De los Arellano Félix a las familias Guzmán y Zambada, los vínculos de sangre aparecen en 44 de 72 relevos de poder criminal y ayudan a explicar cómo algunos clanes conservan su influencia durante décadas
Un análisis sobre 30 organizaciones criminales documenta que las relaciones familiares han intervenido en buena parte de sus cambios de liderazgo, una dinámica que permite examinar cómo se transmite la influencia dentro de algunos de los principales grupos delictivos de México

La sucesión dentro de las organizaciones criminales en México no siempre implica la llegada de un dirigente ajeno al grupo. En numerosos casos, quienes asumen el liderazgo tienen parentesco con integrantes que ocuparon posiciones de poder anteriormente, una dinámica que ha permitido mantener la influencia de ciertas familias durante varios años.
Según el análisis “Dinastías criminales: la familia en los cárteles mexicanos”, publicado por Víctor Manuel Sánchez Valdés en Nexos y a información recopilada por Infobae, 44 de los 72 relevos de liderazgo documentados incluyeron vínculos familiares con un dirigente anterior. La proporción equivale a poco más de seis de cada diez transiciones estudiadas, aunque no representa un censo de todos los cambios de mando ocurridos en el país.
La investigación examinó 30 organizaciones criminales y encontró que 13 conservaron el liderazgo dentro de una misma familia. Los resultados muestran la presencia de relaciones de parentesco en las sucesiones de distintas agrupaciones, pero no significan que todos los integrantes de los cárteles pertenezcan a una misma familia ni que cada relevo ocurra entre padres e hijos.
De los Arellano Félix a las familias Guzmán y Zambada
Entre los casos que permiten observar esta dinámica se encuentran organizaciones vinculadas con los Arellano Félix, así como las facciones del Cártel de Sinaloa asociadas con las familias Guzmán y Zambada. En estos grupos, las relaciones personales y familiares forman parte del contexto en el que se han producido distintos cambios de liderazgo.
De acuerdo con el análisis, el Cártel de Tijuana destaca por la presencia de varios integrantes de la familia Arellano Félix en su historia. El estudio contabiliza cinco miembros de esa familia que se sucedieron en posiciones de liderazgo desde 1987.
En el caso del Cártel de Sinaloa, las trayectorias relacionadas con Joaquín Guzmán Loera e Ismael Zambada García permiten examinar cómo los vínculos familiares se entrelazan con las disputas por el control de las organizaciones y sus distintas facciones. Sin embargo, cada sucesión tiene características propias y no puede explicarse únicamente por el parentesco.
El estudio también aborda otros grupos, entre ellos el Cártel Jalisco Nueva Generación, el Cártel de Santa Rosa de Lima, Los Viagras, el Cártel de Caborca y el Cártel de Tláhuac. Se trata de organizaciones con historias y estructuras distintas, por lo que la presencia de vínculos familiares debe entenderse dentro de cada caso.
Por qué el parentesco puede influir en la continuidad de un cártel
Los lazos familiares pueden contribuir a mantener relaciones de confianza, facilitar el acceso a información y preservar conexiones dentro de una organización. Cuando una persona cercana al dirigente ocupa una posición de mando, también puede contar con relaciones previas que le permitan integrarse a las redes internas del grupo.
Estas condiciones ayudan a entender por qué algunas familias aparecen de manera recurrente en las historias de determinadas organizaciones criminales. No obstante, el parentesco no garantiza que un sucesor conserve el control, ni elimina los conflictos internos, las rupturas entre facciones o la posibilidad de que otro grupo dispute el liderazgo.
Los relevos también dependen de factores como la estructura de cada organización, las alianzas que mantiene, las disputas por recursos y territorio y las circunstancias que provocan la salida de un dirigente. Por ello, los vínculos familiares constituyen una variable relevante para estudiar la continuidad de los grupos, pero no explican por sí solos su permanencia.
Qué muestran las cifras y cuáles son sus límites
El dato de 44 relevos con vínculos familiares procede de una base de casos documentados a partir de fuentes periodísticas. Por esa razón, debe interpretarse como el resultado del conjunto analizado y no como una estadística oficial que abarque todas las organizaciones criminales de México.
La proporción tampoco indica que seis de cada diez integrantes de los cárteles sean familiares entre sí. El cálculo se refiere específicamente a cambios de liderazgo en los que se identificó un vínculo familiar con un dirigente anterior.
El trabajo de Sánchez Valdés, investigador de la Universidad Autónoma de Coahuila y especialista en seguridad pública, aporta una perspectiva para estudiar cómo se distribuye y transmite el poder dentro de estas organizaciones. Sus resultados permiten observar que, en una parte considerable de las sucesiones documentadas, las relaciones familiares han acompañado la continuidad del mando.
La investigación no plantea que todos los cárteles funcionen como dinastías ni que el parentesco sea la única vía para llegar a la dirigencia. Su principal aporte es mostrar que los vínculos de sangre aparecen con frecuencia suficiente en los relevos estudiados como para considerarlos un factor importante al analizar la evolución de las organizaciones criminales en México.
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