Trump cuestiona el triunfo de Lula en Brasil y califica las elecciones de “amañadas”, pese a negar su apoyo a Flávio Bolsonaro
Las declaraciones del mandatario contrastan con los aranceles del 50% impuestos a importaciones brasileñas y sus acercamientos con el candidato opositor, en medio de las tensiones entre Washington y el Gobierno de Lula.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cuestionó el resultado de las elecciones presidenciales de Brasil que dieron la victoria a Luiz Inácio Lula da Silva, al afirmar que le parecieron una contienda “amañada” y “sumamente corrupta”, aunque insistió en que no tomó partido durante la campaña.
Sus declaraciones contrastan con las medidas de presión que su Gobierno aplicó contra Brasil y los acercamientos que mantuvo con Flávio Bolsonaro, candidato de la derecha e hijo del expresidente Jair Bolsonaro.
De acuerdo con las declaraciones de Trump y la información publicada por The Washington Post y Reuters, la Casa Blanca evitó respaldar abiertamente a Flávio Bolsonaro por temor a que el apoyo resultara contraproducente, pero tomó medidas que favorecieron su candidatura.
Entre ellas estuvieron una reunión con el senador brasileño en el Despacho Oval y la imposición de aranceles del 50% a la mayoría de las importaciones brasileñas.
Trump acusa irregularidades, pero no presenta pruebas en sus declaraciones
Menos de 24 horas después de conocerse el resultado electoral, Trump reaccionó a la victoria de Lula con cuestionamientos sobre la legitimidad de los comicios.
“Me pareció otra elección amañada, francamente”, declaró el mandatario estadounidense. También sostuvo que el proceso dejó una imagen negativa ante el mundo y afirmó que las elecciones deben ser indiscutibles.
Camino a Misisipi, donde participaría en un acto político relacionado con las elecciones legislativas de medio mandato en Estados Unidos, Trump reiteró que no apoyó a ninguno de los candidatos brasileños.
“No me incliné por ningún bando, pero ante el mundo la imagen fue pésima”, señaló. Después agregó que, a su parecer, el proceso electoral brasileño fue “algo sumamente corrupto” y “algo terrible”.
En las declaraciones citadas no presentó pruebas que respaldaran sus acusaciones. Sus comentarios se produjeron después de que Lula obtuviera la victoria y asegurara un nuevo periodo de gobierno para la izquierda brasileña.
Por su parte, Flávio Bolsonaro había insistido inicialmente en que no reconocería el resultado, pero después dio marcha atrás en sus planes de impugnarlo, según la información publicada sobre el proceso electoral.
🇧🇷🇺🇸🗣 "Me pareció terrible": Trump critica victoria de Lula frente a Bolsonaro
— Sputnik Mundo (@SputnikMundo) October 26, 2026
🗳 El presidente de EEUU, Donald Trump, expresó su descontento con los resultados del balotaje en Brasil, en el que resultó triunfante el actual mandatario Luis Inácio Lula da Silva frente a Flávio… pic.twitter.com/MDeMqUPUxR
La Casa Blanca evitó respaldar públicamente a Flávio Bolsonaro
Durante la jornada electoral, Trump ya había evitado pronunciarse a favor de alguno de los candidatos. Desde la Casa Blanca, el domingo, declaró: “No quiero entrar en este tema”.
El presidente estadounidense añadió que su Gobierno estaba observando de cerca las elecciones, horas antes de que se confirmara la victoria del Partido de los Trabajadores, encabezado por Lula.
Aunque Trump evitó expresar un respaldo oficial a Flávio Bolsonaro, durante la campaña había elogiado su resultado en la primera vuelta. El candidato también mantenía una relación política con el mandatario estadounidense, quien considera a Jair Bolsonaro un aliado en la región.
La aparente neutralidad representó un cambio respecto a otros procesos electorales latinoamericanos en los que Trump ha expresado públicamente sus preferencias.
Según un asesor presidencial citado por The Washington Post, la decisión de no respaldar abiertamente al candidato brasileño fue deliberada.
“La idea era simplemente guardar silencio”, explicó el funcionario al diario. “Si un respaldo va a ser contraproducente, mejor no darlo”.
La reunión con Flávio Bolsonaro y las medidas de presión contra Brasil
Uno de los principales acercamientos entre Trump y el candidato brasileño ocurrió el 26 de mayo, cuando el presidente estadounidense recibió a Flávio Bolsonaro en el Despacho Oval. La reunión se produjo aproximadamente tres semanas después de que Trump se encontrara con Lula.
El encuentro dio al senador brasileño un espacio de alto nivel en Washington, pese a que no ocupaba la Presidencia de Brasil ni había ganado las elecciones.
A esa reunión se sumaron otras medidas de la Administración estadounidense que aumentaron la presión sobre el Gobierno de Lula. Entre ellas estuvieron los aranceles del 50% aplicados a la mayoría de las importaciones brasileñas en los meses previos a la votación.
Además, Washington presionó al Gobierno brasileño para que liberara a Jair Bolsonaro, quien cumple una condena de prisión por su participación en un intento de golpe de Estado tras perder las elecciones de 2022.
Según una investigación de Reuters, el Gobierno estadounidense impulsó acciones que buscaban favorecer el regreso del clan Bolsonaro al poder.
Entre las medidas señaladas estuvieron la designación de bandas brasileñas como grupos terroristas y las sanciones contra el magistrado del Supremo Tribunal Federal que encabezó la investigación sobre Jair Bolsonaro.
Estos antecedentes contrastan con la afirmación de Trump de que se mantuvo al margen de la contienda. Aunque no anunció un respaldo formal a Flávio Bolsonaro, su Gobierno adoptó medidas de presión contra la administración de Lula y mantuvo contactos directos con el candidato opositor.

La estrategia de Trump para ampliar su influencia en América Latina
La elección brasileña se produjo en un contexto de mayor intervención política y diplomática de Estados Unidos en América Latina. Trump ha buscado fortalecer sus relaciones con gobiernos conservadores mediante apoyos públicos, acuerdos y presiones económicas.
El mandatario ha denominado “Doctrina Donroe” a su política regional, un juego de palabras que combina su apellido con la Doctrina Monroe, asociada históricamente a la pretensión estadounidense de mantener una posición predominante en el continente.
Uno de los ejemplos de esta estrategia fue su respaldo al presidente argentino Javier Milei durante las elecciones legislativas de Argentina. Trump llegó a ofrecer un mecanismo de apoyo financiero de 20 mil millones de dólares, mediante un intercambio de divisas destinado a sostener el peso y garantizar los bonos argentinos. La ayuda estuvo condicionada al resultado electoral favorable para Milei.
Trump también expresó su apoyo a Nasry Asfura en Honduras, a Abelardo de la Espriella en Colombia y a José Antonio Kast en Chile. Asimismo, manifestó sus preferencias por Keiko Fujimori en Perú, Rodrigo Paz en Bolivia y Laura Fernández en Costa Rica.
En el caso de Kast, Trump destacó públicamente la importancia que atribuye a sus respaldos electorales. Durante un encuentro relacionado con el Escudo de las Américas, afirmó: “Me encanta cuando le doy mi apoyo a alguien. ¡Y no pierde!”.
El presidente estadounidense también bromeó sobre la posibilidad de recibir algo a cambio de sus respaldos, después de mencionar que algunos candidatos ganaron elecciones tras recibir su apoyo.
La estrategia combina respaldos políticos explícitos con herramientas económicas y diplomáticas, aunque la respuesta de cada país depende de sus propias condiciones electorales y políticas.
El Escudo de las Américas y el nuevo mapa político regional
La Administración Trump ha impulsado el Escudo de las Américas, una asociación de países del continente enfocada en la lucha contra el narcotráfico y la cooperación en objetivos militares comunes.
De acuerdo con la información publicada, 17 países aliados de orientación derechista se han integrado a esta iniciativa.
En el panorama regional descrito por la publicación, Brasil, México, Uruguay y Cuba figuraban entre los países gobernados por fuerzas de izquierda. Mientras tanto, Washington mantenía una política de presión contra el Gobierno cubano, que enfrenta un cerco petrolero por parte de Estados Unidos.
La victoria de Lula significa que Brasil seguirá fuera del grupo de gobiernos conservadores con los que Trump ha estrechado relaciones. También representa un límite para la estrategia de la Casa Blanca de ampliar su influencia regional mediante respaldos a candidatos afines.
Congresistas demócratas denuncian injerencia electoral
Las acciones de Washington en Brasil también generaron críticas dentro de Estados Unidos. Un grupo de congresistas demócratas envió una carta al secretario de Estado, Marco Rubio, en la que acusó a la Administración Trump de organizar una “campaña sostenida y multifacética de injerencia y desestabilización en Brasil”.
Lula también cuestionó la intervención extranjera en los procesos electorales. Durante la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, el presidente brasileño lamentó lo que describió como “la injerencia externa en los procesos electorales”.
La Casa Blanca rechazó esas acusaciones. A principios de mes, su portavoz, Anna Kelly, defendió los resultados electorales de los líderes conservadores de la región y atribuyó sus triunfos a sus propias políticas.
“Los líderes conservadores están ganando elecciones en todo el hemisferio occidental por mérito propio, porque todo el mundo ve el éxito de las políticas del presidente Trump”, declaró Kelly. “Las acusaciones [de interferencia] son un disparate”.
Así, mientras Trump cuestiona la elección brasileña y niega haber respaldado a alguno de los candidatos, las reuniones, los aranceles y las medidas diplomáticas de su Gobierno mantienen abierta la discusión sobre el alcance de la influencia estadounidense en las elecciones y la política de América Latina.
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