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La preocupante expansión de la enfermedad de los ciervos zombis y su posible salto a los humanos

La CWD, detectada en más de 800 muestras de ciervos, alces y alces solo en Wyoming, destaca la magnitud y urgencia del problema.

Fotografía de ciervos pastando. Foto: Pixabay

CALIFORNIA.-En las apacibles extensiones de los bosques y pastizales de América del Norte, está teniendo lugar un fenómeno silencioso pero preocupante: la enfermedad de desgaste crónico (CWD, por sus siglas en inglés), a menudo llamada “enfermedad de los ciervos zombis”.

Esta afección neurológica, caracterizada por una serie de síntomas como babeo, letargo, tambaleo y una mirada vacía, se está propagando sigilosamente entre las poblaciones de ciervos, generando inquietud entre científicos, conservacionistas y el público en general.

La CWD, detectada en más de 800 muestras de ciervos, alces y alces solo en Wyoming, destaca la magnitud y urgencia del problema. En el centro del rompecabezas de la CWD se encuentra un culpable peculiar: los priones.

¿Qué son los priones?

Los priones son proteínas mal plegadas que pueden hacer que las proteínas normales en el cerebro también se plieguen incorrectamente, lo que lleva a una degeneración neurológica. Esta característica única hace que las enfermedades por priones sean particularmente preocupantes, ya que son notoriamente resistentes y pueden persistir en el medio ambiente durante años, resistiendo métodos tradicionales de desinfección como formaldehído, radiación e incineración a temperaturas extremas.

La propagación de la CWD plantea riesgos ecológicos significativos y posiblemente riesgos para la salud humana. Aunque no hay evidencia concluyente de que la CWD pueda infectar directamente a los humanos, la posibilidad sigue siendo motivo de preocupación.

Las enfermedades por priones, como la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob (CJD) en humanos y la “enfermedad de las vacas locas” en el ganado, han demostrado que pueden cruzar la barrera de especies, con consecuencias devastadoras. A pesar de la falta de casos confirmados de CWD en humanos, persisten preocupaciones debido a varios factores.

La dificultad inherente para detectar y diagnosticar enfermedades por priones en humanos complica aún más la situación. A diferencia de los agentes infecciosos convencionales, los priones no desencadenan una respuesta inmunológica, lo que dificulta su detección mediante métodos convencionales y obstaculiza los esfuerzos de intervención y contención temprana.

Además del riesgo de transmisión directa, la persistencia ambiental de los priones significa que los humanos también pueden estar expuestos a través de rutas indirectas, como suelo contaminado, agua y otras fuentes ambientales. Dada la resistencia de los priones y su capacidad para persistir en el entorno durante períodos prolongados, las consecuencias a largo plazo de la CWD en la salud humana son inciertas pero merecen una seria consideración.

Más allá de las preocupaciones inmediatas de salud, la propagación de la CWD también plantea riesgos ecológicos y económicos significativos. La caza de ciervos no solo es una actividad recreativa popular, sino también una fuente vital de sustento y medios de vida para muchas comunidades. La proliferación de la CWD amenaza con perturbar este delicado equilibrio, comprometiendo potencialmente la seguridad alimentaria en las regiones afectadas.

Es notable que, aunque no ha habido brotes de CWD en el Reino Unido, en 2016 se diagnosticó en ciervos salvajes en Noruega, marcando los primeros casos en Europa. Esto subraya la posibilidad de que la CWD se extienda más allá de su área actual y destaca la necesidad de cooperación internacional en la vigilancia y control de la enfermedad.

Fotografía de un ciervo. Foto: Pixabay

Abordar los numerosos desafíos planteados por la CWD requiere un enfoque integral y coordinado. Esto incluye fortalecer la vigilancia y el monitoreo para rastrear la propagación de la enfermedad, e implementar medidas estrictas de bioseguridad para prevenir una mayor transmisión. Además, se necesita más investigación para comprender mejor la dinámica de transmisión de la enfermedad, sus efectos ecológicos y las posibles implicaciones para la salud humana.

En última instancia, la amenaza de la CWD subraya la interconexión de los ecosistemas y la salud humana. Al prestar atención a las advertencias de los científicos y tomar medidas decisivas para mitigar los riesgos, podemos esforzarnos por proteger tanto la vida silvestre como las poblaciones humanas del insidioso alcance de la CWD y otras enfermedades zoonóticas emergentes. Al hacerlo, cumplimos con nuestro compromiso de salvaguardar la salud y el bienestar de nuestro planeta y sus habitantes para las generaciones venideras.

Artículo original publicado en The Conversation

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