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La Verdad Sea Dicha

Jóvenes, droga y muertes

La tarde del jueves 6 de diciembre quedará marcada en la vida de los vecinos del fraccionamiento Ángeles de Puebla.

El reloj marcaba pasadas las 16:00 horas, cuando José Manuel asestaba certeras puñaladas en la humanidad del pequeño Nachito, de diez años de edad.

Horas antes el papá del agresor le dijo al niño y su hermanita Valeria que lo ayudara a limpiar unas bandejas, por lo que les pagaría. En ocasiones los menores trabajaban para ganar algo de pan y dinero, para él y sus abuelos.

Hasta el momento no se han ofrecido detalles exactos del por qué asesinó al menor.

De acuerdo a algunas declaraciones que se han deslizado, el presunto responsable comentó que Nachito le daba “carrilla” porque había tenido problemas con otro joven por una muchachita de la colonia.

Una historia que llena de tristeza y rabia a la población. En donde el consumo de droga se hace presente.

Nachito era un niño que ayudaba económicamente a sus abuelos con quien vivía, ya que su madre había fallecido hacía cuatro años y su padre apenas había conseguido una casa para vivir ambos.

Era un niño alegre, bueno, trabajador, comentó Don Eligio, su abuelo.

En este caso, cabe mencionar que los padres del agresor fueron quienes entregaron a su hijo, incluso cerraron las puertas de la casa para que no escapara, mientras llegaban los policías.

Pero en otros no ha sido así.

¿Hasta cuántos asesinatos de niños a manos de jóvenes o adultos vamos a levantar la voz para exigir mayor contundencia no sólo de la autoridad, sino de nosotros como sociedad?

Como padres protectores o invisibles, que vemos las señales de posible ejercicio de la violencia de nuestros hijos y no encaminamos o encauzamos el desvío latente.

En otro caso reciente sucedido la noche del viernes 2 de noviembre, un par de jóvenes asaltaron al propietario de la carnicería Ramos, don Salvador, a quien hirieron en su cara con un rifle de postas.

Pero el problema no quedó ahí para la familia de la víctima, ya que en un principio los padres ocultaban a los jóvenes, por lo que la acción de la justicia se retardaba.

Hasta lo que va de este caso, uno de los jóvenes, de nombre, Carlos Emanuel ya fue presentado ante el juez, el otro implicado sigue escondido por los papás y aún no enfrenta las consecuencias legales de su reprobable acto.

Aquí vemos la protección de una familia que lejos de ayudar al hijo con ese mensaje de prepotencia, sólo podrían estarlo afectando.

En otro caso, la noche del sábado 18 de agosto la joven de 26 años de edad Emily Judith “N”, mató a golpes a su hijo Kevin Omaet, de 4 años.

El menor presentaba más de 20 lesiones en diversas partes del cuerpo.

La madre de la joven y abuela de la víctima pidió justicia, ya que consideraba aberrante que el pequeño haya sido agredido de esa manera.

Son tres historias que hablan de jóvenes descarriados, con inclinación a las drogas, al dinero fácil. De condiciones económicas y sociales diferentes, pero que de igual forma terminaron agrediendo a seres vulnerables e indefensos: dos niños y un adulto mayor.

Como padres de familia y sociedad en general no debemos voltear la mirada y hacer como si nada pasa, porque si pasa y al final la factura va a salirnos más cara.

La verdad sea dicha.

*La autora es directora del portal MF Noticias Mexicali.

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