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Mirador

Iba la lechera con su cántaro al mercado.

Por el camino vio venir a un fabulista y supo lo que sucedería: el hombre iba a desear que el cántaro se le cayera al suelo y se quebrara para poder él escribir una fábula en la que se burlaría de sus sueños.

El cántaro, en efecto, se quebró. Pero no por haber caído al suelo, sino porque la lechera se lo quebró en la cabeza al fabulista.

Yo detesto la violencia en todas sus formas. No me gustan las guerras donde se matan miles de hombres sin saber por qué se matan. Tampoco me gusta que un padre le dé nalgadas a su hijo sin que el niño sepa a veces por qué su papá le da nalgadas.

Secretamente, sin embargo, le doy la razón a la lechera cuando le rompió al fabulista el cántaro en la cabeza.

Es malo desear que no se cumplan los sueños de la gente.

Quien hace eso merece que le rompan en la cabeza un cántaro.

Los sueños que la gente sueña deberían cumplirse.

Ése es mi sueño.

Ojalá ningún fabulista desee que ese sueño mío no se cumpla.

Pero por si las dudas tendré a la mano un cántaro.

¡Hasta mañana!...

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