Durante años bebieron agua con arsénico y sobrevivieron: la ciencia explica cómo generaciones de habitantes en los Andes desarrollaron una resistencia biológica a este tóxico
Estudios científicos explican cómo poblaciones andinas han resistido sustancias peligrosas y baja oxigenación, mostrando que la evolución humana sigue activa en entornos extremos

En una región del altiplano argentino, la presencia constante de arsénico en el agua ha sido parte de la vida cotidiana durante miles de años, pese a que este elemento representa un riesgo grave para la salud. De acuerdo con DW, En San Antonio de los Cobres, a más de 3,700 metros de altitud, la población ha estado expuesta a concentraciones muy superiores a las recomendadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), lo que plantea una pregunta clave: ¿cómo han logrado sobrevivir?
Antes de 2012, el agua contenía cerca de 200 microgramos de arsénico por litro, muy por encima del límite de 10 establecido por la OMS. Aun así, la ocupación humana en esta zona se remonta a entre 7,000 y 11,000 años, lo que sugiere un proceso prolongado de adaptación al entorno extremo.
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El arsénico y su impacto en el cuerpo humano

Cuando el arsénico entra al cuerpo, el organismo inicia un proceso para transformarlo en distintos compuestos químicos
- Algunas formas son más peligrosas, como el MMA (monometilado), considerado altamente tóxico para la salud
- Otras variantes son menos dañinas, como el DMA (dimetilado), que el cuerpo puede eliminar con mayor facilidad mediante la orina
En la mayoría de las personas, el metabolismo produce primero más cantidad del compuesto más tóxico antes de poder desecharlo
- En poblaciones andinas específicas, este proceso ocurre de forma distinta, ya que generan menos del compuesto dañino
- Esa diferencia metabólica permite que el organismo reduzca el impacto del arsénico y lo elimine de manera más eficiente
El gen AS3MT y la clave de la resistencia al arsénico

Investigaciones científicas identificaron que el gen AS3MT, fundamental en el procesamiento del arsénico, presenta variantes específicas en habitantes de esta región. Estas modificaciones permiten una eliminación más eficiente del tóxico, reduciendo la acumulación de compuestos peligrosos.
Un estudio liderado por investigadoras de la Universidad de Uppsala, publicado en Molecular Biology and Evolution, encontró que estas variantes son mucho más frecuentes en esta población que en otras de Perú o Colombia. Esto sugiere que la selección natural favoreció a quienes podían tolerar mejor el arsénico.
Evidencia de evolución humana en acción
El análisis genético detectó un fenómeno conocido como “barrido selectivo”, que ocurre cuando un rasgo ventajoso se expande rápidamente en una población. En este caso, las variantes del gen AS3MT habrían permitido sobrevivir en un ambiente con alta toxicidad.
Según los investigadores, este hallazgo representa “la primera evidencia de adaptación humana a una sustancia química tóxica”, lo que refuerza la idea de que la evolución no es un proceso del pasado, sino algo que sigue ocurriendo.
No es un caso aislado: más poblaciones adaptadas en los Andes

Estudios posteriores identificaron patrones similares en comunidades de Bolivia, especialmente en grupos aimara-quechua y uru. Estas poblaciones presentan una alta frecuencia de variantes genéticas relacionadas con un metabolismo eficiente del arsénico.
Los datos indican que la adaptación no ocurrió en un solo lugar, sino que se desarrolló en paralelo en distintas regiones andinas expuestas durante generaciones al mismo contaminante natural.
La epigenética: otra forma de adaptación al entorno
Además de los cambios en el ADN, los científicos han explorado el papel de la epigenética, que regula cómo se activan o desactivan los genes sin modificar su estructura. Este mecanismo puede responder de forma más flexible a condiciones ambientales.
- Investigaciones en poblaciones de los Andes ecuatorianos detectaron cambios en genes relacionados con el sistema cardiovascular y la adaptación a la hipoxia, es decir, la baja disponibilidad de oxígeno en altitudes elevadas.
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El caso del Tíbet: otra ruta evolutiva ante la hipoxia

En la meseta tibetana, la adaptación a la altura siguió un camino distinto. Estudios con mujeres tibetanas revelaron que la eficiencia en el uso de oxígeno, más que niveles elevados de hemoglobina, es clave para la supervivencia.
Una variante del gen EPAS1, asociada a este proceso, habría sido heredada de los denisovanos, una especie humana extinta. Este caso demuestra que diferentes poblaciones pueden desarrollar soluciones distintas frente a un mismo desafío ambiental.
La evolución humana sigue en marcha
En conjunto, estos hallazgos muestran que la adaptación humana a entornos extremos continúa ocurriendo en distintas partes del mundo. Ya sea frente al arsénico en el agua o a la falta de oxígeno, las poblaciones han desarrollado respuestas biológicas específicas.
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