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Columna Huésped

Shirley Jackson: Madre

ejemplar de lo macabro

La novela empieza así: “Mi nombre es Mary Katherine Blackwood. Tengo 18 años de edad y vivo con mi hermana Constance. A veces pienso que con un poco de suerte yo podría haber nacido como loba, porque los dos dedos de en medio de mis manos son de la misma longitud, pero me contento con lo que soy. No me gusta bañarme, ni los perros, ni el ruido. Me agrada mi hermana Constance y Richard Plantagenet y la Amanita Phalloides, el hongo mortal. Todos en mi familia están muertos.” El título de la novela es 'Siempre hemos vivido en el castillo'. Fue publicada en 1962 y su lectura, todavía ahora, provoca escalofríos. Joyce Carol Oates ha dicho de su autora, Shirley Jackson (1916-1965), que ella era una escritora capaz de “conjurar demonios a plena luz del día”, de mostrarnos “el rostro gesticulante de la muerte que está debajo de la máscara sonriente de la vida ordinaria”. Para Oates, la mayor contribución de Jackson a la literatura fue exponer nuestro deseo por derramar la sangre ajena, por obedecer ciegamente los mandatos tradicionales, incluso en la sociedad contemporánea. Lo macabro, lo paranoico y lo cruel siempre estuvieron presentes en sus obras más terribles, sin que dejara de lado el humor negro y la sátira social. Jackson supo advertirnos lo que ella sabía de primera mano: el corazón de toda casa familiar es un castillo gótico lleno de pasadizos secretos, con sus mazmorras bien cerradas, una cámara de torturas con sus felices verdugos dentro.

Hay una caricatura titulada Me (Yo), un autorretrato de Shirley Jackson de 1942, en que esta escritora se dibujó como una mujer con las manos juntas y los cabellos al aire. Más que parecer que está parada, la figura aparenta flotar en un mundo más allá de las leyes naturales, en un espacio de libertad que vive bajo su propio embrujo. Lo mismo puede decirse de la narrativa de Jackson: es la de un espíritu libre en un mundo común, la de una criatura sobrenatural en la urbe moderna que vive las fricciones entre lo fantástico y lo cotidiano. Muchos de sus cuentos y novelas son acercamientos a la sociedad estadounidense posterior a la Segunda Guerra Mundial, comentarios críticos de la banalidad, el conformismo y la apatía generalizada de la sociedad de consumo. Su visión es la de alguien que no encaja en el mundo, la de un ser humano que ve el horror no en un aquelarre sino en las rutinas agobiantes de un ama de casa, en las convenciones sociales de su propia comunidad.

Shirley Jackson vivió apenas 48 años, pero dejó como legado 'La lotería' (1949), una colección de cuentos magistrales, así como dos novelas clásicas: 'La casa de la colina' (1959) y 'Siempre hemos vivido en el castillo' (1962). Realmente, en dos décadas de actividad creadora, nuestra autora aportó a la literatura fantástica su sello inconfundible, una voz personal que cuenta cosas terribles en un escenario anodino, que saca a relucir lo peor del ser humano mientras éste cocina un american pie o disfruta de una carne asada. Las sombras del mal en pleno jardín casero. Los espíritus errantes frente al televisor.

Si quieren conocer a una narradora excepcional hay una excelente biografía suya: Shirley Jackson. 'A rather haunted life' (2016) de Ruth Franklin, que cumple con ofrecer a sus lectores un retrato de cuerpo entero de una autora genial, de una mujer que no tuvo aspecto de escritora sino de ama de casa común y corriente: una señora gorda de lentes, que le entraba a la bebida, que fumaba sin cesar, que no destacaba en una reunión de intelectuales y que, sin embargo, llevaba en sí los monstruos más tremendos, los fantasmas más hambrientos, las criaturas más siniestras del siglo XX.

Jackson fue, sin duda, una heredera de autoras como Mary Shelley, Anna Kavan y Djuna Barnes, hijas de los reinos más oscuros de la imaginación occidental, sacerdotisas que lanzaban conjuros a la noche interminable. Modernas y ancestrales a un mismo tiempo. Lúcidas y delirantes, como ellas solas. Si se es lector de Neil Gaiman, Stephen King o Dan Simmons, entonces es necesario leer a su antepasada directa, a su madre ejemplar: Shirley Jackson, bruja insomne de las letras estadounidenses. Voz de la normalidad que asusta.

* El autor es escritor y miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

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