Los ríos Santiago, Atoyac, Tula y Tijuana enfrentan problemas de contaminación por aguas residuales y descargas industriales, con estudios que documentan sustancias químicas, daños en el ADN de habitantes de zonas cercanas y gases que deterioran la calidad del aire
Investigaciones en las cuencas del Santiago y del Tijuana documentan sustancias tóxicas en el agua y contaminantes que llegan al aire. Especialistas y organizaciones advierten que el monitoreo y el tratamiento de las descargas son fundamentales para reducir los riesgos.

La contaminación de los ríos Lerma-Santiago, Atoyac, Tula y Tijuana refleja un problema ambiental que afecta a distintas regiones de México: las descargas de aguas residuales urbanas e industriales, la presencia de sustancias químicas y las dificultades para vigilar y controlar los contaminantes.
Aunque no hay elementos suficientes para afirmar que estos cuatro ríos son los más contaminados del planeta, existen estudios que documentan problemas de calidad del agua y posibles riesgos para las comunidades cercanas. Los hallazgos también muestran que los efectos de la contaminación no se limitan a los ecosistemas acuáticos.
Río Santiago: un estudio identificó 1,090 sustancias químicas
En 2012, Greenpeace México difundió resultados de un estudio del Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA) sobre la calidad del río Santiago. El análisis, realizado con muestras tomadas entre 2005 y 2011, identificó 1,090 sustancias químicas, entre ellas compuestos orgánicos volátiles y semivolátiles, fenoles, tolueno y ftalatos.
El hallazgo evidenció la complejidad de la contaminación en la cuenca. Sin embargo, detectar una sustancia no significa que todas las personas estén expuestas a ella en concentraciones peligrosas: para evaluar el riesgo es necesario conocer su concentración, la duración de la exposición y las vías por las que entra al organismo.
La situación volvió a cobrar relevancia en marzo de 2026, cuando la Gaceta de la Universidad de Guadalajara publicó una investigación sobre daños en el material genético de habitantes de comunidades cercanas al río Santiago, entre ellas El Salto, Juanacatlán y Puente Grande.
Los especialistas emplearon la técnica conocida como ensayo Cometa, que permite evaluar daños en el ADN de células. El reportaje relaciona los resultados con la exposición a contaminantes presentes en el ambiente. Estos hallazgos son una señal de alerta, aunque no permiten concluir por sí solos que una persona desarrollará cáncer o que las alteraciones necesariamente se transmitirán a sus descendientes.

Atoyac y Tula: descargas industriales y urbanas
Las cuencas de los ríos Atoyac y Tula también enfrentan problemas vinculados con las descargas de aguas residuales. En el caso del Atoyac, las actividades industriales y municipales representan fuentes de presión ambiental en zonas de Puebla y Tlaxcala.
Entre los sectores que pueden generar aguas residuales con contaminantes se encuentran las industrias textil, química, automotriz y de bebidas. La composición de las descargas depende de cada actividad y de los procesos de tratamiento disponibles, por lo que su vigilancia requiere inspecciones y análisis específicos.
En la cuenca del Tula, las descargas municipales e industriales también forman parte del problema. Para dimensionar sus efectos, es necesario identificar los puntos de vertido, medir la calidad del agua y verificar el cumplimiento de las normas ambientales, además de evaluar el funcionamiento de las plantas de tratamiento.
Río Tijuana: la contaminación también llega al aire
El río Tijuana presenta otro problema: las aguas residuales y los desechos que cruzan la frontera entre México y Estados Unidos pueden afectar tanto al agua como a la calidad del aire.
Un estudio publicado en la revista científica Science en agosto de 2025, con participación de investigadores de la Universidad de California en San Diego y otras instituciones, documentó emisiones de sulfuro de hidrógeno, un gas asociado con las aguas residuales y característico por su olor a huevo podrido.
Durante las mediciones, realizadas en el área de Nestor, en el sur de San Diego, los investigadores registraron picos de hasta 4,500 partes por mil millones. El promedio máximo durante una hora llegó a 2,100 partes por mil millones, cerca de 70 veces el estándar horario de calidad del aire de California. El equipo también identificó cientos de otros gases, aunque señaló que hacen falta más mediciones para determinar los riesgos asociados con cada compuesto.
El estudio demuestra que la contaminación del agua puede deteriorar la calidad del aire cuando ciertos compuestos pasan a la atmósfera. No obstante, sus mediciones se realizaron en sitios específicos y no deben interpretarse como niveles presentes de manera uniforme en toda la región fronteriza.
Monitoreo y tratamiento: dos medidas prioritarias
Frente a estos problemas, el tratamiento de las aguas residuales y la vigilancia ambiental son medidas centrales. Las plantas de tratamiento deben seleccionarse según los contaminantes presentes, el volumen de agua y el uso previsto del líquido tratado.
Las tecnologías de descarga cero pueden reducir o eliminar la descarga líquida de un proceso industrial, pero requieren evaluar su costo, consumo de energía y manejo de los residuos concentrados que generan. No son una solución universal para todas las fuentes de contaminación.
También es importante instalar y mantener estaciones de monitoreo que midan la calidad del agua y del aire, publiquen datos verificables y permitan identificar episodios de contaminación. En zonas como el río Tijuana, el seguimiento de gases como el sulfuro de hidrógeno puede ayudar a reconocer condiciones de riesgo.
La respuesta no depende únicamente de medir la contaminación: también requiere hacer cumplir las normas, corregir las descargas irregulares, mejorar el saneamiento y mantener los resultados disponibles para las comunidades. Sin esos mecanismos, los estudios pueden documentar el problema sin que los riesgos ambientales y sanitarios disminuyan.
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