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Desde otra patria

“El pasto no siempre es más verde en la casa del vecino”, es una frase común que describe como en ocasiones soñamos con una vida mejor, aunque la realidad del otro lado de la cerca, en ocasiones, sea muy distinta a la deseada.

Deja les cuento un poco sobre las “hieleras”, unos cuartos reducidos, sin camas, con temperaturas sumamente frías, donde la Patrulla Fronteriza hacina a los inmigrantes que son detenidos en su intento por cruzar la frontera y alcanzar el tan anhelado “sueño americano”.

En esa reducida celda he escuchado como se desvanecen los sueños, se aplasta el espíritu y se atenta contra la humanidad. En esas breves prisiones, también encierran a niños, que tienen que soportar hambre y el frío congelante, en ocasiones durante días, algunos no logran sobrevivir al calvario.

Recientemente una niña guatemalteca de siete años perdió la vida por deshidratación y fiebre en una “hielera” en Nuevo México. Aseguran que a pesar de que sus padres la reportaron sumamente enferma, nunca se le proporcionó medicamento.

De acuerdo con la Patrulla Fronteriza, la niña y su padre fueron detenidos la noche del pasado 6 de diciembre al sur de Lordsburg (Nuevo México) tras entregarse a los agentes con un grupo formado por 163 migrantes.

Unas ocho horas después de su detención, la menor empezó a tener convulsiones y fue trasladada con fiebre de 41 grados en helicóptero a un hospital de El Paso (Texas), donde llegó con paro cardíaco. En el hospital lograron reanimarla, pero murió horas después. Aunque la autopsia aún tardará algunas semanas, los médicos del Hospital Providence de El Paso indicaron que murió de choque séptico, deshidratación y fiebre.

Según el comunicado de la Patrulla Fronteriza del que informó el periódico The Washington Post, la niña llevaba “varios días sin comer o consumir agua” en el momento de su detención.

Estuve platicando con inmigrantes que han sido encerrados en las “hieleras”, y me cuentan que en ocasiones han tenido que tomar agua de los inodoros, ya que los agentes de migración los dejan días sin agua y comida. Otros, tienen que dormir parados, y la mayoría se enferma por las bajas temperaturas a las que son sometidos.

Se supone que los detenidos por migración no deben de pasar más de 48 horas en las “hieleras”, pero los mismos migrantes han relatado que han pasado hasta dos semanas retenidos en dichos sitios.

Platicando con Rafael Larraenza Hernández, director de Ángeles del Desierto en Arizona, quien se encarga de dejar galones de agua por el desierto de Arizona y las montañas de California, me describe que es un sufrimiento tremendo lo que tienen que pasar los inmigrantes para poder cruzar la frontera, caminan cerca de 140 millas, muchos llegan enfermos, deshidratados y lesionados, para cuando los agarra la Patrulla Fronteriza sus condiciones son delicadas, y luego son retenidos en cuartos fríos donde empeora su situación.

Elizabeth Torres fue detenida cruzando la frontera de Nogales y canalizada a una “hielera”, donde describió las condiciones como inhumanas, pero Torres transformó su “traumante” experiencia en ayuda para otros inmigrantes, ahora ella acude a los refugios a brindarles una mano a sus compatriotas, es ahí donde escucha las terribles historias a las que se tienen que enfrentar los inmigrantes.

Johana Bencomo, director de Organizando Comunidades en Acción en Nuevo México me contó que llevan años exigiendo “transparencia” a las autoridades de la Patrulla Fronteriza acerca de las condiciones en que tienen a los inmigrantes en las llamadas “hieleras”.

En repetidas ocasiones han denunciado a las agencias porque no proveen atención médica y servicios básicos a los detenidos. Califica como una crisis humanitaria las condiciones en que llegan los inmigrantes a los refugios, muchos con enfermedades respiratorias.

La cifra de arrestos de inmigrantes indocumentados en la frontera sur de Estados Unidos rompió este pasado mes de noviembre un nuevo récord desde que el presidente, Donald Trump, llegó a la Casa Blanca hace casi dos años con 51.856, en su gran mayoría centroamericanos y llegados en familia

Aunque la atención política y mediática se ha centrado en las últimas semanas en la caravana migratoria que finalizó su recorrido en las zonas fronterizas de Tijuana (México) y San Diego (EE.UU.), grandes grupos cruzan a diario por Texas, Arizona y Nuevo México.

Estos grupos, en su mayoría familias se topan con una realidad muy distinta a la visualizada en sus mentes, o a la que sus familiares le narran. Llegan a una celda lúgubre, congelada y pequeña, donde aplastan sus sueños, y en el peor de los casos, les arrancan la vida.

*Corresponsal EN Nuevo México y Arizona de la Agencia Internacional de Noticias EFE

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