El Niño 2026-2027 pone a prueba a las ciudades: Reparar drenajes y presas no será suficiente para evitar desastres
Una investigadora de la Universidad de Tufts advierte que reforzar presas, carreteras y drenajes no basta para enfrentar los fenómenos extremos. La NOAA prevé que El Niño continúe con intensidad fuerte o muy fuerte durante los próximos meses.

El fenómeno de El Niño de 2026 se ha fortalecido hasta alcanzar niveles que mantienen en alerta a especialistas y autoridades de todo el continente. La posibilidad de lluvias intensas, inundaciones y temperaturas extremas ya no es una simple advertencia teórica: según la actualización del 8 de octubre de 2026 de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), El Niño continúa fortaleciéndose y existe una probabilidad superior al 83% de que mantenga una intensidad fuerte o muy fuerte hasta el período enero-marzo de 2027.
Estas condiciones aumentan la posibilidad de alteraciones meteorológicas importantes en distintas regiones. Sin embargo, los expertos advierten que esto no significa que todas las zonas enfrentarán los mismos efectos, ni permite anticipar con exactitud dónde ocurrirán las próximas inundaciones. La intensidad del fenómeno no determina por sí sola las consecuencias que experimentará cada localidad.
El peligro que no aparece en los mapas de infraestructura
Más allá de las amenazas meteorológicas evidentes, una investigación advierte sobre otro riesgo que puede agravar las consecuencias de El Niño: las ciudades no siempre están preparadas para proteger a las personas más vulnerables.
Bethany Tietjen, investigadora en política climática de la Escuela Fletcher de la Universidad de Tufts, explicó en un análisis publicado el 21 de septiembre en The Conversation que los gobiernos suelen concentrar sus esfuerzos en proteger infraestructura —carreteras, presas y sistemas de drenaje— mientras las necesidades sociales reciben menor atención.
La investigadora participó en un estudio junto con especialistas de la Universidad de Tufts que examinó las políticas de adaptación climática y preparación ante emergencias en varias comunidades estadounidenses expuestas a riesgos elevados. El trabajo encontró deficiencias relacionadas con las políticas públicas, los recursos y la capacidad institucional para atender a quienes enfrentan mayores dificultades antes, durante y después de un fenómeno extremo.
¿Quiénes quedan más expuestos?
El estudio identifica varios grupos poblacionales que pueden quedar especialmente vulnerables ante la llegada de lluvias intensas e inundaciones:
- Adultos mayores, particularmente quienes necesitan asistencia para trasladarse o recibir atención médica.
- Personas con discapacidad, que pueden enfrentar obstáculos para evacuar o acceder a refugios.
- Familias de bajos ingresos, con recursos limitados para reforzar sus viviendas o trasladarse temporalmente.
- Personas sin hogar, que pueden permanecer en espacios expuestos a inundaciones repentinas.
El problema no es únicamente determinar quién vive cerca de un río o una zona inundable, sino identificar quién puede salir de ese lugar de manera segura y quién necesitará asistencia para hacerlo.
Cuando la emergencia profundiza problemas ya existentes
La investigación señala que los fenómenos extremos pueden profundizar dificultades que ya existían antes de una emergencia. Una familia con ingresos limitados podría carecer de recursos para realizar reparaciones preventivas en su vivienda. Una persona con movilidad reducida podría necesitar transporte adaptado para abandonar su hogar, mientras que un adulto mayor podría depender del acceso continuo a medicamentos o servicios médicos.
Las personas que viven en asentamientos improvisados también enfrentan riesgos particulares. En Los Ángeles, por ejemplo, algunas personas sin hogar se han establecido en cauces que permanecen secos durante buena parte del año, pero que pueden inundarse cuando se presentan lluvias intensas. Durante el episodio de El Niño de 2015-2016, las precipitaciones provocaron afectaciones en campamentos instalados en estas zonas, mostrando cómo una crecida puede poner en peligro a quienes carecen de una vivienda segura.
Tietjen explica que reparar infraestructura puede resultar más sencillo de organizar administrativamente que atender problemas sociales, debido a que estos últimos requieren colaboración entre distintas instituciones. La respuesta puede involucrar autoridades de vivienda, salud, protección civil y servicios sociales, además de recursos sostenidos para evitar que las personas afectadas queden desplazadas durante largos períodos.
¿Qué están haciendo las autoridades?
Ante los riesgos previstos para finales de 2026 y principios de 2027, algunas ciudades estadounidenses comenzaron a revisar sus protocolos de emergencia.
En Los Ángeles, los responsables de protección ante desastres realizan ejercicios con escenarios hipotéticos de lluvias extremas, inundaciones y deslaves. Estas prácticas reúnen a distintas dependencias y coordinadores comunitarios para analizar cómo responderían ante una emergencia y detectar necesidades que todavía no están contempladas en sus planes.
En la región de la Bahía de San Francisco y en el condado de Durham, Carolina del Norte, las autoridades también promueven medidas de preparación y seguimiento de alertas meteorológicas.
En Oceanside, California, se integró un grupo de trabajo con representantes de obras públicas, ingeniería, bomberos y policía para coordinar las acciones preventivas y vigilar las condiciones del río San Luis Rey. La finalidad es identificar problemas antes de que ocurra una tormenta, en lugar de descubrirlos cuando la población ya necesita ayuda.
El caso de México: preparativos ante un fenómeno incierto
Aunque el análisis académico se concentra en Estados Unidos, la importancia de considerar la vulnerabilidad social también resulta pertinente para México, donde distintas autoridades han comenzado a prepararse ante los posibles efectos del fenómeno.
En Baja California, la gobernadora Marina del Pilar Ávila Olmeda anunció acciones preventivas ante la posibilidad de lluvias intensas, vientos fuertes y bajas temperaturas durante la temporada invernal. De acuerdo con la información publicada por EL IMPARCIAL el 2 de octubre, las medidas incluyen coordinación entre autoridades estatales, municipales, Protección Civil, Bomberos y dependencias federales, así como la revisión de zonas consideradas de riesgo. También se solicitó a las familias que habitan lugares vulnerables mantenerse informadas y acercarse a las autoridades cuando sea necesario coordinar un traslado a refugios temporales.
Para Sonora y Baja California, las perspectivas estacionales apuntan a la posibilidad de condiciones más húmedas y episodios de tormentas invernales, aunque esto no constituye un pronóstico de precipitaciones extraordinarias para municipios o fechas determinadas. Como se ha explicado en análisis previos sobre las previsiones de NOAA y Conagua para el invierno 2026-2027, la intensidad de El Niño no determina por sí sola los efectos que experimentará cada localidad. Por ello, las alertas del Servicio Meteorológico Nacional, Conagua y Protección Civil seguirán siendo fundamentales para conocer los riesgos específicos conforme avance la temporada.
Prepararse antes de una emergencia puede marcar la diferencia
Para Tietjen, una de las lecciones principales de los desastres anteriores es que las comunidades suelen mejorar sus sistemas de emergencia después de experimentar daños importantes. Sin embargo, esa experiencia también muestra la necesidad de detectar las deficiencias con anticipación.
Revisar drenajes, mantener carreteras y reforzar presas puede disminuir algunos riesgos materiales, pero la protección de la población también depende de contar con refugios accesibles, transporte para evacuaciones y mecanismos que permitan atender necesidades médicas y de alojamiento.
De esta manera, el desafío ante El Niño 2026-2027 no consiste solamente en resistir las posibles tormentas, sino en garantizar que las personas con menos recursos o mayores dificultades para desplazarse tengan oportunidades reales de mantenerse a salvo.
La intensidad del fenómeno todavía no permite establecer todas sus consecuencias locales. Lo que sí muestra la investigación es que la preparación de una ciudad no puede medirse únicamente por la resistencia de su infraestructura, sino también por su capacidad para proteger a quienes necesitan más ayuda.
Los principales riesgos y medidas ante El Niño 2026-2027
| Pronóstico | NOAA estima una probabilidad superior al 83% de un episodio fuerte o muy fuerte hasta enero-marzo de 2027. |
| Amenazas meteorológicas | Posibles inundaciones, lluvias extremas, temperaturas elevadas y alteraciones en los patrones regionales del clima. |
| Población vulnerable | Adultos mayores, personas con discapacidad, familias de bajos ingresos y personas sin vivienda segura. |
| Medidas necesarias | Mantenimiento de infraestructura, revisión de refugios, coordinación de evacuaciones y atención de necesidades médicas. |
| Para México | Los impactos deberán evaluarse con pronósticos regionales y alertas oficiales, sin asumir que todas las entidades tendrán las mismas condiciones. |
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