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El Imparcial / Columnas / notamigracion

Mirador

El toro había saltado al ruedo con ímpetu y pujanza,

No salió, sin embargo, franco y claro.

Sus embestidas no son parejas. No embiste a los que debe embestir, y va contra otros, ciego. Se arranca con bravura y luego se frena de repente, lleno de mansedumbre. Toma un rumbo y en seguida va al opuesto. La menor cosa lo distrae.

Los aficionados de toda la vida están desconcertados, y en los tendidos las opiniones se dividen: unos aplauden los arranques del toro; otros critican sus caprichos, su volubilidad.

-Es peligroso -dicen unos.

-Esperen, esperen -piden otros.

Opinan los conocedores:

-Sea lo que sea, este toro es impredecible. Cualquier cosa se puede esperar de él.

Y añaden:

-Habrá que aprender a capearlo igual que se capea un temporal.

¡Hasta mañana!...

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