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Ecoanálisis

Abandonados

Después de efectuada la carrera Baja 1000, tres inspectores de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente, PROFEPA, fueron enviados a recorrer la ruta para evaluar los daños que dicho evento hace cada año. Esfuerzo inútil porque sus organizadores no reparan el daño ambiental ni pagan las multas que les imponen. Hay tramos de esta ruta que corre por al Valle de Los Cirios, Área de Protección de Flora y Fauna Silvestre Federal, ANP, en la que el INEGI registra menos de un habitante por kilómetro cuadrado, el lugar más despoblado de México.

Para quienes amamos el desierto, el paisaje “ciriense” en único en el mundo y de gran belleza estética y alberga endemismos de flora en la que destacan las biznagas y las chollas. Un lugar seco, que sólo con un huracán que venga de Los Cabos se humedece, pero que los pocos seres humanos que han decidido sobrevivir en él se han adaptado a esas condiciones, gracias a pozos y manantiales naturales de los que sobreviven. Para quienes corren esa carrera no hay riesgos, pues transitan muchos vehículos equipados con comunicación moderna y eficiente, como los teléfonos satelitales. Pero nadie debe aventurarse sólo en este inhóspito Desierto Central bajacaliforniano.

Pero para los mandos de la PROFEPA estas precauciones no valieron y mandaron a los inspectores sin comida ni agua suficiente, ni la comunicación adecuada y en un solo vehículo, por lo que los inspectores solicitaron que si no sabían de ellos el viernes 25 de noviembre, salieran de inmediato a buscarlos por la ruta de la carrera. Y lo que tenía que pasar pasó, el camino destruido por los poderosos carros que corrieron solamente puede entenderse transitándolo, como lo hemos hecho en múltiples ocasiones. El pickup de doble tracción no pudo flotar en el denso polvo del camino destruido y quedó embancado.

A pesar del compromiso de la oficina central, nadie salió a buscarlos cuando desde aquel viernes negro se perdió contacto con ellos, ya que en esas soledades ni los celulares funcionan. Al sufrimiento de saberse inválido en un medio hostil se sumó la sed y el hambre. El lunes 26 nos avisaron del extravío y solicitamos información a la ANP y se nos informó que no se sabía nada de ellos. Fue la solidaridad humana en la persona del señor Omar Maclis y su esposa, que al escuchar por radio del extravío, salió con sus propios recursos y voluntad a recorrer la ruta. Los encontró a 25 kilómetros al Oeste de Laguna Chapala, hambrientos y deshidratados. No fue la misma PROFEPA, como se dio a conocer en un boletín de la institución. Esta columna se publica a petición de las víctimas para aclarar y agradecer a la familia Maclis su oportuna intervención.

Los hemos dicho en muchas ocasiones. El gobierno que acaba de terminar desmanteló a las ANP y sustituyó a los experimentados técnicos ambientales, por una banda de “niños verdes” sin ninguna experiencia. Esperamos esto se corrija en la nueva administración federal.

*- El autor es investigador ambiental independiente.

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ACLARACIÓN: Por causas ajenas a esta Casa Editorial la columna semanal "De historia y algo más", que escribe Francisco Jaime Navarro, no aparece en la edición de hoy.

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