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¿Qué pasa cuando cierra la empresa que sostiene a todo un pueblo? Tyson deja 3,200 empleos perdidos en Lexington

La planta dejó de operar el 20 de enero de 2026 después de más de tres décadas de actividad; trabajadores con años de experiencia en la industria cárnica enfrentan ahora barreras de idioma, edad, formación y movilidad.

El cierre de la planta procesadora de carne de Tyson Foods en Lexington dejó sin empleo a unos 3,200 trabajadores y abrió un periodo de incertidumbre para una ciudad de aproximadamente 11 mil habitantes cuya economía dependió durante décadas de la instalación.

Tyson anunció el 21 de noviembre de 2025 que terminaría las operaciones y concretó el cierre el 20 de enero de 2026, como parte de un ajuste de su negocio de carne de res. La empresa relacionó la decisión con la reducción del hato ganadero de EEUU y con las pérdidas previstas para esa división.

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EL CIERRE AFECTÓ A 3,200 TRABAJADORES

La instalación era el mayor empleador de Lexington. El número de puestos afectados equivale a cerca de una tercera parte de la población total de la ciudad, aunque no todos los trabajadores residían dentro de sus límites.

La empresa mantuvo temporalmente a unos 292 empleados para labores relacionadas con la transición, el procesamiento limitado y el cierre de las instalaciones. Los periodos de permanencia variaron entre tres y 185 días, de acuerdo con información entregada por Tyson a las autoridades de Nebraska.

Para cientos de familias, la pérdida del empleo también planteó la posibilidad de mudarse a Omaha, Iowa, Kansas u otras zonas con plantas procesadoras de alimentos. Esa salida reduciría la matrícula escolar, el consumo cotidiano y la demanda de vivienda y servicios.

“Perder 3,000 empleos en una ciudad de entre 10,000 y 12,000 personas es uno de los cierres más grandes que hemos visto prácticamente en décadas”, señaló Michael Hicks, director del Centro de Investigación Empresarial y Económica de la Universidad Ball State.

El economista consideró que Lexington podría convertirse en “casi el ejemplo emblemático de tiempos difíciles”.

EL IMPACTO REGIONAL PODRÍA ALCANZAR 7,000 EMPLEOS

Un análisis de la Universidad de Nebraska en Lincoln estimó que el efecto total podría llegar a 7,000 empleos en Lexington y los condados cercanos al incluir puestos indirectos e inducidos.

Los trabajadores de Tyson dejarían de recibir aproximadamente 241 millones de dólares anuales en salarios y prestaciones, dinero que circulaba en supermercados, restaurantes, barberías, tiendas de conveniencia, comercios familiares y otros servicios locales.

La proyección de 7,000 puestos no significa que todos los despidos ocurrieron de manera inmediata. Se trata de una estimación sobre el posible efecto multiplicador de la pérdida de ingresos, el cierre de negocios, la reducción del consumo y la salida de habitantes.

POR QUÉ TYSON CERRÓ LA PLANTA

Tyson presentó la medida como un “redimensionamiento” de su negocio de carne de res. Al anunciarla, la compañía informó que trasladaría volúmenes de producción a otras instalaciones y reduciría la operación de su planta en Amarillo, Texas, a un solo turno de capacidad completa.

La industria enfrentaba una disponibilidad limitada de ganado. A inicios de 2026, el inventario de reses de EEUU se encontraba en su nivel más bajo en casi 75 años, después de que las sequías elevaran los costos de alimentación y llevaran a productores a reducir sus hatos.

Tyson también proyectó una pérdida de 600 millones de dólares en su división de carne de res durante el siguiente ejercicio fiscal. Para la empresa, el cierre formó parte de una estrategia financiera; para Lexington, representó la desaparición de su principal fuente de trabajo.

LA PLANTA TRANSFORMÓ A LEXINGTON

La instalación comenzó a operar en 1990 y fue adquirida por Tyson en 2001. Su crecimiento atrajo trabajadores de distintas comunidades migrantes y contribuyó a transformar la composición demográfica, comercial y cultural de Lexington.

La planta podía procesar cerca de 5,000 reses al día. Alrededor de ella surgieron nuevos barrios, iglesias, comercios y servicios destinados a una población que hablaba más de 20 idiomas.

“Tyson era nuestra patria”, expresó Arab Adan, inmigrante keniano y padre de familia. Sus hijos le preguntaron: “¿A qué estado nos vamos a ir, papá?”.

Otros trabajadores describieron la pérdida como algo mayor que quedarse sin salario. “Es más el hogar que el trabajo”, dijo Francisco Antonio, padre de cuatro hijos. “Necesitamos otra oportunidad, otro empleo, aquí en Lex. Si no, Lex va a desaparecer”.

ESCUELAS Y COMERCIOS ENFRENTAN MENOS INGRESOS

Casi la mitad del alumnado del distrito escolar tenía al menos a uno de sus padres empleado por Tyson. La posible salida de familias podría disminuir la matrícula y, con ella, los recursos disponibles para maestros, programas académicos y servicios escolares.

Los pequeños negocios también quedaron expuestos. Restaurantes como Los Jalapeños recibían regularmente a trabajadores de la planta, mientras supermercados, barberías, vendedores ambulantes y tiendas de conveniencia dependían del consumo generado por las nóminas.

El impacto alcanza además al mercado inmobiliario. Las familias que se muden podrían poner viviendas en venta, dejar inmuebles desocupados o reducir la demanda de nuevas construcciones y alquileres.

TRABAJADORES DEBEN EMPEZAR DE NUEVO

Agencias estatales y organizaciones comunitarias instalaron servicios de respuesta rápida en el recinto ferial del condado de Dawson. Allí ofrecieron orientación sobre desempleo, elaboración de currículums, capacitación y búsqueda de vacantes.

La reinserción laboral no será sencilla para quienes pasaron décadas dentro de la misma industria. Entre las principales barreras se encuentran:

  • Dominio limitado del inglés.
  • Falta de estudios de secundaria.
  • Experiencia concentrada en el procesamiento de carne.
  • Edad avanzada para comenzar una nueva actividad.
  • Necesidad de mudarse o recorrer largas distancias.

“Solo sabemos trabajar en la carne para Tyson, no tenemos otra experiencia”, dijo Adan.

“Ahora solo quieren gente joven”, comentó Juventino Castro, quien trabajó 25 años en la planta. “No sé qué va a pasar en el tiempo que me queda”.

Fernando Sánchez, después de 35 años en la instalación, resumió la incertidumbre que enfrentan los trabajadores: “Empezamos aquí desde cero y ahora toca empezar de cero otra vez”.

LEXINGTON BUSCA UN NUEVO USO PARA LA ZONA INDUSTRIAL

Las autoridades locales comenzaron a buscar alternativas para reducir el daño económico. En abril de 2026, la ciudad anunció gestiones para adquirir y administrar activos de Tyson situados junto a la planta, entre ellos una instalación de tratamiento de aguas residuales y terrenos cercanos.

El futuro del complejo principal seguía sin una solución definitiva a mediados de junio. Funcionarios, empresarios y residentes consideraban su venta o reutilización como una de las vías para atraer inversiones y sustituir parte de los empleos perdidos.

La recuperación dependerá de que la ciudad logre diversificar su economía, conservar a sus habitantes y conectar a los antiguos trabajadores con empleos que no los obliguen a abandonar la comunidad que construyeron durante décadas.

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