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Irán planea cobrar “peajes” a gigantes como Google y Meta por los cables submarinos de internet en el Estrecho de Ormuz para controlar el 20% del tráfico global de datos y transacciones por 10 billones de dólares diarios

Medios vinculados a la Guardia Revolucionaria exigen que empresas como Amazon y Microsoft operen bajo leyes iraníes para mantener la conexión entre Europa y Asia. Teherán busca convertir la vía marítima en una “palanca de poder digital” mediante el cobro de licencias y el control de reparaciones

Irán planea cobrar “peajes” a gigantes como Google y Meta por los cables submarinos de internet en el Estrecho de Ormuz para controlar el 20% del tráfico global de datos y transacciones por 10 billones de dólares diarios

El Gobierno de Irán busca expandir su dominio sobre el Estrecho de Ormuz más allá del petróleo y el gas, apuntando ahora hacia la infraestructura crítica de las telecomunicaciones globales. Medios oficiales vinculados a la Guardia Revolucionaria Islámica han propuesto que la República Islámica ejerza soberanía sobre los cables submarinos de fibra óptica que atraviesan sus aguas, exigiendo permisos, tarifas y el cumplimiento de la normativa iraní a las empresas tecnológicas extranjeras.

De acuerdo con un reporte de Irán Internacional, esta vía marítima no solo es un cuello de botella energético, sino una “autopista oculta” que transporta entre el 15% y el 20% del tráfico global de datos y comunicaciones financieras entre Europa, el Golfo Pérsico y Asia.

¿Qué medidas busca implementar Irán sobre la red de internet?

Las agencias de noticias Tasnim y Fars, ambas con nexos directos con la estructura militar de élite iraní, han delineado una estrategia de tres pasos para generar ingresos y obtener una ventaja estratégica digital:

  1. Cobro de licencias: Exigir a las empresas internacionales una licencia inicial y tasas de renovación anuales por el “derecho de paso” de los cables.
  2. Sujeción legal: Obligar a gigantes tecnológicos como MetaAmazonMicrosoft y Google a operar bajo las leyes de la República Islámica para mantener sus infraestructuras activas.
  3. Monopolio de mantenimiento: Otorgar exclusivamente a empresas iraníes el control sobre la reparación y el mantenimiento de los cables submarinos en la zona.

¿Cuál es el impacto económico de esta infraestructura?

La relevancia de esta propuesta radica en el volumen de riqueza que fluye bajo el mar. Según Tasnim, los cables de fibra óptica que cruzan el estrecho facilitan transacciones financieras que superan los 10 billones de dólares cada día. El medio afirma que Irán se ha visto privado de los “beneficios soberanos” de esta infraestructura debido a una visión tradicional que solo prioriza el tránsito de buques.

Por su parte, la agencia Fars advirtió en sus redes sociales que una interrupción en el funcionamiento de estos cables, aunque fuera por pocos días, causaría daños a la economía mundial por valor de cientos de millones de dólares. Al describir a Irán como el gobernante de esta red, los medios estatales sugieren que el país tiene la facultad legal de ejercer autoridad sobre el área, independientemente del derecho de paso en tránsito internacional.

El Estrecho de Ormuz como “palanca de presión digital”

La cartografía de cables submarinos publicada por medios iraníes muestra que países como los Emiratos Árabes UnidosQatarBahréinKuwait y Arabia Saudita dependen críticamente de estas rutas. El informe de Tasnim destaca que las naciones del sur del Golfo Pérsico tienen una vulnerabilidad mayor que Irán en cuanto a infraestructura en la nube y centros de datos.

Este enfoque convierte a la infraestructura de internet en un nuevo punto de presión estratégica en medio del conflicto regional. Al controlar quién puede instalar o reparar los cables, Irán busca transformar el Estrecho de Ormuz en una herramienta de poder digital que complemente su capacidad de bloquear el suministro mundial de crudo.

Riesgos para la seguridad y la economía global

La posibilidad de que Irán imponga peajes o exija acceso bajo sus leyes a la infraestructura de las “Big Tech” plantea un desafío sin precedentes para la ciberseguridad y la estabilidad del sistema financiero internacional.

Si las empresas extranjeras se ven obligadas a operar bajo la normativa de Teherán, los datos y transacciones que fluyen entre Europa y Asia podrían quedar sujetos a la supervisión o interferencia de la Guardia Revolucionaria. Hasta el momento, las empresas tecnológicas involucradas no han emitido una postura oficial, pero el anuncio eleva la alerta sobre la fragilidad de la columna vertebral de internet en zonas de alta tensión geopolítica.

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