tener reglas claras, lo hagan en los próximos meses.

Pero en toda negociación hay potenciales ganadores y posibles perdedores. En el lado de los segundos puede pensarse en el sector automotriz pues por lo que he revisado los cambios de último momento sobre el acero y el aluminio -y también lo de que el salario involucrado sea de 16 dólares por hora- pueden incurrir en mayores costos y reducir la competitividad de las ensambladoras y de las empresas de autopartes. Aunque espero que ese eventual costo se compense con la certidumbre que habrá de tener acceso al mercado de Estados Unidos sin el riesgo de que se impongan impuestos a las importaciones.

Otra actividad que puede enfrentar dificultades es la relacionada con los productos farmacéuticos, con los medicamentos biotecnológicos porque algunas empresas mexicanas han invertido basándose en la protección de la propiedad intelectual por diez años, pero ese lapso está siendo reducido lo que hace un cambio en sus perspectivas de inversión y producción.

Esos son dos de los principales sectores con posibles afectaciones. Pero a nivel nacional, multisectorial si se puede aplicar el término, el mayor reto que enfrentaremos como empresas y país se vincula con el tema laboral ya que pueden aducirse medidas “proteccionistas” si se considera que derivado de una inspección se incumple con los lineamientos de la reforma laboral respecto a las condiciones laborales, interferencia en el sindicalismo y acotar la libertad de afiliación, entre otros puntos.

* El autor es Consejero y Tesorero Nacional de Index, además de Director de Recursos Humanos para LatinAmérica en Newell Brands.

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