Llevan 20.000 árboles a lomo de caballo para recuperar un bosque de la Patagonia argentina arrasado por incendios y preparan otros 100.000 ejemplares nativos para continuar la restauración
Una alianza entre comunidades, especialistas y organizaciones ambientales trabaja en zonas de difícil acceso del Parque Provincial El Turbio, donde el fuego destruyó miles de hectáreas. El proyecto busca recuperar especies nativas y acompañar la regeneración natural del bosque

Restaurar un bosque después de un incendio no siempre consiste en plantar árboles. En algunas zonas de la Patagonia argentina, primero es necesario encontrar la manera de llevar miles de ejemplares hasta lugares donde el acceso es complicado, permanecer durante días en la montaña y determinar qué áreas realmente necesitan intervención.
Ese es el trabajo que realizan comunidades locales, voluntarios, especialistas y organizaciones ambientales en el Parque Provincial El Turbio, en la provincia de Chubut. Según información publicada por El País, durante abril fueron trasladados 20.000 árboles nativos hasta una zona de 20 hectáreas seleccionada para su restauración, después de que los incendios afectaran miles de hectáreas del área.
El operativo requirió transportar los ejemplares primero en camiones, después en lancha y finalmente a lomo de caballo, debido a las condiciones del terreno. La siguiente etapa contempla llevar y plantar más de 100.000 árboles nativos durante octubre.
¿Por qué es necesario llevar árboles hasta estas zonas?
El Parque Provincial El Turbio protege alrededor de 50.000 hectáreas de bosques patagónicos. Una parte de este territorio resultó afectada por incendios ocurridos entre 2014 y 2015.
De acuerdo con los datos oficiales citados por El País, aquellos incendios destruyeron cerca de 7.500 hectáreas dentro del parque. Al considerar otras áreas cercanas, la superficie afectada llegó a 15.696 hectáreas.
La restauración actual también ocurre después de una temporada de incendios que afectó amplias extensiones de la Patagonia. Por eso, el objetivo no consiste en plantar árboles de manera uniforme, sino en determinar dónde la recuperación natural puede continuar por sí misma y dónde es necesaria una intervención.
Ariel Medina, ingeniero forestal y especialista en bosques de la Fundación Vida Silvestre, explicó que las áreas se seleccionan considerando el nivel de afectación, la presencia de especies nativas y exóticas y las posibilidades de regeneración natural.
En las zonas donde el incendio tuvo una severidad moderada, se espera que el bosque pueda recuperarse mediante el rebrote o con el paso del tiempo. En cambio, los equipos concentran sus esfuerzos en los sitios donde el daño fue mayor y la recuperación requiere apoyo.
¿Qué árboles están plantando?
La primera etapa se concentró en 20 hectáreas de alto valor de conservación. Allí se plantaron coihues, una especie característica del bosque andino patagónico.
Los ejemplares fueron producidos en un vivero local y permanecieron allí durante aproximadamente un año y medio antes de comenzar el traslado hacia la zona de restauración.
La siguiente etapa será mucho mayor. El proyecto contempla plantar casi 130 hectáreas con:
- 73.000 cipreses de la cordillera
- 35.000 coihues
- 1.100 alerces
La selección de especies responde a las características del bosque que se busca recuperar.
No todos los sitios se restauran de la misma manera
Uno de los puntos centrales del proyecto es que plantar árboles no siempre es la primera ni la única solución.
Antes de intervenir una zona, los especialistas estudian las condiciones del suelo, el tipo de incendio que sufrió, el relieve y las posibilidades de recuperación natural. También consideran las condiciones climáticas y las dificultades que pueden presentarse durante el trabajo.
En algunas áreas se realizan raleos, que consisten en retirar determinadas plantas para permitir que llegue más luz. También se eliminan pinos cuando su presencia puede dificultar el establecimiento de especies nativas.
Los árboles tampoco se colocan siempre siguiendo una distribución uniforme. Algunas plantaciones se realizan en pequeños grupos que buscan imitar la estructura natural del bosque. En otros casos se forman grupos de alrededor de 30 ejemplares separados entre sí para favorecer su crecimiento.
El trabajo no termina cuando se planta el último árbol
Después de la plantación comienza otra etapa que puede extenderse durante años: el monitoreo.
Los equipos necesitan conocer cuántos árboles sobreviven, cómo crecen y qué daños presentan. Esta información permite determinar si las técnicas utilizadas funcionan o si es necesario modificar las acciones de restauración.
Natalia Furlán, bióloga y técnica del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, explicó a El País que antes de intervenir un bosque quemado es necesario evaluar la severidad del incendio y las condiciones del relieve, el suelo y el régimen de agua.
La especialista, quien no participa en el proyecto de Chubut, también señaló que existen medidas que pueden ser tan importantes como plantar. Entre ellas mencionó el control de especies invasoras y de la herbivoría, porque ambos procesos pueden dificultar la recuperación natural de los ecosistemas.
La comunidad también forma parte de la restauración
La recuperación del bosque no depende solamente de los especialistas. Para quienes participan en el proyecto, la intervención de las personas que viven en estos territorios es una parte necesaria del proceso.
Tobías Merlo, integrante de la ONG Reforestarg, sostiene que “sin el compromiso de las familias que habitan esos territorios es imposible avanzar”.
La organización trabaja junto con la Fundación Vida Silvestre y la Secretaría de Bosques de Chubut. La iniciativa forma parte de un proyecto de desarrollo bajo en carbono y resiliente al clima para Argentina, implementado mediante la cooperación alemana.
Los voluntarios también participan en jornadas que pueden requerir largas caminatas, campamentos y semanas de trabajo en zonas montañosas. En algunos casos, los equipos permanecen durante periodos prolongados dentro del bosque para realizar las tareas de restauración.
Prevenir nuevos incendios también es parte de la solución
La restauración de las áreas afectadas representa solo una parte del desafío. Los responsables del proyecto consideran que evitar nuevos incendios de gran magnitud es fundamental para conservar los avances.
Gustavo París, director general de programas y proyectos de la Secretaría de Bosques de Chubut, explicó que trabajan para que la población y los turistas tengan información sobre prevención y participen en las acciones antes del inicio de la temporada de verano.
El objetivo es que la restauración no se limite a reponer los árboles que desaparecieron por el fuego, sino que también contribuya a reducir las condiciones que pueden favorecer una nueva degradación.
El proyecto busca convertir la restauración en un trabajo permanente
Para Merlo, la dimensión de los daños que sufren actualmente algunos bosques hace necesario pensar en una actividad especializada.
El integrante de Reforestarg propone impulsar el “oficio de restaurador de bosques”, con capacitación y empleos vinculados directamente con la recuperación de los ecosistemas.
Su planteamiento parte de una realidad que atraviesa todo el proyecto: cuando los incendios son frecuentes o alcanzan una gran intensidad, la recuperación natural puede no ser suficiente en determinadas zonas.
“Para restaurar la naturaleza necesitamos restaurar la humanidad”, sostiene Merlo.
Mientras la primera etapa ya permitió plantar 20.000 árboles, los equipos se preparan para una nueva jornada de restauración con más de 100.000 ejemplares nativos. En un territorio donde algunos sitios solo pueden alcanzarse después de horas de traslado y con ayuda de caballos, recuperar el bosque implica tanto conocer cómo funciona la naturaleza como encontrar la manera de llegar hasta ella.
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