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Europa se calienta al doble de la velocidad del planeta, los incendios llegan antes y los terremotos golpean sin protección: el primer semestre de 2026 muestra que la adaptación no avanza al ritmo que el clima exige

El calor en Europa batió récords históricos y el terremoto en Venezuela expuso la enorme brecha de protección en la región.

Las catástrofes naturales ocurridas entre enero y junio de 2026 dejaron pérdidas económicas globales por 100 mil millones de dólares, de los cuales solo 42 mil millones contaban con cobertura de seguro, según un informe del Swiss Re Institute.

Ese monto asegurado es el más bajo para un primer semestre desde 2020 y se ubica muy por debajo de la tendencia estimada de 66 mil millones.

El informe revela un panorama preocupante: el calor récord en Europa, los incendios forestales adelantados y el terremoto en Venezuela muestran que el cambio climático y la falta de adaptación están reconfigurando el mapa de riesgos global.

Venezuela: el terremoto que expone la brecha de protección

La secuencia sísmica que afectó a Venezuela el 24 de junio fue el evento más destructivo del semestre en términos de pérdidas económicas y el más mortal del año hasta la fecha, con más de 5 mil víctimas fatales.

Las áreas más afectadas fueron el área metropolitana de Caracas y las comunidades costeras de La Guaira, donde casi el 17% del capital (valor de bienes e infraestructura) quedó dañado o destruido.

Las pérdidas económicas totales se estiman en alrededor de 20 mil millones de dólares, lo que lo convierte en el desastre natural más costoso en América Latina desde el terremoto de Chile en 2010 (alrededor de 46 mil millones).

Europa: el continente que se calienta al doble de velocidad

Europa vivió en junio de este año su mes más caluroso jamás registrado, con temperaturas promedio 3.05°C por encima del promedio 1991-2020 y máximas diarias de 8 a 12°C superiores al promedio de 1960-1990 en varias regiones.

Récords nacionales de temperatura cayeron en República Checa, Dinamarca, Alemania y Polonia. Francia no superó su récord nacional pero experimentó temperaturas persistentes por encima de los 40°C en varias regiones.

La razón de esta vulnerabilidad es estructural: Europa es el continente que se calienta más rápido del mundo. Mientras la temperatura global promedio ha aumentado aproximadamente 1.2°C por encima de los niveles preindustriales (1850-1900), en Europa el incremento durante el periodo 2015-2024 fue de 2.2°C, casi el doble.

Además, solo entre el 19% y el 20% de los hogares europeos cuentan con aire acondicionado, comparado con el 76% en América del Norte y el 37% a nivel global.

Las consecuencias fueron severas: según estimaciones preliminares del sistema de monitoreo de mortalidad EuroMOMO, la ola de calor de junio causó más de 20 mil muertes en exceso; es decir la cifra de muertes durante ese periodo.

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Incendios forestales: el riesgo que llegó antes

El calor extremo y las condiciones secas persistentes adelantaron la temporada de incendios en Europa: en julio, grandes incendios afectaron el departamento de Gironde en el suroeste de Francia y la región de Madrid en España.

Según el IPCC, el aumento de las temperaturas está incrementando la probabilidad de condiciones favorables para incendios en el suroeste de Europa y extendiendo esas condiciones a regiones históricamente menos expuestas.

El impacto asegurado dependerá de si los incendios alcanzan zonas residenciales o comerciales de alto valor. A diferencia de California, Europa generalmente no combina niveles extremadamente altos de peligro con valores asegurados igualmente elevados.

El segundo semestre: la incertidumbre de El Niño

Lo ocurrido entre enero y junio no anticipa necesariamente el comportamiento del resto del año. La primera mitad está dominada por tormentas convectivas severas en Estados Unidos, mientras que la segunda depende en gran medida de la temporada de huracanes en el Atlántico Norte, que alcanza su punto máximo a principios de septiembre.

Los pronósticos apuntan a un fortalecimiento de El Niño, el fenómeno que calienta las aguas del Pacífico tropical y que, históricamente, tiende a suprimir la actividad de huracanes en el Atlántico. Sin embargo, el informe subraya que los pronósticos estacionales son inherentemente probabilísticos: “El Niño” reduce la probabilidad de una temporada activa, pero no elimina la posibilidad de que un huracán toque tierra en Estados Unidos.

Los datos de la NOAA muestran que el 22% de todos los huracanes que tocaron tierra en Estados Unidos entre 1950 y 2025 ocurrieron en condiciones de El Niño. Incluso durante años con El Niño, un huracán importante puede impactar una zona altamente expuesta y generar pérdidas descomunales.

Además, los huracanes atlánticos son solo un componente del riesgo de la segunda mitad del año. El Niño puede alterar los patrones de precipitación, aumentar la probabilidad de sequía en algunas regiones e inundaciones en otras, e influir en la actividad de ciclones tropicales en el Pacífico Central y Oriental.

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El largo plazo: una tendencia que no se detiene

Los impulsores estructurales del riesgo permanecen sin cambios. La exposición sigue creciendo en zonas propensas a desastres, especialmente a lo largo de las costas y en las áreas de interfaz urbano-forestal. Los costos de reconstrucción continúan aumentando más rápido que la inflación general.

Las tendencias climáticas observadas y proyectadas están asociadas con cambios en las características de los peligros: temporadas de incendios más largas, precipitaciones más intensas en algunas regiones y olas de calor más frecuentes y severas.

El Swiss Re Institute estima que estos impulsores estructurales podrían contribuir a un crecimiento anual de las pérdidas aseguradas a largo plazo de alrededor del 5% al 7%, aunque las pérdidas anuales seguirán fluctuando significativamente de un año a otro.

En este contexto, el primer semestre de 2026 no debe leerse como una pausa en el aumento del riesgo, sino como un recordatorio de que la variabilidad natural (dónde y cuándo ocurren los eventos) puede enmascarar tendencias más profundas.

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