Juzgue usted
Vaya democracia la que hemos construido. A unos cuantos meses de las elecciones, en los medios no hay debates entre las distintas fuerzas políticas o investigaciones periodísticas interesantes. ¿Cómo es posible que hayamos llegado a una situación así? Primero, por el mucho dinero que tienen los partidos. Esto les permite comprar coberturas en algunos noticieros, revistas y periódicos. Naturalmente, como pagan, los tratan bien: no les hacen cuestionamientos difíciles. Esto ha provocado que muchos políticos ya no vayan a espacios donde no les cobran. ¿Para qué, entonces, arriesgarse en una entrevista no pagada? A esto hay que sumar la feria de spots de radio y televisión que, de manera gratuita, reciben los partidos. ¿Para qué hacer campaña en otros espacios noticiosos si se pueden utilizar millones de anuncios a fin de convencer al electorado? Tomemos el caso más patético: el del Partido Verde. En lugar de que sus cuadros asistan a los medios a entrevistas o debates, mejor contratan a personalidades televisivas para anunciar a su partido. Actores actuando como candidatos: a ese punto ha llegado la trivialización de la política electoral mexicana. Pero hay otro elemento que también explica por qué las elecciones ya no incitan análisis, entrevistas y debates interesantes como en otras democracia. Se trata de las leyes electorales, absurdas, que los partidos han venido aprobando desde 2007. Tomo el caso que contaba Denise Maerker en su columna de ayer de El Universal. La conductora de Punto de Partida, el mejor programa de investigación periodística de la televisión, reveló un caso de auto-censura por cuestiones legales. Se trata de “una crónica del candidato independiente a la gubernatura de Nuevo León, Jaime Rodríguez Calderón. El Bronco, como se le conoce”. El personaje es, nos cuenta Maerker, digno de una buena pieza periodística. “Sin embargo después de ver el trabajo de mis compañeros de Punto de Partida, Javier Vega y Víctor Olvera decidí no sacarla. Y no por falta de calidad, sino porque me recordó una crónica que hicimos hace tres años de un candidato, también fuera de lo común, que buscaba ser gobernador de Jalisco. Acabamos siendo denunciados por el PAN ante el IFE por presunta adquisición y/o contratación de tiempos en televisión atribuible al candidato Enrique Alfaro de Movimiento Ciudadano, así como de Televimex. La empresa tuvo que movilizar abogados para demostrar que nadie nos había pagado y finalmente el caso se ganó. Pero nos quedó claro que si lo repetimos, como sería el caso si difundimos la crónica Un día con el Bronco, los partidos, en este caso el PRI o el PAN, nos volverán a denunciar. Así que nos andamos con tiento”. A nadie le gusta perder su tiempo y dinero en litigios absurdos. Por eso se entiende la decisión de Maerker, quien precisamente tituló su colaboración de ayer “Matan a las elecciones...de aburrimiento”. Su editorial fue la que me inspiró a escribir estas líneas. Denise tiene toda la razón en que el estatus quo le conviene “a los que ya están en el poder, es decir, a los que tienen siglas conocidas y el dinero y la estructura para hacer campañas basadas primordialmente en la movilización de bases. Los nuevos se las van a ver muy difícil (habrá que seguir el caso del Bronco) y eso es lo que quieren los partidos”. Concluye Maerker que esto podría erosionar la legitimidad democrática. ¿Cómo hacer, entonces, para recuperar una democracia con una competencia electoral animada y vehemente? ¿Cómo lograr algo que atractivo para los medios, una rivalidad auténtica, y no el bodrio actual que es aburridísimo? Vengo regresando de España donde este domingo hubo elecciones autonómicas en Andalucía. Despertaron mucho interés nacional por la irrupción que ha tenido en ese país dos fuerzas políticas nuevas que están poniendo en jaque al bipartidismo de ese país: Podemos y Ciudadanos. El PP y el PSOE, los dos partidos tradicionales, están sintiendo pasos en la azotea y han salido a dar una lucha impetuosa que ha animado mucho la competencia. Tengo la impresión de que en México las elecciones saldrán del marasmo actual el día en que las fuerzas tradicionales se sientan amenazadas por algo nuevo. Ojalá sea pronto porque, de seguir por el mismo camino, hasta las elecciones de las épocas priistas parecerán más auténticas y amenas de las que tenemos ahora. *El autor es analista político/profesor investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) --------------------------
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