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El hombre que ayudó a salvar a cerca de mil millones de personas: Norman Borlaug, el científico que transformó el trigo en México y llevó su revolución agrícola a varios países del mundo

El científico estadounidense desarrolló en México variedades de trigo de alto rendimiento que impulsaron la Revolución Verde y ayudaron a reducir el riesgo de hambrunas en varios países.

El hombre que ayudó a salvar a cerca de mil millones de personas: Norman Borlaug, el científico que transformó el trigo en México y llevó su revolución agrícola a varios países del mundo

El científico estadounidense encontró en México uno de los escenarios decisivos para desarrollar variedades de trigo resistentes y de alto rendimiento. Su trabajo se extendería después a India, Pakistán y otras regiones y le valdría el Premio Nobel de la Paz.

Un joven científico estadounidense llegó a México a mediados de la década de 1940 con una tarea que parecía mucho más limitada que el impacto que terminaría alcanzando: desarrollar un trigo capaz de resistir enfermedades y producir mejores cosechas.

Su nombre era Norman Ernest Borlaug y una parte fundamental de aquel trabajo ocurrió en el Valle del Yaqui, en Sonora, donde experimentó con variedades de trigo hasta desarrollar semillas más resistentes, productivas y adaptables.

Décadas después, aquellas investigaciones serían consideradas una de las bases de la llamada Revolución Verde, un proceso que incrementó la producción agrícola en varios países y contribuyó a enfrentar las amenazas de hambruna que existían durante el siglo XX.

Borlaug murió el 12 de septiembre de 2009, a los 95 años. Este 2026 se cumplen 17 años de su fallecimiento, pero buena parte de su legado continúa ligado a los campos mexicanos donde realizó algunos de sus experimentos más importantes.

De izquierda a derecha: En 1954 un agricultor de apellido Parada, Norman Borlaug, Rodolfo Elías Calles y Crisógono Elizondo observan los planos de lo que sería el Ciano.

El Valle del Yaqui se convirtió en un laboratorio para el trigo

Borlaug llegó a México en 1944 para trabajar en un programa de mejoramiento agrícola impulsado con apoyo de la Fundación Rockefeller y autoridades mexicanas.

Uno de sus principales enemigos era la roya del tallo, una enfermedad capaz de destruir cultivos enteros de trigo.

En el Valle del Yaqui encontró condiciones que le permitieron acelerar sus experimentos. Mientras en otras regiones las siembras seguían un solo ciclo anual, el clima del noroeste mexicano permitió trabajar con temporadas diferentes y evaluar con mayor rapidez nuevas variedades.

El proceso estuvo lejos de ser sencillo. Borlaug cruzó miles de plantas y observó características como resistencia a enfermedades, productividad y calidad del grano.

Con el tiempo consiguió desarrollar variedades de trigo que combinaban varias características favorables.

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El trigo “enano” que soportaba cosechas más grandes

Uno de los avances fundamentales fue el desarrollo de variedades de trigo de tallo corto o semienano.

El problema de las plantas tradicionales era que, al utilizar más fertilizante y producir espigas más pesadas, sus tallos podían doblarse o romperse antes de la cosecha.

Las nuevas variedades eran más bajas y resistentes, por lo que podían soportar una producción mayor de grano.

De acuerdo con Britannica, la producción de trigo en México llegó a multiplicarse aproximadamente tres veces gracias a estas variedades y a otras mejoras agrícolas desarrolladas durante ese periodo.

Pero las semillas eran solo una parte del cambio. Borlaug también estudió la distancia entre plantas, la profundidad de siembra, el uso de fertilizantes, el riego y otras prácticas destinadas a elevar el rendimiento.

Norman Borlaug (dcha), premio Nobel de la Paz 1970, dialoga con la mexicana Evangelina Villegas (izda), Premio Mundial de la Alimentación 2000 durante un receso de la reunión anual del Grupo Consultivo sobre Investigación Internacional Agrícola (CGIAR, por sus siglas en inglés).

De México a India y Pakistán

El éxito obtenido en México llamó la atención de países que enfrentaban un problema mucho más grave: poblaciones en rápido crecimiento y temor a no producir suficientes alimentos.

Durante la década de 1960, Borlaug llevó semillas y métodos desarrollados en México a India y Pakistán.

La adopción no fue inmediata. Agricultores, investigadores y autoridades estaban acostumbrados a otras formas de producción y en algunos casos dudaban de que los resultados obtenidos en México pudieran repetirse.

Sin embargo, los rendimientos comenzaron a aumentar.

La Universidad de las Naciones Unidas señala que en India las nuevas variedades mexicanas de trigo semienano, combinadas con irrigación, fertilizantes y técnicas agrícolas modernas, contribuyeron a que los rendimientos de trigo casi se duplicaran entre 1965 y 1970.

El modelo posteriormente se extendió a otras regiones y cultivos. Entre 1960 y 2000, los rendimientos de trigo en países en desarrollo llegaron a triplicarse, de acuerdo con datos citados por BBC Mundo.

El Nobel de la Paz para un científico agrícola

La dimensión de aquellos cambios llevó a Borlaug a recibir en 1970 el Premio Nobel de la Paz.

No era un diplomático ni un dirigente político. Era un investigador agrícola que sostenía que aumentar la producción de alimentos podía reducir uno de los grandes factores de inestabilidad y sufrimiento humano: el hambre.

La Universidad de las Naciones Unidas destaca que sus innovaciones ayudaron a prevenir hambrunas masivas y contribuyeron a salvar millones de vidas.

Su trabajo también estuvo relacionado con la consolidación del Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT) en México, institución que continuó la investigación agrícola y la formación de especialistas de numerosos países.

Norman Borlaug dedicó décadas al desarrollo de variedades de trigo más resistentes y productivas, trabajo que comenzó a consolidarse en México.

La Revolución Verde también dejó desafíos

El legado de la Revolución Verde no está exento de críticas.

El aumento de la productividad estuvo acompañado en muchos casos por un uso intensivo de fertilizantes, sistemas de irrigación y pesticidas, lo que generó nuevos problemas ambientales y mayores costos para agricultores con menos recursos.

También surgieron cuestionamientos sobre el consumo de agua, la contaminación y la dependencia de tecnologías agrícolas que no todos los productores podían pagar.

@luchobranding

El hombre que más vidas ha salvado en la historia no fue un presidente ni un general. Fue Norman Borlaug, un tipo de botas embarradas cruzando plantas de trigo a mano en un campo de Sonora, México, durmiendo en el piso de una bodega. Se calcula que su trigo salvó cerca de mil millones de vidas. Y así se veía ese trabajo mientras estaba pasando: • Sus propios jefes le dijeron que sembrar dos cosechas al año era una locura. Lo hizo igual, y así avanzó al doble de velocidad. • Cuando la planta se caía por el peso del grano, la cruzó con una variedad japonesa de trigo enano hasta que dejó de caerse. • El día que le dieron el Nobel de la Paz creyó que era una broma y siguió trabajando en el campo. Nadie lo estaba aplaudiendo durante los veinte años que tomó todo eso. Haz el trabajo aunque nadie esté mirando. Los aplausos llegan mucho después, si es que llegan. #NormanBorlaug #historiareal #liderazgo #storytelling #negocios

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Estos problemas no borran el impacto de las innovaciones impulsadas durante aquella época, pero forman parte de una evaluación más completa de sus consecuencias.

La historia de Norman Borlaug muestra así una paradoja poco conocida fuera del mundo agrícola: uno de los capítulos decisivos de la lucha mundial contra el hambre no comenzó en una gran capital ni en un laboratorio ultramoderno.

Una parte crucial ocurrió entre campos de trigo del Valle del Yaqui, en Sonora, donde un investigador comenzó a cruzar plantas buscando derrotar una enfermedad y terminó participando en una transformación que modificaría la agricultura de varios países.

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