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Científicos buscan frenar la muerte de delfines, marsopas y albatros en Latinoamérica, donde la pesca incidental afecta a especies amenazadas y abre la necesidad de cambiar prácticas para proteger la fauna marina

Las redes de enmalle en Venezuela, las capturas frente a Perú y los anzuelos de la pesca con palangre en el Pacífico ponen en riesgo a mamíferos marinos y aves oceánicas. El monitoreo científico y los cambios en las técnicas de pesca son parte de las soluciones propuestas

Científicos buscan frenar la muerte de delfines, marsopas y albatros en Latinoamérica, donde la pesca incidental afecta a especies amenazadas y abre la necesidad de cambiar prácticas para proteger la fauna marina

La pesca permite obtener alimento y sostener la actividad económica de numerosas comunidades costeras, pero también puede provocar la muerte de animales que no son el objetivo de las capturas. Delfines, marsopas y albatros enfrentan este problema en distintas zonas de Latinoamérica, donde las redes y los anzuelos utilizados para pescar se convierten en trampas mortales.

El problema tiene características distintas en cada región. En el lago de Maracaibo, Venezuela, los delfines de Guyana quedan atrapados en redes de enmalle. Frente a las costas de Perú, la pesca artesanal amenaza a las marsopas espinosas, mientras que los albatros que recorren el Pacífico desde Nueva Zelanda pueden morir al engancharse en los anzuelos de los barcos pesqueros.

De acuerdo con la investigación publicada por Mongabay, científicos y organizaciones dedicadas a la conservación buscan reducir estas muertes mediante el estudio de las poblaciones afectadas, el seguimiento de los animales y la implementación de medidas para disminuir las capturas incidentales.

Venezuela registra más de 200 muertes de delfines de Guyana al año

En el lago de Maracaibo, uno de los principales problemas para el delfín de Guyana (Sotalia guianensis) es el uso de redes de enmalle durante las jornadas de pesca nocturna.

Estos equipos están diseñados para capturar peces y otros organismos acuáticos. Sin embargo, los delfines pueden quedar atrapados mientras buscan alimento, incluidos peces y camarones, y morir al no conseguir salir de las redes.

Según el Proyecto Sotalia, citado por Mongabay, más de 200 delfines de Guyana mueren cada año en esta zona de Venezuela. En una sola comunidad se documentaron 53 muertes en un periodo de un año.

La situación también incluye el aprovechamiento ilegal de los animales muertos. De acuerdo con los datos del proyecto, cerca del 80 % de los delfines registrados fueron utilizados para el consumo de su carne.

A las capturas incidentales se suman otras presiones ambientales y económicas. La escasez de combustible afecta las actividades pesqueras, mientras que los derrames petroleros y las aguas residuales contribuyen a la contaminación del lago.

Estas amenazas hacen que la protección de los delfines requiera más que reducir los accidentes con redes: también es necesario considerar las condiciones ambientales del ecosistema en el que viven.

Perú perdió cerca del 25 % de una población de marsopas espinosas

En la costa norte de Perú, la preocupación se centra en la marsopa espinosa (Phocoena spinipinnis), un mamífero marino que también puede morir cuando queda atrapado en redes de pesca.

Un estudio citado por Mongabay encontró que cerca del 25 % de la población estudiada frente a Puerto Salaverry, en la región de La Libertad, murió durante 2022 y 2023 por capturas incidentales relacionadas con la pesca artesanal.

La cifra corresponde a la población evaluada en esa zona y durante ese periodo. No debe interpretarse como una pérdida del 25 % de todas las marsopas espinosas que existen en Perú.

Aun con esa precisión, el resultado representa una señal de alerta para los investigadores, porque la muerte de una proporción importante de una población local puede dificultar su recuperación, especialmente si las capturas continúan.

Los científicos plantean la necesidad de adoptar medidas que reduzcan el riesgo de que estos animales queden atrapados en los equipos de pesca.

La preocupación también remite al caso de la vaquita marina, una especie de marsopa que habita en el norte del golfo de California y cuya supervivencia está gravemente amenazada por las redes de enmalle. Aunque se trata de especies distintas y de regiones diferentes, ambos casos muestran los riesgos que representan ciertos métodos de pesca para los mamíferos marinos.

Los albatros viajan desde Nueva Zelanda y mueren en anzuelos de pesca

La amenaza no afecta únicamente a los mamíferos marinos. En el océano Pacífico, distintas especies de albatros recorren grandes distancias para alimentarse frente a las costas de Perú y Chile.

Estas aves pueden desplazarse desde Nueva Zelanda hasta aguas sudamericanas en busca de alimento. Durante sus recorridos, sin embargo, se enfrentan a un peligro asociado con la pesca comercial: el palangre, un sistema que utiliza una línea principal de la que cuelgan numerosos anzuelos con carnada.

Los albatros se acercan atraídos por el alimento y pueden engancharse en los anzuelos. Si quedan sujetos a los aparejos y se hunden bajo el agua, pueden morir ahogados.

La captura incidental representa un desafío particular porque las aves no son el objetivo de la actividad pesquera, pero entran en contacto con los equipos utilizados para capturar otras especies.

Para reducir estas muertes, los científicos recurren al seguimiento satelital, que permite estudiar los desplazamientos de las aves e identificar las áreas donde coinciden con las operaciones pesqueras. Esa información puede ayudar a diseñar medidas de protección y a determinar dónde conviene concentrar los esfuerzos de conservación.

¿Qué soluciones pueden reducir las capturas incidentales?

La captura incidental ocurre cuando una actividad pesquera atrapa animales que no se buscan capturar. El riesgo depende de la especie, el equipo utilizado, las condiciones de pesca y la zona donde se desarrolla la actividad.

Por eso, las soluciones no son necesariamente iguales para delfines, marsopas y albatros. Las medidas deben adaptarse a las características de cada pesquería y respaldarse con información científica.

Entre las líneas de trabajo descritas en la investigación se encuentran:

  • Identificar las zonas de mayor riesgo: registrar dónde y cuándo se producen las capturas permite orientar las medidas de prevención.
  • Mejorar las prácticas de pesca: evaluar cambios en el uso de redes y anzuelos puede ayudar a disminuir el contacto entre los animales y los equipos pesqueros.
  • Dar seguimiento a las especies: los estudios de población y el monitoreo de los desplazamientos permiten conocer las amenazas y evaluar si las medidas aplicadas funcionan.
  • Fortalecer la colaboración: científicos, organizaciones de conservación, autoridades y comunidades pesqueras pueden contribuir a diseñar alternativas que reduzcan las muertes sin ignorar las necesidades de quienes dependen de la pesca.

El seguimiento satelital es especialmente útil para estudiar los recorridos de aves migratorias como los albatros. En el caso de los delfines y las marsopas, el registro de ejemplares muertos y el análisis de las actividades pesqueras ayudan a identificar las causas de mortalidad.

No obstante, el éxito de estas acciones depende de que los resultados de las investigaciones se traduzcan en medidas aplicables y en un seguimiento que permita comprobar su eficacia.

¿Por qué es importante proteger a estas especies?

Delfines, marsopas y albatros cumplen funciones dentro de los ecosistemas marinos. Su presencia también permite a los investigadores estudiar la salud de los ambientes oceánicos y detectar presiones asociadas con las actividades humanas.

Cuando las capturas incidentales eliminan una proporción importante de una población, el problema puede agravarse si se combina con contaminación, pérdida de hábitat u otras amenazas.

Los casos de Venezuela, Perú y el Pacífico sudoriental muestran que la pesca incidental es un problema compartido, aunque sus causas y consecuencias cambien de una región a otra.

Reducir estas muertes exige conocer mejor dónde ocurren, modificar las prácticas que representan mayores riesgos y evaluar de forma constante los resultados. Para los científicos, generar esa información es un paso necesario para que la actividad pesquera pueda desarrollarse con un menor impacto sobre la fauna marina.

La conservación de estas especies depende, en buena medida, de que las soluciones se adapten a cada ecosistema y permitan prevenir las capturas antes de que los animales queden atrapados.

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