De historia y algo más
Midas, el rey de Frigia, es el protagonista de uno de los mitos más conocidos de la Antigüedad. Fue el poeta romano Ovidio el que dio la forma definitiva al relato. En sus Metamorfosis (XI, 85 ss.) Ovidio explica cómo Midas logró capturar a Sileno, una divinidad o genio que se presentaba como un hombre ya entrado en años y muy dado al vino, pero poseedor de una profunda sabiduría y que había educado a Dionisio en su juventud. Sileno vivía libre en un maravilloso jardín situado al pie del monte Bermio, en Macedonia, donde crecían raras y fragantes rosas de sesenta pétalos. Midas rellenó con vino la fuente donde el viejo solía beber y así, al caer embriagado, pudo hacerlo prisionero. Una vez en presencia de Midas, las ligaduras que sujetaban al viejo se desprendieron como por encanto; su llegada se celebró con alegres fiestas, que duraron diez días, y Sileno, sin mostrarse enojado, instruyó al monarca sobre la naturaleza y sobre el pasado. Inmediatamente Midas llevó a Sileno ante Dionisio, quien, encantado de haber recuperado a su viejo amigo, y en agradecimiento por el buen trato que le dispensaron, decidió otorgar a Midas la facultad de elegir el don que prefiriese, garantizando que su deseo sería satisfecho. Midas le pidió «que todo lo que toque con mi cuerpo se convierta en resplandeciente oro». La petición se realizó y el rey comprobó la efectividad de la promesa tocando toda clase de objetos; sucesivamente transformó en oro la rama de un árbol, una piedra, un terrón del suelo, las piezas de una puerta, una fruta, el agua que se desliza entre sus manos. Mas cuando se disponía a reponer fuerzas, vio cómo una lámina de oro cubría los manjares simplemente al roce de sus dientes, y los líquidos escapaban de su boca abierta como metal fundido. Estupefacto e infeliz, muerto de hambre y abrasado por la sed, el rey pidió perdón al dios y le rogó que suprimiera aquel regalo pernicioso. Dionisio accedió y restableció a Midas su condición natural, ya que el rey demostró arrepentimiento. No obstante, debería practicar un ritual de purificación, sumergiendo su cuerpo en el nacimiento del río Pactolo (junto al monte Tmolo, en Turquía). Midas resolvió de este modo el problema y desprendió de su cuerpo el fatídico don, a partir de entonces sería la corriente del río la que arrastrase pepitas de oro. México es rico en recursos naturales, podríamos decir que fuimos tocados por el Rey Midas, en los últimos 46 años ese toque se ha convertido en una maldición, tuvimos el infortunio de haber tenido pésimos administradores del erario, del petróleo, del agua, de la generación de energía eléctrica y de las comunicaciones, administradores de todos los niveles que casi han llevado a la ruina al país, y aun así siguen pidiendo que más gente contribuya al gasto público. México necesita invertir en infraestructura que haga crecer al país entero, no es posible que el gasto corriente (nomina) siga creciendo. Si el gobierno administrara el desierto habría escasez de arena. *- El autor es ex presidente de la Federación de Colegios de Ingenieros Civiles de la República Mexicana.
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