De historia y algo más
A ello se sumó el descontento de parte de la población por haberse frenado las conquistas y no poder obtener los ricos botines del pasado, malestar acrecentado porque, cuando Utmán accedió al poder, Arabia atravesaba una grave crisis financiera y tenía importantes dificultades económicas. Su asesinato, en el año 656, creó un enorme malestar entre los omeyas, que trataron de vengar su muerte, iniciándose un periodo de discordias que acabaron por dividir a la comunidad musulmana. En la fase de desconcierto que siguió a la muerte de Utmán, la población de Medina nombró califa a Alí, primo y yerno del Profeta (se había casado con su hija Fátima). Alí debió afrontar la oposición tanto de los seguidores del difunto califa, agrupados en torno al omeya Muawiya, gobernador de Siria y primo de Utmán, como de los seguidores de Aisha, viuda de Mahoma, que no podía aceptar que Alí se hubiese beneficiado de un crimen. El primer choque armado se produjo en las proximidades de Kufa, en el 656, y es conocido como la "batalla del camello", animal que Aisha montaba y en torno al cual se combatió; este encuentro marca el inicio de los enfrentamientos entre miembros de la comunidad musulmana. El triunfo de Alí afianzó su poder, pero sólo en Iraq, ya que ni Amr ibn al-As en Egipto ni Muawiya en Siria reconocían su autoridad. En el 657 se produjo un nuevo enfrentamiento entre musulmanes en la llanura de Siffin, a orillas del Éufrates, donde tuvo lugar uno de los acontecimientos más célebres de la historia del Islam: Cuando Muawiya estaba a punto de ser derrotado, Amr, su aliado, tuvo la idea de colocar hojas del Corán en la punta de las lanzas, como símbolo de apelación al juicio de Alá; con ello evitó la derrota, pues todos depusieron las armas. Algunos seguidores de Alí mostraron su desacuerdo por esta actitud y quisieron volver a la lucha, pero ante la negativa del califa a volver al combate lo abandonaron y se retiraron. La historia musulmana dio a este grupo el nombre de jariyíes, "los que se salen"; Alí les combatió, y murió asesinado por uno de ellos en el 661. El califato de Alí fue un completo fracaso, pues se perdió la unidad del mundo musulmán, que, a su muerte, quedó escindido en tres grupos: los jariyíes, los chiíes y los sunníes, que disentían en cuanto a la fuente de la legitimidad del poder. Los jariyíes mantenían que cualquier musulmán piadoso podía acceder al califato. Los chiíes consideraban ilegítimos tanto a Muawiya como a los califas anteriores, por cuanto sostenían que la sucesión en el califato sólo era legítima por línea consanguínea; se agruparon en torno a la esposa de Alí, Fátima, y a sus hijos Hasan y Husayn. Los sunníes aceptaban la autoridad de Muawiya, y consideraban que el califato no se transmitía por línea sanguínea directa, sino que debían ejercerlo miembros de la tribu del Profeta. Con la muerte de Alí concluyó el régimen teocrático que tenía por base el Corán y, como modelo, el comportamiento del Profeta. El autor es ex presidente de la Federación de Colegios de Ingenieros Civiles de la República Mexicana.
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