El Imparcial / Mundo / Marlon Brando

Hace 60 años, Marlon Brando compró una isla en el Pacífico que terminaría inspirando una tecnología contra el cambio climático, después de que dos científicos estudiaran cómo el CO₂ dañaba los arrecifes de coral y descubrieran una forma de capturarlo del aire con luz solar

El prototipo ya se prueba en Australia, pero todavía está lejos de la escala que sus creadores esperan alcanzar. La primera meta es demostrar que puede funcionar de manera eficiente y permitir el almacenamiento del carbono capturado

Hace 60 años, Marlon Brando compró una isla en el Pacífico que terminaría inspirando una tecnología contra el cambio climático, después de que dos científicos estudiaran cómo el CO₂ dañaba los arrecifes de coral y descubrieran una forma de capturarlo del aire con luz solar

Hace seis décadas, el actor estadounidense Marlon Brando adquirió el atolón de Tetiaroa, un conjunto de pequeñas islas rodeadas por un arrecife de coral en la Polinesia Francesa. El lugar, conocido por sus paisajes y biodiversidad, quedó ligado años después a una investigación científica que busca desarrollar nuevas formas de retirar dióxido de carbono (CO₂) de la atmósfera.

La conexión surgió en 2016, cuando los oceanógrafos Alex Gagnon y Julian Sachs trabajaban en Tetiaroa para estudiar los efectos de la acidificación del océano sobre los arrecifes. Según información de CNN, ambos investigadores necesitaban trasladar carbono dentro y fuera del agua para simular las condiciones que enfrentan los corales cuando aumenta la concentración de CO₂ en el mar.

Durante ese trabajo se plantearon una posibilidad: si podían movilizar el carbono en el agua, ¿sería posible invertir el proceso y extraerlo directamente del aire? La pregunta abrió una nueva línea de investigación que años después dio origen a Banyu Carbon, una empresa tecnológica con sede en Seattle.

De investigar los corales a buscar una forma de retirar CO₂ del aire

La investigación en Tetiaroa no produjo por sí sola la química que utiliza el sistema. El principio científico tenía un antecedente en el trabajo de la Organización de Investigación Científica e Industrial de la Mancomunidad de Australia (CSIRO), que en 2013 demostró que ciertos compuestos sensibles a la luz podían liberar dióxido de carbono de una solución sin recurrir al calor.

Estas sustancias se conocen como fotoácidos y funcionan como tintes cuyas propiedades químicas cambian cuando reciben luz. Esa característica permite que absorban y después liberen el CO₂.

Gagnon y Sachs encontraron una posible aplicación para estos compuestos a partir de su experiencia con el carbono en el agua de mar. Posteriormente, Banyu Carbon obtuvo una licencia exclusiva para utilizar esa química y trabajó durante tres años en su perfeccionamiento, con el objetivo de desarrollar un proceso que pudiera aplicarse a la captura directa de carbono del aire.

La empresa buscó mejorar la duración de los tintes y su capacidad para retener dióxido de carbono, además de adaptar su funcionamiento a condiciones que permitan utilizar el sistema fuera de un laboratorio.

Así funciona el sistema que utiliza luz solar para capturar carbono

La tecnología desarrollada por Banyu Carbon combina una solución acuosa con los fotoácidos y un proceso de exposición a la luz solar. Su funcionamiento se divide en dos etapas principales.

Primero, el aire ingresa a una unidad oscura y entra en contacto con el líquido que contiene los tintes. En esas condiciones, la solución absorbe el dióxido de carbono presente en el ambiente.

Después, el líquido circula por paneles transparentes expuestos al sol. La luz modifica las propiedades químicas del tinte y provoca que libere el CO₂ en forma de una corriente concentrada de gas.

Ese dióxido de carbono puede destinarse al almacenamiento o utilizarse en procesos industriales, mientras que la solución regresa al sistema para volver a capturar carbono.

Una de las características que la compañía destaca es que el procedimiento no necesita el calor utilizado por otras tecnologías de captura directa de aire. De acuerdo con Gagnon, el sistema requiere aire y luz solar, lo que podría reducir sus necesidades energéticas y facilitar su instalación en determinados lugares.

Sin embargo, que el proceso pueda funcionar con energía solar no significa que ya esté preparado para retirar grandes cantidades de contaminación. Su capacidad y eficiencia todavía deben comprobarse en condiciones reales.

El prototipo en Australia puede capturar una tonelada de carbono al año

La tecnología llegó a una etapa de demostración en Australia Occidental, donde Banyu Carbon instaló una unidad experimental en las instalaciones de investigación de campo de CSIRO, en Harvey, al sur de Perth.

El equipo tiene un tamaño aproximado al de un refrigerador y representa un paso importante para evaluar el funcionamiento del sistema fuera de las condiciones controladas de un laboratorio. La prueba también permitirá observar cómo responde durante varios ciclos de exposición a la luz solar.

De acuerdo con los datos difundidos por CNN y CSIRO, el modelo de demostración puede retirar alrededor de una tonelada de carbono del aire durante 12 meses. Es una cantidad pequeña frente al volumen de emisiones que se genera en el mundo.

Además, durante esta etapa de prueba el CO₂ capturado vuelve a liberarse a la atmósfera. El propósito es evaluar el proceso de captura y sentar las bases para que, en una fase posterior, el gas pueda almacenarse de manera permanente.

La diferencia es importante: retirar temporalmente el dióxido de carbono del aire no equivale a eliminarlo de forma definitiva. Para que la tecnología tenga un impacto climático duradero, también necesita demostrar que puede integrar un sistema confiable de almacenamiento.

Banyu Carbon busca alcanzar 500 mil toneladas por instalación

La empresa tiene objetivos mucho más ambiciosos para los próximos años. Con suficiente financiamiento y avances técnicos, Banyu Carbon espera escalar el sistema a principios de la década de 2030 hasta alcanzar una capacidad cercana a 500 mil toneladas de carbono por instalación al año.

La compañía también plantea un costo aproximado de 200 dólares por tonelada capturada. Estas cifras son metas empresariales, no resultados que el prototipo actual haya demostrado.

De acuerdo con la información difundida por CNN, Banyu Carbon ha recaudado 8.5 millones de dólares de inversionistas y cuenta con acuerdos de compra anticipada por 500 mil dólares con empresas como H&M y Shopify.

Aun con esos avances, la captura directa de carbono enfrenta obstáculos importantes. Entre ellos están el costo de desarrollar las instalaciones, la necesidad de comprobar su rendimiento y la disponibilidad de compradores dispuestos a financiar la eliminación de CO₂.

Los especialistas consultados por CNN advierten que muchas tecnologías de este tipo todavía se encuentran en etapas tempranas y necesitan demostrar que pueden operar a gran escala.

El propio Gagnon ha señalado que retirar carbono de la atmósfera no sustituye la reducción de emisiones. Evitar que el dióxido de carbono llegue al ambiente sigue siendo una de las medidas más importantes frente al cambio climático.

Así, la historia de Tetiaroa conecta dos momentos separados por 60 años: la adquisición de un atolón del Pacífico por Marlon Brando y una investigación que encontró en sus arrecifes una pregunta científica con posibles aplicaciones globales. La tecnología ya tiene un prototipo en funcionamiento, pero su verdadero alcance dependerá de que consiga pasar de una prueba experimental a un sistema capaz de capturar y almacenar carbono de manera permanente.

Sigue nuestro canal de WhatsApp

Recibe las noticias más importantes del día. Suscríbete aquí

Temas relacionados