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Mirador

A mí me gusta pensar bien de todo el mundo.

Por ejemplo, no creo que Herodes haya ordenado la matanza de los Inocentes. Estoy seguro de que las cosas pasaron de otro modo. Por principio de cuentas no me imagino a Herodes como un déspota cruel y sanguinario. Lo veo como un rey de chocolate con nariz de cacahuate. Luego discurro que hizo que le llevaran a todos los niños menores de dos años. Llamó a su guardia de terribles gigantes armados con formidables cimitarras y les mandó con voz de trueno:

-¡Maten a los niños!

Pero cuando los papás se disponían a arrojarse a sus plantas pidiéndole clemencia Herodes les dijo con una jubilosa carcajada:

-¡Inocentes para siempre!

Luego les hizo una fiesta con piñata, dulces y regalos, y todos fueron felices.

Quizá la historia es otra. Sin embargo yo escucho la voz de Aquél que nos pidió que fuéramos siempre como niños, y quiero ser inocente como ellos. Inocente para siempre.

¡Hasta mañana!...

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